Dale la vuelta al conflicto

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El conflicto es humano y como tal, difícil de evitar y, si cabe, más difícil aún de gestionar porque imprime distancia entre personas en un modelo gregario por naturaleza y tendente a las relaciones sociales. Es por ello que todos nos sentimos desconcertados y desencajados cuando estamos inmersos en un conflicto, sea de la naturaleza que sea.

Pero es en la empresa donde sus repercusiones van más allá de las personas, pudiendo afectar a la estructura de la misma y a los resultados del negocio.

Por tradición, el conflicto se ha entendido siempre como un muro de ladrillos que bloquea el camino, un obstáculo que impide el avance y que por ello, hay que derribar para poder progresar. ¿Pero y si en lugar de derribar el muro tuviéramos la posibilidad de desmontarlo y usar esos ladrillos para que nos ayuden a construir el camino?

Sabemos que los cambios de perspectiva nos aportan nuevos puntos de vista, a pesar de que a las personas nos cuesta cambiar porque solemos temer que el cambio no sea para mejor. Sin embargo, se ha demostrado que el temor al cambio tiene una gran componente educacional y que es reeducable, de ahí el valor que nos aporta el ser capaces de asimilar el conflicto como algo, como mínimo, no malo.

No estamos diciendo que tener conflictos sea bueno, sino que entenderlos y reconvertirlos en beneficio de empresa es funcionalmente productivo. Y en este caso, como excepción a la regla de la actividad, estamos hablando de ser reactivos y no proactivos, al menos de base.

El conflicto emerge de la persona, pero perjudica estructuras y estrategias empresariales. Es el azote de los equipos de trabajo y la carcoma de los proyectos y curiosamente, mucha de la naturaleza del conflicto es una emulsión donde sobre la vertiente profesional flotan las percepciones y prejuicios personales que acaban dando color al problema.

Si hablamos de ser fieles a las emociones en el entorno empresarial parece disonante el hecho de culpar al plano personal en los conflictos, pero nada más lejos de la realidad.

Las emociones nos definen como persona, pero la irrenunciable etiqueta de profesional que usamos a diario requiere, precisamente, de una gestión excelsa de las mismas para que nuestro nivel de percepción se centre en la parte estrictamente profesional del espectro.

Sin embargo, son las emociones las que nos permiten abordar el conflicto como una vía de renovación y crecimiento.

¿Suena enrevesado? Pues a la tarea, que en este mundo nada es fácil y pensar lo contrario es engañarse a uno mismo.

Muchos profesionales confunden la sencillez con la simplicidad, lo que conduce en muchas ocasiones al conflicto. Acometer un cronograma de proyecto es simple en concepto porque es conciso y concreto, pero no es nada sencillo en ejecución.

Por ello hay que huir de la clásica cháchara del «esto es fácil», fruto de un ejercicio de errónea soberbia o de flagrante desconocimiento. Hay que evitar que esos errores de percepción se conviertan en conflictos.

Ser profesional es, precisamente, asumir cada tarea en su justa medida de comprensión.

Por ello debemos darle la vuelta al conflicto. Debemos analizar su naturaleza social en la empresa y el sentido empresarial en las personas para definir procedimientos preventivos o paliativos, dependiendo del estado del mismo.

Los equipos son muy sufridos en cuanto a interpretación de conflictos porque al agrupar personas, el caldo de cultivo es inmejorable.

Un equipo viene definido por un sustrato de liderazgo natural y por la asunción ejecutiva de competencias, formando un conjunto equilibrado y engrasado.

Si el conflicto aparece por sobrecarga del ser humano hay que acometer un ejercicio de análisis tendente a la negociación o mediación desde la perspectiva de valores y principios genéricos enfocados en el progreso del equipo, según veamos y dependiendo de las personas implicadas. No es lo mismo un conflicto entre dos iguales en competencia que entre un miembro y el líder del mismo.

Esta situación puede darse en un entorno interno de equipo o en un escenario entre equipos, siendo en el segundo caso necesaria la intervención de los líderes del mismo como mediadores. Caso de conflicto entre líderes, es necesario un escalado al nivel superior de competencia ejecutiva.

Pero al fin y al cabo estamos hablando de conflicto humano, donde el ejercicio de la empatía, la asertividad y el sentido común debe lubricar nuestras decisiones. Y es de vital importancia ejercitarlos porque estamos tratando emociones, estamos trabajando con seres humanos en su faceta más esencial y en verdad, nos estamos jugando la estabilidad de un equipo y la sostenibilidad de las relaciones consolidadas hasta la fecha.

Dar un giro a los conflictos personales en pos de un equipo más humano es de máxima prioridad si queremos mantenernos equilibrados en un nivel superior como equipo de trabajo.

Y si el conflicto aparece por sobrecarga del modelo de competencias hay que apelar a un sistema de exposición y reajuste donde prive, con total orientación al consenso centrado en la consecución de objetivos, un modelo de búsqueda de afinidad y de propuesta de valor. Los egos no abanderan las competencias profesionales y si uno es un profesional eficiente, su horizonte debe posicionarse en un único contendiente: uno mismo.

Se dice que la culpa es muy mala y que nadie la quiere, pero no se trata de buscarla ya que ésta no es una salida sino el principio de un laberinto irresoluble. El esfuerzo debe centrarse en atender soluciones y asumir la posibilidad del error como eje de crecimiento, siendo a la vez conscientes de la necesidad y responsabilidad de reconocer que uno puede no estar en el camino correcto, porque así fluye el mundo de la empresa.

A nadie escapa que, en materia de conflicto, parece una imposibilidad congénita separar la parte personal de la parte profesional, pero si queremos liderar equipos de éxito debemos trabajar esa zona del espectro.

Darle la vuelta al conflicto puede suponer la diferencia entre disponer de equipos funcionales y dinámicos y soportar grupos de personas enfrentadas que releguen el objetivo del equipo al rincón del olvido.

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.