Un sinfín de oportunidades

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Suena bonito, verdad. ¿Quién no desea tener una oportunidad? ¿Y una segunda oportunidad? ¿Y qué decís de tener más de dos? Sobre todo, por el hecho de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Por pedir, ¿por qué no abonarnos a una tercera?

¿Y qué pasa con nuestra empresa? ¿Estamos también abonados a la espera de oportunidades, esperamos tener más oportunidades después de equivocarnos o nos encomendamos a la tan manida suerte? 

Porque las oportunidades no llegan solas y menos, si confiamos en la suerte. Federico Moccia acuñó una definición pintoresca pero muy al hilo de la sociedad que vivimos donde apunta que la «suerte es el nombre que se le da al éxito de los demás» y pienso que nadie es capaz de quitarle la razón. Parece que las personas de éxito no han trabajado nunca y que la varita de la suerte les tocó.

Si bien es verdad que somos un país fagocitado por las tradiciones y el encausamiento de nuestras vidas a algo superior, cualquier autónomo sabe que, si no sale cada día a la calle con buena imagen y mejor predisposición, con un importante cargamento de ilusión, con la previsión de 9 o 10 horas aprovechables por delante y una enorme dosis de optimismo, va a recibir de todo menos suerte.

Porque las oportunidades hay que buscarlas y para ello, la empresa y el profesional deben adquirir conciencia de su esencia y buscar su encaje en el ecosistema en que se mueven para posicionarse desde el perfil del valor añadido.

Sin embargo, el mercado actual es un mercado efervescente, plagado de colores en la toma de decisiones y repleto de opciones varias que sitúan al cliente en una posición de mandato absoluto a la hora de comprar.

Todos entendemos que la consumida alusión a que el cliente siempre tiene la razón es un sinsentido rancio y anacrónico, lo que no quita que hoy, más que nunca, haya que estar comprometido con él y sus necesidades.

¿Y por qué digo que hay un sinfín de oportunidades?

Pues porque así es, esperando ser descubiertas, pero para ello debemos hacer una guía propia de prospección que nos ayude:

SER OBSERVADOR

Es imperioso determinar qué objetivo perseguimos para inducir al reconocimiento de la oportunidad. Para ello necesitamos entender el entorno y al cliente y, a partir de ahí, identificar la oportunidad. El objetivo nace del conocimiento de nuestro producto o servicio y, por observación, su afección al mercado. Si percibimos el mercado podemos definir el objetivo sobre sus necesidades naciendo, de ellas, la oportunidad de posicionarnos. Observar y analizar es la base para descubrir.

SER CREATIVO

La creatividad ya no es una opción a la hora de perseguir oportunidades. ¿Y qué tiene que ver ser creativo con encontrar una oportunidad? Que haya un sinfín de oportunidades no significa que sean escenarios visuales abiertos. La intensidad de trabajo sobre el objetivo desde el conocimiento del mercado necesita un ingrediente más para dotar de sabor al plato: la creatividad. El grado de consecución de oportunidad sobre un producto objetivado en el mercado se relaciona directamente con del grado de creatividad insuflada. Crear para crecer.

SER PERSPICAZ

Somos el país del copiar-pegar, el «más de lo mismo» abandera un absurdo porcentaje de proyectos activos y parece que seguimos inmunes al cambio en los proyectos nuevos. Por eso ser perspicaz usando la información que tenemos forjará fuertes cimientos cuando levantemos las columnas de la oportunidad. Ser perspicaz en un mundo de desidia creativa es un valor competitivo y para advertir los huecos de innovación necesitamos calibrar nuestra perspicacia según valores estándar de éxito. Un valor en alza es aprender a ver la forma en que los demás yerran por pensar que copiar lo que funciona es garantía de funcionamiento. En el país de los ciegos, a veces hay más de un tuerto.

SER TENAZ

¿Nos conformamos con descubrir la oportunidad o queremos aprovecharla? Creo que la respuesta sería unánime en una encuesta, pero no es lo mismo votar que actuar. Ser tenaz es la sustancia del éxito, es esa combinación de factores que nos permite cumplir con el dicho de que es más difícil mantenerse que llegar. Que haya un sinfín de oportunidades tampoco es indicativo de que encontremos alguna, de ahí la intención de amarrarse y mimar lo que tanto nos ha costado conseguir. Persistir en la oportunidad conseguida nos abre nuevas oportunidades.

SER HONESTO

Porque sólo así transmitiremos buenas intenciones que serán el combustible de la maquinaria de la tenacidad. Separarnos del resto marcando un espacio confiable y sensato, donde la información y la comunicación hablan de cómo y por qué hemos captado esa oportunidad, es un seguro para el camino hacia el éxito. Los canales digitales de comunicación deben ser un medio de transmisión de la honestidad de nuestra marca y nuestro compromiso con el cliente. Sembrar honestidad para recoger compromiso.

SER EMOCIONAL

¿Alguien es capaz de no serlo? No, verdad, pero sí se puede ocultar o abandonar la senda de las emociones, algo que puede costarnos caros en un ecosistema donde reina el cliente emocional. Es triste que haya que recurrir a las emociones cuando se han agotado las vías de captación de clientes, porque ésta debería ser la vía por excelencia, pero es lo que hay. Acercar nuestro producto a las sensaciones de las personas y generar sentimiento a través de la experiencia convierte la oportunidad en un valor de negocio. Emociónate y emociona, es una dupla ganadora.

SER BUENO

Qué tontería, claro que somos buenos. ¿O quizás no? Se dice que las cosas son del color del cristal con que se miran, por ello el menos indicado para auto definirse como bueno es uno mismo. La soberbia y el narcisismo invade nuestras empresas y el producto/servicio se resiente hasta límites que el inductor desconoce por perder el foco de importancia. Lo que sí podemos hacer, y debemos, es teñir todas nuestras acciones de calidad. Pero la calidad debe ser una tinta indeleble, no vale con una imitación de tatuaje que desaparece a los 3 días. La calidad de producto, marca, comunicación y servicio es la clave de cierre de una oportunidad. La calidad no debe venderse en origen, debe apreciarse y sentirse en destino.  

Comparto que cada uno tenga su pequeña guía, ésta es la mía para generar una oportunidad de mercado y hacerse con ella para situarse en vanguardia:

VISIÓN + CREATIVIDAD + PERSPICACIA + TENACIDAD + HONESTIDAD + EMOCIONES + CALIDAD

La diferencia entre aplicar estos parámetros u otros depende del interés que tengáis en convertiros en cazadores de oportunidades. De un sinfín de oportunidades.

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.