Yo soy mis ladrones de tiempo

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¿Titular estilo paradoja espacio-temporal o aporte modelo tontería de grado 1? Pues ninguna de las dos, vamos a ver cómo algo tan particular se posa con calma sobre el tapiz de la coherencia.

Si atendemos a una coloquial e improvisada definición de «ladrón» podríamos expresarlo como un individuo que se apropia de algo que nos pertenece sin nuestro consentimiento ni conocimiento.

Todos sabemos qué es robar y qué es ser un ladrón. Sin embargo, por mucho que apropiarse de algo nuestro sin consentimiento ni conocimiento esté fuera de las leyes que nos guían, ¿verdad que si me roban el coche porque me lo dejé en marcha y con la puerta abierta, parece que la culpa balancea sin darnos cuenta hacia nosotros?

Los primeros comentarios serán, sin duda, «hombre, ¿a quién se le ocurre dejarse el coche en marcha y con la puerta abierta? Eso es como una invitación a que se lo lleven» Es obvio que el delito sigue siendo el mismo pero dudo que alguien obvie colocar en primer lugar la parte del descuido y aunque algún otro la posponga, parece que el ladrón pasa a un extraño segundo término.

Ni caso, no hay que darle más vueltas, el ser humano es así. Nos encanta opinar y posicionarnos como entendedores de lo mal hecho intentando transmitir subliminalmente que a nosotros jamás nos habría pasado eso.

Pero a lo que sí hay que dar vueltas es a la parte que nos toca como responsables directos de la acción, aunque sea por descuido. Los accidentes son imprevisibles, por eso son accidentes, pero jugar con el riesgo siempre erosiona el envoltorio de accidente al tener nosotros parte de la culpa inductora. De ahí la famosa «más vale prevenir que curar». Entonces…

¿Qué pasa con los ladrones de tiempo cuando el tiempo es el nuestro?

¿Qué ocurre con esas personas o acciones que día a día dinamitan nuestro horario convirtiendo una posible calidad de hora en una probable cantidad de horas?

¿Qué hace que culpemos por sistema a circunstancias externas que consumen nuestro tiempo cuando somos nosotros los responsables directos de la casi totalidad de ellas?

A nadie le gusta reconocer los errores propios pero es la forma cierta de entender que somos nosotros los únicos que podemos rectificarlos e impedir cometerlos de nuevo.

De ahí la razón de entonar el mea culpa en todo lo referente al robo de tiempo. ¿Alguien se convence a sí mismo cuando dice a los demás? «ufff voy a tope, entre los mails y las reuniones, no tengo tiempo para nada».

No lo dudéis, yo diría que prácticamente todo el mundo porque claro, leer todos los mails ocupa mucho tiempo y con dos o tres reuniones por día no hay quien trabaje.

¿Y por qué no hacemos referencia a los cafés, las charlas cada vez que nos cruzamos con alguien en los pasillos o en el servicio? ¿Y qué decir de revisar la prensa del día (incluida la deportiva) y contestar a todos los whatsapp?

En verdad, los dueños del tiempo no existen, nosotros sólo somos dueños de las acciones que ejecutamos en el tiempo que tenemos. Y para optimizarlas debemos tenerlas bien repartidas y planificadas pero por encima de todo debemos adquirir conciencia que los verdaderos ladrones de nuestro tiempo somos nosotros mismos.

MAILS. ¿De quién depende el número de mails que nos entran a diario? Sin duda de nosotros mismos en un alto porcentaje, es muy probable incluso que se cumpla la Ley de Pareto y tan sólo el 20% de los mails que nos llegan representen el 80% de las tareas diarias de valor. ¿El resto? Pensad y veréis, igualmente es muy probable que del 80% de correos externos que recibáis sólo será de algún interés el 20%. Y aprender a gestionar la atención a la bandeja de entrada es esencial porque estar leyendo correos a la vez que nos entran con independencia de la tarea del momento, es un silencioso pero eficiente ladrón de tiempo.

INTERNET. Absolutamente necesario en la empresa actual pero como todo en esta vida, usado en su justa medida. Internet es una de las facetas actuales en las que es más fácil dispersar y perderse de inmediato, nada hay más suculento que un link que lleva a otra página que tiene un link que lleva a otra página definiendo así una cadena de interés creciente en cada eslabón.

¿Habéis prestado atención a la carpeta Favoritos del navegador? Es muy común almacenar para leer después lo que jamás volverá a mirarse. Y obviamente, hoy día un contenido de valor queda relegado en una semana, no por su contenido en si sino porque la gente suele compartir los contenidos del día. Si muchas empresas tienen Internet «capado», es por algo. Nos queda mucho por aprender de Internet, ¿verdad?

COMPAÑEROS. Terrible por adjetivarlo con delicadeza, a veces es casi un eufemismo. Hay verdaderos especialistas en rellenar su tiempo con el tiempo de los demás. Contadores de historias, amantes del café en cualquier momento, fumadores que salen por deseo fisiológico y obligación legal aunque no profesional, ignorantes de todo que necesitan apoyo constante para seguir entendiendo nada.

Podríamos seguir con toda una fauna excelsa en las artes de derrochar el tiempo, verdaderos especialistas en convocar reuniones infinitas o dinamitarlas con dosis de ignorancia preocupantes, personajes que se amparan en su facilidad de culpar a todo ser viviente con el objeto de salir impunes del desastre. Pero no vale la pena, cada uno de vosotros sabe bien a quién tiene a su lado.

SMATPHONE. Otro dispositivo irrenunciable hoy día en el ámbito personal y/o profesional pero a la vez un voraz devorador de tiempo. Porque el móvil es algo personal, privado, lo llevamos en el bolsillo y la costumbre de vernos con él en la mano está tan internalizada que es casi imposible bloquear su uso en el trabajo. Y claro, la facilidad de camuflar un whatsapp personal con uno de trabajo es muy sencilla y nada fácil de demostrar.

Una vez más podríamos seguir con ejemplos pero no quiero ser tedioso. Como adultos y profesionales tenemos el control de nosotros y nuestros actos. Yo decido qué mails leer y cuándo. Yo decido qué páginas consultar y por cuánto tiempo. Yo decido quién se sienta delante de mí en mi puesto de trabajo y yo decido cuándo saco el móvil del bolsillo.

Si apelamos a la coherencia, no seremos controlados. Si aplicamos el sentido común, dejaremos de ser robados. Si nos portamos como profesionales, rendiremos de verdad en nuestras horas de trabajo.

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.