Target – MARY

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“Target” es una serie de cuentos breves de historias sobre participantes de estudios de mercado. Escrita por Florencia Davidzon. Hoy presentamos la historia de Mary.

Filtro de Reclutamiento.

Etnicidad. Afroamericana Sexo. Mujer,  Edad.  20 a 35 años, Estudios Técnicos o Superiores.
Tipo de
Vivienda Rentada. Consumidora de: Tés/Cítricos. Marca. Indistinto.
Plaza. New York.

MARY

En perspectiva, y a la distancia, ella se daba cuenta que había elegido al peor hombre como pareja. Tenía todos los defectos de sus progenitores y unos cuantos más.

Él era una persona rígida, estructurada, de personalidad bipolar con mucha agresividad contenida que surgía de la nada. Pero ella sentía que no podía dejarlo, lo había intentado varias veces pero… tenían una hija juntos.  Él tenía una esencia generosa, era sincero y afectivo pero, igualmente, sin motivos, podía volverse un ser horrible, envidioso, sarcástico, crítico, y con una acidez que rayaba lo perverso. La lastimaba con todo lo que le decía y parecía gozar con ello; la hería sin ninguna razón. Mary, como una esponja, escuchaba y se disculpaba, aumentando día a día su baja autoestima.

Se preguntaba seguido qué podía hacer diferente, pero cuando no tienes la menor idea de por qué algo no esta funcionando y qué se está haciendo mal, cuando se sabe que hiciste lo mejor posible, no aparecen ideas de cómo solucionarlo. “Preguntarse es un buen comienzo”, se decía, pero no tenía respuesta y no podía hacer nada para moverse de ese lugar. Ella se culpaba. Creía que era su responsabilidad. ¿Cómo podía haber algo mal en ese genio que era su pareja? No podía juzgarlo, tal vez ella estaba celosa de sus éxitos, pensaba y así, dejaba pasar todos los signos de banderas rojas que él le mostraba de forma evidente. No quería verlo. Tal vez su ceguera estaba profundizada porque no podía concebir que alguien de color, como ella, la tratase con más desprecio que los muchos racistas con los que seguido se topaba, y por eso negaba y justificaba su maldad.

Mary recordaba el momento exacto en cuándo su vida se había truncado. Tuvo la desgracia de enamorarse de ese músico de pantalones cortos cuadriculados que estudiaba en Julliard y que tocaba el violín fuera del Lincoln Center. Él era sin duda, una persona virtuosa y al poco tiempo de estar juntos se volvió famoso. Su ego creció tanto que lo transformó en ese ser arrogante, egoísta y en un despreciable ser humano, mientras los sueños de ella se iban aplacando. Él nunca tenía tiempo para escucharla, pues siempre estaba él primero. Esto hería muchísimo a Mary, pero con el tiempo y gracias a su beba, que la mantenía ocupada, dejó de sentir y prestar atención a sus desprecios. Estaban juntos, pero no lo estaban.

Hasta que tuvo la claridad de que ella no era el problema, cuando en una reunión de amigos su pareja le pidió que no hablara; y en esa misma cena donde ella actuaba obediente de muda, él de pronto le dijo a sus amigos, refiriéndose a ella “esta idiota”. Mary no habló pero, no tuvo duda que la mente de él estaba retorcida. No tenía ninguna destreza como ser social. Tal vez porque había escuchado demasiada música desde chico o porque se movía en un mundo totalmente abstracto o por su accidente de moto que le había dado un golpe en la cabeza o quién sabe cuál era la razón; lo cierto era que él no lograba tener empatía ni sensibilidad con la gente.

La certeza de estar harta, de haber llegado al límite le resultaba evidente, no pudo negarla más. Él se burló de ella sin la menor razón y sin pena continuo de las cuestiones íntimas que él compartía y revelaba. Ella, con pudor, orgullo y enojo, supo que ese hombre era un canalla, un ser detestable que debía salir de su vida. Un segundo fue suficiente para decidir dejarlo. No iba a tolerar ningún desplante más. Dejó de creer que no tenía suficiente energía, la enorme certeza sobre el cambio que debía hacer la impulsó. Tenía que separarse, no podía seguir soportando a ese hombre.

Mary, nombrada así -no por la virgen María, sino por un perro que había tenido su madre con un ex patrón-, dibujaba muy bien desde que tenía memoria. Trabajaba varias horas como maestra enseñando arte en una pequeña escuela primaria en un barrio en Queens. Era obsesiva, detallista pero muy despistada y con alta autocritica, que la llevaba a dibujar con una goma de borrar siempre en la mano. Nunca se sentía satisfecha con el resultado final. No podía escaparse de una vocecilla en su cabeza negativa que la asechaba. A veces trataba de confrontarla. Tomaba valor y la hacía callar pero al cabo de unas horas volvía más fuerte, más prepotente y más dominante sobre ella a ejercer un sometimiento absoluto.

Ella era una caricaturista talentosa pero hubiera deseado ser animadora, poder darle a sus dibujos e ideas movimiento, hacer verdaderas historias. Soñaba emplearse en un estudio donde pudiera dedicarse exclusivamente al arte, pero no conocía a nadie en ese mundo, menos a otra mujer, y menos que menos a otra mujer afroamericana como ella.

Mary no comulgaba para nada con el diseño digital. Si tenía opción de elegir, prefería hacer el proceso tradicional de rostocopía. Podría decirse que Mary era conservadora porque miraba a la tecnología desde la distancia. Pero sabía que tenía que renovarse, que la tecnología había venido para quedarse. Tenía que aprender a manejar nuevos software y salir de su uso mega básico, tener más herramientas para valerse por sí misma. Lo sabía, pero no tenía dinero para tomar ninguna clase especializada en diseño como las que ofrecían en Parson School ni en ningún otro lugar renombrado de animación. Tenía que aprender haciendo, como siempre había hecho sola, poniendo sus manos a la obra. Sin embargo, aprender animación no era como hacer un pastel o una receta por primera vez del pavo para el día de acción de gracias, aún así estaba decidida a salir adelante. Tenía que dejar a su esposo. Cada día, de manera religiosa, ofrecía sus servicios de dibujante en aviso que posteaba en craiglist. Lo hacía de forma automática, como si comprara un boleto de lotería, sabiendo de las bajas posibilidades, pero no podía seguir así ni esperar más.

Luego de las ofensas de su marido, se decidió a incursionar pro activamente en el video animado; le haría dibujos a una banda para un videoclip de un musical. Pero tenía un pequeño problema, como no era joven y no conocía músicos que requirieran de videos animados, tenía que encontrar una buena forma de dar con ellos. Sin pensarlo demasiado se fue hacia el Bronx. Allí puso papelitos buscando bandas en varias barberías. Cuando sus pies fríos y cansados no pudieron más, se sentó y pidió un té de naranja en una cafetería ruidosa. Allí mismo recibió la invitación de una señorita para asistir a un focus group. “La invito a platicar sobre ceras depilatorias a cambio de su valioso tiempo le damos un certificado de regalo”, le dijo, mientras le extendía un folleto. Mary pensó entonces en cuánto tiempo valioso había perdido junto a ese músico despiadado. Aceptó. Iba a opinar sobre ceras depiladoras,  algo de lo que ella no sabía mucho, ya que jamás las usaba. Siempre había preferido rasurase, convenciéndose de poder engañar al organismo y evitar el dolor físico. Más tarde, la vida le enseñó que nadie puede escapar al dolor aunque se aplique rastrillo o cremas.

Al llegar, le preguntaron que tés tomaba. Le pareció raro, porque el encuentro iba a ser de ceras depilatorias. “De naranja”, respondió y le convidaron uno invitándola a sentarse hasta que los demás participantes llegaran. Mary pensaba en las ceras que había visto y conocido y jamás había dejado ponerse en su cuerpo, azules, rosadas y hasta color ámbar como la miel… Pensó entonces de forma asociativa en sus piernas, en sus imperfecciones y en sus defectos y recordaba todas las cosas que su esposo le criticaba a diario.

La recepcionista se le acercó y la invitó a pasar a la sesión de tés.

-¿Cómo? – dijo ella. Yo vine a platicar de ceras.

-Eso fue ayer – dijo la recepcionista -Pasé a ésta, que nos falta una participante, y usted es perfecta.

FIN.

Ilustración de portada:
Marilaura Muriedas
Instagram: @lalidraws

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Florencia Davidzon
Florencia Davidzon

Soy escritora y realizadora de cine Argentino-Mexicana- Americana, trabajo como directora en desarrollo de contenidos para marcas en Central Films México.

  • Suyan

    Tus historias son maravillosas.

    • Florencia Davidzon

      Muchas gracias!

  • Martinez Abril

    Hermosa historia, siempre con un dejo algo triste y a la vez esperanzador. Gracias por compartirla.

    • Florencia Davidzon

      Gracias!