2016, el año que te vio nacer

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Año tras año y llegadas estas fechas, las personas se cargan de buenos deseos para el año entrante, quizás más una tradición que una realidad en ciernes. Ponerse en positivo es importante y tener ilusiones es hermoso, pero nada más satisfactorio que ver llevado a término lo ideado, pensado o soñado.

El acercamiento de la pequeña y micro empresa española al marketing emocional y la gestión de contenidos relacionados con la marca es una asignatura pendiente que muchos de los soñadores del Inbound Marketing y del Engagement esperamos ver aprobada en 2016 y con muy buena nota.

Los tiempos conducen muy rápidamente al colapso de los mercados. El ansia del rendimiento fuera de tiempos coherentes y la gula por situaciones con una cantidad muy grande de dinero en una cantidad muy pequeña de tiempo, transparenta la desvergüenza de algunos y la vaguería de otros, por ello al final todo sucumbe porque los milagros no existen, ni siquiera en estas fechas.

Los mercados son inteligentes porque el cliente actual lo es, lo que implica un nivel mucho mayor de implicación empresarial para dotar a su modelo de negocio de la dulzura necesaria para enamorar a las personas.

Y para ello el tiempo es el que es, ni menos del pensado ni más del comprendido. No por trabajar más horas obtendremos más rendimiento ni por llegar más veces a las personas en un intervalo controlado de tiempo conseguiremos que las personas nos lleguen mejor.

Se dice de algo que nos llega muy adentro que «nos ha tocado la fibra» lo que indica que nos ha emocionado o conmovido y ese, sin duda, es el camino a seguir al salir a los mercados porque las empresas están agotando todos los cuellos de botella que existen en el almacén de la oferta-demanda pero las emociones siempre serán un canal de llegada a la persona.

Y 2016 será el año que te vio nacer. Porque las personas están adquiriendo conciencia, en un mundo digital y globalmente conectado, que las personas seguimos aquí por algo y que las emociones afloran sí o sí en muchos instantes del día. Entonces, ¿por qué no utilizarlas y alimentarlas?

Pero volvamos a la masificación absurda que transforma un negocio de interés potencial en un cul-de-sac donde se amontona y degrada la ilusión de muchos. Todos entendemos el valor de la acción copiar-pegar de nuestros ordenadores porque el resultado aporta rentabilidad al conjunto y optimiza los tiempos de forma significativa.

Sin embargo vivimos abonados al copiar-pegar de los negocios en una clara alusión a la desidia productiva, a la aletargada creatividad y al ansia y gula antes citadas. Lo vivimos hace años con los videoclubs y las inmobiliarias y lo hemos visto hace muy poco con los cigarrillos electrónicos. Curiosamente el único copiar-pegar que funciona en este país sin mella año tras año es el de los bares, que parece que da para mucho aunque, y es una opinión muy personal, no pienso que atesore mucho valor per se.

Aparece un negocio y al instante es replicado indiscriminadamente por otros no parecidos sino idénticos lo que satura el mercado tan rápido que el derrumbe es inevitable y previsible. Pero seguimos, como autómatas, con ansia y gula.

¿Por qué no frenamos? Estamos a una semana de 2016, es un buen momento para detenernos en el sitio, ahora que hay festivos, sentarnos y recapacitar. Además son tiempos idóneos para prospectar emociones, entender que están ahí, activas e inherentes a cada uno de nosotros y listas para dar y recibir.

¿Pero entendemos su función en la empresa como estrategia interna de crecimiento? ¿Vemos sus posibilidades en entornos de oferta de producto/servicio en un mercado estrecho y denso? ¿Somos conscientes que la percepción que nuestros clientes tienen de nuestra empresa es más importante incluso que lo que vendemos? ¿Cómo nos afecta pensar que en una prueba ciega de refresco más de la mitad se equivocaron de marca al gusto pero al ver la marca errónea, un 75% cambiaron de opinión demostrando que el impacto de marca es mayor incluso que la propia evaluación de un gusto?

Somos seres humanos, somos organismos altamente flexibles aunque nos guste enquistarnos y parecer hieráticos en muchas ocasiones. Somos orgánicos, sometidos a diario a nuestra salud y sensaciones tan sólo con poner un pie fuera de la cama.

Son muchos los aspectos que nos hacen diferentes uno a uno dentro de más de 7.500 millones de iguales.

¿De verdad queremos desaprovechar esta extraordinaria unicidad de cada persona para gustarnos y gustarles a través de las emociones? ¿No pensáis que vale mucho la pena entender de qué va esto de las emociones para ver si somos capaces de tocar la fibra con nuestro nuevo producto?

En definitiva, cuando saquéis el producto al mercado habréis analizado el 100% de los aspectos que lo convierten en mejor, igual o peor que sus iguales y embarcarse en un cuello de botella antes de ver la luz no es la mejor de las estrategias.

Por ello, queramos o no, de forma voluntaria u obligada por la presión del mercado o por un simple tope cognitivo de no saber qué hacer, llegaremos a las emociones como nueva línea estratégica en el desarrollo de nuestro negocio.

¿No habéis pensado con conciencia por qué los niños nunca se aburren? Ellos son los reyes de las emociones porque aún no han sido corrompidos por las estructuras rígidas de la lógica de nuestra sociedad, cargada de prejuicios, mitos y normas no escritas. Ellos nunca se detienen hasta que caen rendidos o tienen hambre porque son motores orgánicos alimentados por las emociones lo que deriva en un cúmulo de energía y actividad casi inacabables. ¿Nos apuntamos a su club?

2016 no es un año mejor ni peor que otros pero en este río de caudal constante que llamamos tiempo y sobre el que navegamos, es el año que nos toca vivir, queramos o no.

Y sí, será el año en que muchos empresarios entenderán que gestionar interna y externamente las emociones desde la perspectiva de la empresa es el nuevo paradigma empresarial que le aportará una ventaja competitiva que durará lo que él desee que dure si apela a la creatividad y compromiso de sus trabajadores y se conciencia sobre la necesidad de aportar su granito de arena a una sociedad cada vez más llena de personas que necesitan de otras personas.

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.