Que la inspiración te encuentre ebrio

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(O en pedo, borracho o como lo digás en tu país)

Hace poco necesitaba concretar una propuesta (Llamémosle propuesta, porque incluía concepto, escaleta, guión y diseño de producción)  para un video institucional de un nuevo cliente, sin más insumos que los brochures /afiches/ volantes de la marca, y sus referencias internacionales, en fin, era más de lo que usualmente tenemos para trabajar.

Y si, adivinaste, el cliente no tenía Brief, solo la referencia de los videos de la competencia, quienes estaban haciendo algo más “moderno y dinámico” que ellos.

Dios Perdónalos por que no saben lo que hacen.

Empecé.

Estaba en un ambiente “Work Home”, deshabitual espacio de trabajo debido a ciertos asuntos personales. Como espécimen raro de un creativo organizado me dispuse en tiempos normales, a encontrar el insight indicado, el punto adecuado, el corazón palpitante de la idea triunfante, en unas 3 horas, que tenía disponibles antes del almuerzo, del mismo día de la entrega de la propuesta. Como espécimen común del latino indisciplinado, dejando todo a último momento rezagado.

El tiempo perdido hasta los santos lo lloran.

Primer paso del fracaso, abrir Facebook, quizá es ley del publicista millenial tener encendida tu computadora e instantáneamente pasar de 5 a 10 minutos viendo las actualizaciones de amigos, “crushes” y demás seres de los que eres consciente de su existencia virtual. Pero quizás no, porque en medio de alguna foto de un gato, o de algún video viral gracioso que comparte el compañero de cuarto curso de la Universidad que solo recuerdas porque te preguntó una estupidez en la defensa del proyecto final, la inspiración podría aparecer libre y salvaje, lista para domar y retomar tu pad de notas, tu sketchbook, o el textedit/word/bloc de notas para empezar a escribir.

Padre, porque me has abandonado.

Consumidas alrededor de 2 horas y media luego de facebook, youtube, reddit, etc. buscando y viendo referencias en blogs de publicidad, repasando de nuevo los puntos claves que vas anotando, las ideas que se van acercando a tu público y a tu cliente, te das cuenta que solo hay garabatos, trazos y palabras solitarias que pretenden denotar que has estado trabajando. El pánico de “no saldré a comer” ó “no terminaré temprano” ha comenzado.

Ave María Purisima, sin pecado concebido.

Emergencia, me paro, camino, empiezo a juguetear con algún adorno de la casa, nada. Cero, ausencia total de historias que contar. Stress, ya nada y entonces recurro a ese dicho popular, que seguramente es popular porque algún “mad men” de la época lo hizo plasmar en algún radio, algún comercial, o prensa impreso “Una cerveza para despejar la cabeza”.  Bueno, Si una la despeja, ¡Dos la hacen funcionar!

El cuerpo de cristo. Amén.

No sé si es el efecto psicológico de la “liberación”, o si químicamente se desencadena alguna reacción que libera alguna proteína especial que hace a las neuronas conectar mejor nuestro bagaje cultural y enfocarlo hacía las ideas que tenemos que presentar. Eureka, serendipia o pura casualidad, toda la tarde después, encontré 4 insights, lo reduje a 2 conceptos, vinculé uno con referencias de la marca y empecé la estructura del guión. Otras 3 horas, pero altamente productivas, envío la presentación a mi productor, va en PDF, ni siquiera keynote y el “reply” que me envía, media hora antes de las 7pm, cuando esperaba salir de mi “Work Home”, otras tres horas después de enviado dice: “El cliente está fuera del país y no vamos a presentar, pero le damos una repasada el lunes cuando vengas”.

Hora de acabarse ese six pack de chelas para pensar todas las ideas que vamos a pelotear sin llegar a ningún lugar.

Puedo ir en paz. Doy gracias a Dios (Y al alcohol)

AUTOR

Emmanuel Nájera

Copy, Audiovisual y Músico. 9 años trabajando en ambientes creativos, audiovisuales, medios de comunicación y docente en Universidades de El Salvador. www.wordpress.com/miapellidoesnajerawww.soundcloud.com/najerae

Imagen cortesía de iStock

 

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