Lidera tu equipo con corazón

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El objetivo de escalar la cima de una montaña es coronarla, sin embargo a medida que avanza la ascensión la balanza se decanta cada vez más hacia el interés por las personas pudiéndose perder incluso, dependiendo de las circunstancias, el objetivo inicial de la expedición.

Este hecho demuestra que los objetivos son reales pero su importancia jamás excede las prioridades del equipo. O así es como debería ser.

Obviamente cuando hay riesgo de quebranto vital las circunstancias cambian, pero ¿alguien se ha preguntado si un despido por incumplimiento de objetivos es una situación de quebranto vital? Obviamente para la empresa no pero ella es sólo el 50% del binomio que forma con el empleado.

Pero más allá de planteamientos existenciales existe una realidad, la de los equipos de trabajo, de sus objetivos y de quienes los mandan o lideran. Porque en verdad, mandar y liderar no es lo mismo, hay mucha literatura sobre ello y pienso que nunca será suficiente hasta que la empresa como ente orgánico entienda la necesidad de tener líderes y no jefes.

Cualquiera que haya pinchado y haya reparado el neumático con un parche sabe que después de algunos apaños iguales, el neumático ya no resiste porque su estructura global cede y se desmorona impidiendo su función.

Todos nos equivocamos, incluso a diario, lo que no podemos permitirnos es no aprender de los errores porque el neumático ya no da para más. Muchas empresas no quieren entender que deben dejar de parchear antes que su estructura se desmorone.

De ahí lo difícil de adquirir conciencia sobre la esencia del líder natural en sustitución del jefe aséptico. De ahí la dificultad del cambio interno de muchas empresas que bloquea por completo el cambio externo, consecuencia de una falta de comprensión sobre la necesidad de poner el corazón en el trabajo. Y de ahí la disfunción que genera en una estructura dinámica como la empresa no saber si tratamos con grupos o equipos y si la política es la del «mando y ordeno» o es colaborativa-grupal y funcional por competencias.

Respira, aún estamos a tiempo pero hay que empezar.

Liderar no es nada fácil pero ordenar no tiene sentido, hasta un perro ladrando es capaz de rejuntar ovejas.

Seamos serios, seguimos en crisis de empresa, la creatividad no crece aunque la abonen y el uso del copiar-pegar está gastando hasta el concepto. Y todo porque las empresas siguen teniendo más miedo a dar brazadas por pensar que no saben nadar, que a ahogarse. Hay que ir a por ello y hay que empezar por las emociones y las personas.

¿Pero qué podemos hacer para liderar con el corazón?:

CONFIAR

Si hemos contratado un equipo ¿cómo es posible que no confiemos en él? Suena surrealista pero un elevado porcentaje de los profesionales contratados por sus capacidades suelen irse o son invitados a hacerlo por el mismo motivo por el que fueron contratados: su talento.

Sí, no rehuyamos, muchos jefes temen aún a quien está «por debajo de ellos» porque está más preparado que ellos. Y con eso no se bromea, es muy serio. Negarlo es no haberlo vivido o es ser uno de esos jefes. Por favor, lidera. Asigna roles, tareas y objetivos. Supervisa y rectifica. Sé líder.

DELEGAR

Este es uno de los términos que más se parecen al Santo Grial, todo el mundo habla de él, entiende su significado pero ninguno lo ha visto. Sé emocional, si confías en tu equipo y empatizas con él no te preocupará el rendimiento. Desconfiar de tu equipo es la primera grieta en la presa, una vez hecha la presión del agua ya no dará tregua.

Delegar tampoco es fácil, pero ser controlador absoluto es poco creíble, una falacia que muchos han convertido en su «talento» único sólo porque tienen el poder de mandar sobre el profesional sometido por presión. ¿Para qué querrás estar pendiente de todo si tienes profesionales para repartir? Y recuerda, les pagas por ello.

FELICITA

Tal cual, sin tapujos ni alardes, con sinceridad. Porque a todos nos gusta que nos feliciten por el trabajo bien hecho. Muchos jefes no son capaces ni de sonreír ante un éxito y su política es presionar de inmediato incitando a la consecución de un éxito mayor, sin tiempo siquiera para inspirar el aire de lo bien hecho.

Aunque sea una forma retrógrada y rancia de dirigir, muchas reuniones son meros y rígidos encuentros donde cada miembro del grupo teme su turno, como cuando nos pedían la lección en clase de Historia y nadie se la sabía. Hay que proyectar y visualizar «en pro» en lugar de «en contra». Y hay que reír porque reír es parte de la vida y la empresa es un trozo de ella, ¿para qué negarlo? Felicita, felicita y felicita porque cuando llegue la corrección o el fracaso será mucho más comprensible y corregible por tener un referente de contraste.

COMPARTE

Los objetivos afectan a todos con independencia del rol. La diferencia entre un fracaso de todo el equipo con líder incluido o el fracaso del equipo solo es el «discurso del jefe» ante su superior convenciéndole de que él hizo su trabajo. Muchos tienen mala memoria pero que no olviden que las burbujas siempre acaban explotando.

Compártete y comparte. Si te ofreces, recibirás y si estás con el equipo a las buenas y a las malas todos os sentiréis parte de todos y del todo. Los deportes de equipo suelen destacar a las individualidades cuando son excelentes porque si lo son es, en parte, porque se rodean del equipo. Las que quieren destacar por encima del equipo aunque tengan calidad acaban siendo siempre superadas con creces por las que se apoyan por él. Si tienes un gran equipo y lo lideras, serás un mejor líder.

Simplemente, sé. Sé tú mismo, no emborrones tu persona con una capa de «profesional» que no cuela. No te muestres como no eres porque el equipo necesita un líder natural y límpido, porque los valores comentados no son sinceros si el líder no es traslúcido en ellos.

Ya sabes, ser para hacer y poder tener. Ser honesto con uno mismo es el primero paso para ser honesto con los demás. Querer aparentar lo que uno no es en un entorno profesional es como la cirugía estética para evitar la vejez, cuanto más se opera uno, más recuerda a quién le ve lo mayor que se ha hecho.

Un proverbio galés reza «el que quiera ser líder debe ser puente». Empecemos por aquí, por diseñar puentes poderosos y liderar con el corazón porque los que amamos el cambio y el crecimiento basado en las personas seguimos huyendo de los que llevan la gasolina a cuestas para quemar los pocos puentes que aún siguen en pie.

 

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.