1985 y 2017 el papel de los medios de comunicación

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En la memoria tengo grabado ciertas cosas de septiembre de 1985 que nunca olvido cuando escucho acerca de desastres naturales, la primera es el interminable paso de ambulancias y otros vehículos con sirenas a lo largo de las primeras semanas de la tragedia. Otra una lista de víctimas en las paredes de la Delegación Cuauhtémoc, que iniciaba con los nombres de los fallecidos y terminaba después de una larga enumeración con las siniestras entradas de Bolsa con vísceras.

Tampoco olvido el papel que jugaron los medios de comunicación en las primeras horas y los días de las primeras semanas después del terremoto. Recuerdo perfectamente a Adriana Pérez Cañedo en aquellos días titular junto con Rolando de Castro del espacio informativo matutino de IMEVISION a falta por unas horas de televisa, Canal Trece tomó la batuta y comenzó a servir de enlace entre los mexicanos. En 1985, ni telefonía celular, ni Internet existían, por lo que la función de enlace entre mexicanos de la capital, sus familiares en provincia y el extranjero se dio a través de la televisión y de la radio. Los mensajes se leían al aire y lo mismo sucedía con las listas de heridos, rescatados y muertos conforme la autoridad las liberaba. Durante los primeros días de aquella temporada de oscuridad los canales de televisión abierta en México recuperaron su sentido como medios de comunicación masiva.

Algo similar sucedió con diferentes estaciones de radio de AM y FM, ya entonces hace 32 años La Hora Nacional se vio superada. Hubo comunicadores que se convirtieron a partir de ese momento en favoritos de las audiencias como José Gutiérrez Vivó y nada como la cobertura informativa que desde los primeros minutos realizó Jacobo Zabludovsky desde su automóvil y que se volvió icónica de cómo realizar una cobertura radiofónica en momentos de crisis.

Lo que en 1985 nos enseñaron los medios de comunicación masiva tradicionales, fue cómo aún tenían un valor social y empatía con las audiencias. Que más allá de las mentiras de sus espacios informativo-oficiales, también eran capaces de ser solidarios con los mexicanos.

Desgraciadamente en 2017 ha sucedido todo lo contrario. Desde los primeros minutos de la tragedia la sociedad civil una vez más opacó al gobierno, sobretodo al local y a los delegacionales, y la tecnología a los medios de comunicación. En menos de media hora la gran mayoría de los habitantes de la zona metropolitana del Valle de México había localizado a muchos de sus familiares a través de su celular, pero sobretodo a través de wassup. Las redes sociales Facebook y twitter jugaron el papel que hace treinta y dos años jugó la televisión abierta y no sólo se buscaba y encontraba a familiares, sino que avisaba de los rescatados, los fallecidos, los hospitalizados y las necesidades en cada uno de los sitios de rescate a través de fotografías con cartulinas llenas de datos; las necesidades más agudas y adonde deberían estar de ser llevadas. El gobierno fue rebasado y el mensaje de ciertos políticos era reconociendo que la sociedad civil trabajaba con ellos a pesar de que esto es una de las grandes mentiras, la sociedad civil trabajó esos días y continúa trabajando a pesar de ellos, que no saben vivir sin colocarse una medalla o medrar con la situación como ha sucedido claramente en el caso de Morelos donde la mezquindad del gobernador ha quedado de manifiesto gracias a las redes sociales también.

Y aquella televisión abierta solidaria que sirvió de vínculo entre mexicanos al interior y exterior de las fronteras en 1985, nos mostró ahora su peor cara, la más mezquina, la menos solidaria, la más amarillista y la más patética. No hubo un Pedro Ferriz Santacruz, no hubo una Adriana Pérez Cañedo, ni un Jacobo Zabludovsky o un José Gutiérrez Vivó que transmitía día y noche dando nombres tratando a de coordinar esfuerzos, haciendo periodismo y siendo solidarios con las víctimas del sismo y las familias mexicanas.

Hubo una Denisse Maerker, un Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola y una muchacha que está muy lejos de ser periodista que se llama Danielle Dithurbide, que no sabe hacer siquiera una cobertura, quienes de la manera más carroñera y despreciable trataron de ganar el rating para Televisa, inventando una nota que mantuvo a muchos mexicanos pegados a la televisión, con la falsa esperanza del rescate de alguien que nunca existió.

Como en aquella película estelarizada por Robert de Niro y Dustin Hoffman titulada en inglés Wag the Dog, de 1997 dirigida por Barry Levinson acerca de un productor de Hollywood que a petición de la Casa Blanca inventa y produce una guerra en un país lejano para salvar la imagen del presidente, Televisa decidió producir un reality, de la misma manera manera que produce todo; mal. El fin: subir sus ratings. Pero ya desde la noche anterior al descubrimiento del fraude de los comunicadores y supuestos periodistas, el secretario de educación Aurelio Nuño manifestaba con incredulidad y desconfianza el no haber podido hacer contacto con los padres de la niña. Los medios tradicionales celosos del rol que han jugado las redes sociales, las satanizan al mismo tiempo que se nutren de ellas para su información.

Televisión y radio, olvidaron su función social, su fin comunitario y se dedicaron a tratar de obtener primicias de una manera mezquina y sin importarles los seres humanos enfrente de la pantalla, del otro lado del receptor de radio, pero lo que es peor sin importarles el ser humano que tenían enfrente, siendo víctima de una tragedia. El oportunismo de ciertos medios quedó de manifiesto cuando El Universal anunció el mismo 19 a través de su portal en internet, por paradójico y anacrónico que suene, una edición especial vespertina de su diario con las noticias de la tragedia y Televisa un especial el domingo 24 acerca de la tragedia, como si no tuvieran ya suficiente con el repudio de la sociedad durante más de 24 horas en redes sociales. Mientras la sociedad es más sensible y solidaria, pareciera que ciertos medios se volvieron más insensibles y arrogantes.

Pasaron 32 años, la sociedad civil demostró una vez más que se puede con la unión de todos organizarse y dirigir esfuerzos para lograr metas, en este caso el rescate y la gestión de recursos de mejor manera que cualquier político y ahí están, en las redes, las denuncias contra el gobernador de Morelos y su esposa, o el repudio popular en contra del delegado de Xochimilco. Lo malo es que 32 años después, los medios de comunicación involucionaron.

Hay muchas cosas por la que sentirse orgulloso en estos días de tragedia, el volver a saber que como sociedad civil Sí se puede, que somos solidarios y que como muchos millenials pusieron en sus cuentas de redes sociales, son mucho más que el estereotipo que mercadólogos y sociólogos quieren imprimirles, pero los medios y en especial la televisión abierta de nuestro país no son para nada una de ellas.

Armando Enríquez Vázquez

Productor de televisión, escritor desde hace más de veinticinco años, columnista en diferentes publicaciones virtuales e impresas. Oriundo y transeúnte de una de las ciudades más pobladas del mundo de la que estoy orgulloso. Mis encuentros y desencuentros con la publicidad se han hecho muchas veces desde el terreno del receptor del mensaje y no del emisor. Me ocupan entre otras cosas el futuro de los medios, el abuso de la palabra creatividad y el desarrollo de contenidos atractivos en diferentes medios. Sígueme en twitter: @cernicalo

  • David File Suarez

    , Televisa decidió producir un reality, de la misma manera manera que produce todo;
    error de redacción ahí.