5 acciones para ser una empresa alegre

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La alegría es una de las emociones básicas y esenciales en el ser humano. Sin ella no seríamos capaces de socializar ni vivir en armonía y consenso. Si bien es cierto que en la actualidad la alegría se orienta en un alto porcentaje a la consecución de logros, – consecuencia de una sociedad altamente competitiva donde si no consigues o tienes, no eres -, la alegría sigue siendo un estado al que todos queremos estar abonados.

Y desde hace años, demasiados para el gusto de un tejido empresarial agotado, la empresa no vive momentos de felicidad ya que muchas son las circunstancias internas y externas que las mantienen en constante estado de ansiedad y estrés.

Pero la alegría es una emoción, es interna e inherente al ser humano y por ello es una herramienta de modelado del profesional excelente al que todos aspiramos. Y como no puede ser de otra forma, tal cual son los profesionales, así son las empresas.

Que la alegría sea una emoción humana perfila su condición y su significado respecto del profesional y la empresa. Todos somos conscientes como profesionales que nadie nos ha regalado nada, que si nos quedamos sentados en casa no prosperaremos o que si dependemos de las acciones de los demás en lo que a nuestro día a día se refiere, jamás conseguiremos nuestros objetivos.

De ahí la importancia de entender que ser personas alegres depende de nosotros.

No podemos obviar el matiz de los efectos negativos de las circunstancias externas del ecosistema en el que nos movemos, es obvio que cuando llueve solemos mojarnos y no salimos a chapotear en los charcos ni rebosamos alegría, sobre todo si nuestro trabajo es a pie de calle.

Pero hablamos de otra cosa, hablamos de tener una postura humana predispuesta a generar estados de alegría para poder moldear una figura profesional poderosa cuyo empuje y actitud nos posicione, dentro de lo posible, como profesionales de referencia.

Las empresas, como organismos vivos formados por personas, son el reflejo de sus estados de ánimo y el crecimiento, consolidación y sostenibilidad de las mismas depende de un rendimiento económico que siempre es responsabilidad del profesional.

Entonces, si parece tan fácil, ¿por qué hay tanta carencia de alegría? Porque en realidad, las condiciones del medio nos afectan tanto que hemos desarrollado la capacidad de sobreponernos a ellas, de entrar en estados de disonancia cognitiva que nos bloquean llegando a extremos de soterrar las emociones ligadas al momento, lo que deriva en un dolor humano retornado al perfil profesional.

Es complejo, no hay duda, pero seamos serios y honestos porque nos va la vida en ello, la nuestra y la de la empresa.

En momentos como los actuales donde el tejido empresarial empieza a vislumbrar algún claro entre las nubes de tormenta, adquirir conciencia de la necesidad de crear empresas alegres ya no es una opción sino un reto que no podemos rechazar.

¿Qué podemos hacer para ser una empresa feliz? Enumeremos 5 acciones para conseguirlo:

CUIDA A TUS PROFESIONALES. ¿Cuántos empresarios, jefes o directores conocéis que penalizan con acritud una actitud alegre en la empresa? ¿Por qué muchas empresas prohíben reír a sus empleados y desde primera hora del día los enfrentan pensando que la productividad se relaciona con el mal rollo? Al final todo es cuestión de mediocridad y desconocimiento, de haber aprendido las cosas de otra forma, una forma no productiva, de no entender que la capa persona está por debajo de la capa profesional y es la que define la capa superior.

Cuida a tus profesionales, implícales y compromételes para que den todo de sí. Sólo un profesional satisfecho aportará a tu empresa lo que necesita para desarrollarse. Practica la asertividad y la empatía de forma activa para que ellos las practiquen también. Y sobre todo sé persona antes que profesional, se te reconocerá ese valor y será seguido por quienes trabajan según tus líneas estratégicas.

RECONOCE LOS LOGROS. Decíamos al principio que la alegría se identifica mucho con los logros, de ahí la enorme importancia de su reconocimiento. ¿Tienes compañeros de equipo o área que viven en un constante proceso de recopilar información de otros para erigirse en creadores de la misma?

A todos nos gusta una palmadita de vez en cuando y si somos honestos, gusta cuando nos la merecemos. Los logros se consiguen, no se regalan. Aunque el concepto «pelota» haya desaparecido casi del argot de empresa, su presencia sigue muy viva y agazapada. Preocúpate por dotar a tus profesionales de la razón del ganador, ofréceles ese momento de gloria resultado de un momento de éxito, es la mejor fórmula para combinar elementos químicos que den como producto resultado la alegría.

TRABAJA POR CALIDAD DE HORA. Año tras año seguimos a la cabeza en horas trabajadas y a la cola en productividad. Si nos es poco posible y muy improbable cambiar de cantidad a calidad, quizás nos merecemos lo que tenemos. Y por la misma regla de tres, ¿quién puede estar alegre trabajando más que todos y produciendo menos que los mismos?

La satisfacción por el trabajo bien hecho redunda a diario en nuestra esencia personal-profesional y si no lo gestionamos bien desde la empresa estamos tendiendo a una empresa enferma de tristeza, una empresa donde la rentabilidad, la proyección de marca y la reputación se sienten afectadas, ofreciendo una imagen al mercado nada recomendable que acaba en patología crónica.

CAPACITA DE FORMA CONTINUA A TUS PROFESIONALES. Tal como suena, fórmalos sin miedo, sin suspicacias y sin límite. El grado de valor de tu empresa es directamente proporcional al grado de capacitación de tus profesionales. Ningún profesional es más feliz que el que se siente apoyado por su empresa en conocimiento, por ser ésta una parte esencial en la búsqueda de la excelencia y una muestra de identidad corporativa de valor.

Si no quieres formar a tus profesionales por miedo a que se vayan una vez formados, entonces estás fallando como empresario al no tener capacidad para retenerlos como tales. ¿Está faltando alegría en tu propuesta de valor como empresario hacia tus profesionales? ¿O son ellos los que no sienten que la capacitación profesional debe formar parte de su día a día? En este último caso, te han puesto en bandeja la decisión de indicarles que vas a buscar profesionales que lo primero que aparece en su curriculum es la alegría y el compromiso de crecimiento.

ORIÉNTALOS AL RESULTADO Y NO AL PROBLEMA. Sin duda es un tema cultural, pero hay naciones mucho más jóvenes que la nuestra que orientan su día a día a la solución mientras nosotros seguimos buscando culpables y responsables del problema. Recojo aquí como mención aparte a los pelotas de antes, esos ladronzuelos de méritos son los mismos que huyen despavoridos cuando aparece la otra cara de la moneda y se busca al responsable de un error. Perseguir una cara triste tras un error es un nuevo error en sí mismo, sobre todo mientras el problema flotando en superficie. Eso sí, es un detector infalible de trepas por omisión de presencia.

Orientarse a la solución es sinónimo de alegría profesional, es poner todos tus recursos al servicio de la resolución de un conflicto lo que genera, por regla general, más alegría. Es un hermoso feedback. Por el contrario, vivir orientados al problema es modificar las condiciones internas del entorno lo que hace que en muchas ocasiones no seamos capaces de sentir siquiera los cambios externos del ecosistema, lo que relega nuestro modelo a la desidia y el desengaño.

Si podemos elegir entre la alegría y la tristeza profesional y no estáis seguros, hacéoslo mirar con urgencia. Yo lo tengo muy claro.

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.