¿Cambio o me cambian?

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Todavía recuerdo el día que estrené mi primer móvil. Fue un regalo excelente para mi percepción del mundo y un ejercicio de actitud positiva hacia una innovación tecnológica de la que todo el mundo hablaba mal debido a ese maldito vicio del ser humano de criticar con sarna lo que se desconoce.

En ese momento decidí cambiar por mí mismo, decidí entrar a formar parte de los que íbamos por la calle con un teléfono que no cabía en el bolsillo de la americana haciendo caso omiso de lo que la sociedad y gran parte del tejido empresarial decía.

Pasados los años, no se concibe un profesional sin teléfono móvil y algunos, por no decir muchos, de los que se llenaban la boca con críticas hacia el modelo, han tenido que ceder y entender como sea que hoy día es una herramienta de absoluta necesidad.

¿Qué diferencia hay entre ellos y yo? Mucha. Para empezar, yo lo hice con gusto y me sentí curioso, ilusionado y receptivo desde el primer momento. Para algunos de ellos, tener un smarphone hoy día sigue siendo un tema al que acudir cuando quieren renegar de algo. Lo usan por obligación, pero jamás sentirán comodidad en su manejo.

Ello no significa que a todos deba encantarnos todo, pero no perdamos de vista que la obligación no es bonita.

El cambio es inevitable e inexorable, es consciente y constante y marca el proceso evolutivo. Nada se puede hacer contra él y por ello sólo tenemos dos formas de enfrentarlo: la voluntaria y la forzosa.

Y al final, sea cual sea la opción tomada, todo depende de nosotros. ¿Pero eso qué significa?

Como empresario, profesional o trabajador por cuenta ajena, el cambio forma parte de nuestras vidas y es una cuestión de actitud basada en una percepción. No estoy descubriendo nada que cualquiera de vosotros no sepa, pero no es menos cierto que la actitud viene condicionada por la percepción que tenemos del hecho. Y ello, lo creamos o no, va en muchas ocasiones en sentido contrario al desarrollo de nuestra excelencia o, simplemente, de las líneas marcadas por la empresa a la que nos debemos.

Y si somos autónomos ojo, que aquí no tenemos a nadie que nos marque el terreno, de ahí la importancia de asimilar la voluntariedad del cambio.

Internet es uno de los avances que ha cambiado el mundo en su totalidad y a la vez es un medio para llegar a un fin. Una de sus enormes ventajas es que se parece a los puzzles sencillitos, de 0 a 99 años, cualquier puede entrar en Internet y, a partir de ahí, caminar.

A la vez es uno de los ejemplos más drásticos de cambio en relación a las personas y los profesionales. Internet es un regalo, ni al mismísimo Papá Noel se le habría ocurrido diseñar un regalo mejor y aun así la percepción sigue creando escollos.

Olvidémonos de si es bueno o malo, en verdad todo es bueno y malo en sí mismo dependiendo del uso que se haga, y veámoslo desde la óptica única de herramienta de crecimiento para el profesional y la empresa.

Y cuando este medio de cambio colisiona con la empresa que lleva 40 años haciendo lo mismo y que es una muestra viviente del terror al cambio, la reacción química provoca una explosión de gran intensidad cuya onda expansiva arrasa con todo.

Hay profesionales nacidos a finales de los años 60 que siguen predicando que ellos han llegado tarde a la tecnología y que no tienen capacidad de adaptarse. Yo nací a finales de los 60 y soy del montón de los del montón, pero sé que cuando una excusa se camufla de argumento es que algo pasa.

Reitero que no es necesario tener pasión por algo que demanda el trabajo, pero sí un mínimo de interés porque de base, el trabajo es una obligación al ser una necesidad vital. Seguro que ningún comercial le dice a su jefe que hace la mitad de visitas que los demás miembros del equipo porque no le gusta conducir, hoy día sería un error de bulto en su perfil profesional y pondría, muy probablemente, su puesto de trabajo en serio quebranto.

El cambio es el archienemigo de la comodidad, el problema es que muchas empresas no detectan ni entienden que la comodidad es enemiga acérrima de la productividad.

¿El remedio? El cambio de percepción. ¿El resultado? La adaptación.

Las cosas no suelen ser tan duras al llegar como nos las hemos imaginado en el tiempo previo a su llegada, ésa es otra verdad digamos que universal. Y es algo que nos cuesta internalizar, es algo que nos cuesta anclar como positivo para no trastabillarnos de nuevo.

Internalizar, palabra mágica, pero es que adquirir conciencia sobre un hecho externo que altera nuestros sentidos y que conseguimos anclar como sensación, una vez comprendida su naturaleza sobre el terreno, es un acto de pura magia.

El cambio estuvo, está y estará y nada podemos hacer, sólo adaptarnos. ¿Es incómodo? ¿Es molesto? ¿Es inoportuno? Quizás sí, quizás no. Todo depende de la percepción.

Hay profesionales que no quieren cambiar por pereza, por miedo al desconocimiento sobre lo que viene o por no sentirse capacitados para acometerlo e incluso por soberbia profesional al pensar que lo que ellos hacen es mejor que lo que pueden llegar a hacer. La lista es larga y perenne en muchas empresas a pesar que saben que ese cambio debe ser acometido sí o sí. Y esa falta de actitud sólo provoca enquistamiento, disfunción interna y brecha con sus más directos competidores.

Estamos apurando un año y se abre la ventana del 2017 con un espléndido paisaje frente a nosotros, oportunidades y retos que nos motivan a saltar por esa ventana e ir a por ellos.

¿De verdad vamos a acometer un año más como acabamos los demás, con pronósticos que sabemos a ciencia cierta que no vamos a cumplir? La voluntariedad u obligación del cambio es tan firme y drástica en nuestras vidas que incluso condiciona nuestros deseos en el año entrante.

Es tiempo de adquirir conciencia, de internalizar y crear anclajes positivos, de mirar las cosas con proyección y no con contracción. Hay que profundizar en el cambio de percepción para obtener resultados adaptativos. Y todo fluye desde dentro de nosotros, simples seres humanos que a la vez tenemos un universo en nuestras manos.

No dejes que la obligación contamine tu deseo de ser, hacer y conseguir.

Guillermo Llofriu

Inquieto cultivador de las emociones como medio de vida en el plano personal y profesional. Amante y usuario de la creatividad como sustrato de crecimiento. Defensor del pensar por ser la mejor forma de entender lo que queremos decir. Apasionado del pádel, del dibujo y de la escritura. Propenso a las personas, diseñador de conversaciones inteligentes y enamorado e incondicional admirador de su hijo.