¿Por qué dejamos de jugar?

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El juego es fuente de relajación y de estimulación tanto para el cerebro como para el cuerpo de niños y de adultos. El juego es acción; un mecanismo que posibilita desarrollar la imaginación, la creatividad y la capacidad para resolver problemas.

El juego no es un lujo, es, más bien, una necesidad tan importante para nuestra salud como dormir lo suficiente, comer sano y realizar actividad física.

¿Cuándo fue la última vez que jugaste?

Quizá te suene familiar lo siguiente: porque como adulto tienes muchas cosas por hacer, porque olvidaste cómo era jugar o porque sostienes que es cosa de niños… Para volver a jugar no hace falta tener un cerebro superior o una edad determinada. Simplemente tienes que proponértelo y llevarlo a cabo. El proceso creativo en el adulto implica un esfuerzo consciente de recuperar el potencial creativo, pero, como ocurre con la creatividad, jugar es recuperable.

Volver a empezar

El cerebro de cada individuo es potencialmente la fuente de energía que transforma al mundo. Somos arquitectos de nuestro destino.

El niño tiene la creatividad y la lógica como lo mismo. Nosotros, como adultos, respondemos lógicamente porque es lo que nos enseñaron y porque son las neuronas que están encendidas todo el tiempo. El niño es curioso y no le importa si va a ser juzgado o no –hasta una cierta edad, cuando entra a la escuela empieza a cambiar–. Curiosear como si fuéramos chicos es puro alimento para nuestra imaginación. Y ya sabemos que la imaginación es la que nos inspira para crear nuevas soluciones, historias y mundos.

Salir a jugar

¡Vamos! Pospongamos la voz de adulto y liberemos al niño interior que vive dentro de nosotros. Ese chiquillo que ama jugar con lápices de colores y que descubre mil usos para una caja de cartón. Juega, diviértete y déjate llevar por el proceso. Asume el compromiso de conocerte más. Cambia de hábitos y acompaña tu motivación con vivencias que cultiven la curiosidad e imaginación.

El hábito es el responsable de convertir el aprendizaje en conocimiento para el organismo. Ya que si pretendemos vivir de nuestra creatividad, tenemos que aprender a buscar las oportunidades de desarrollar ideas creativas. El mundo se mueve a través de las ideas y son las ideas las que están generando nuevas oportunidades y negocios.

El distintivo del hombre es el pensamiento. Entonces, pensar como si fuéramos niños implica volver a preguntar y a observar al mundo como si fuera la primera vez.

Si siempre haces lo mismo, tus resultados siempre serán los mismos. Para obtener soluciones diferentes, tienes que hacer cosas diferentes. Ante situaciones donde creemos que no podemos cambiar tenemos dos opciones: entrar en una espiral de autodestrucción o ingresar en un círculo virtuoso ¿De quién depende? Sólo de nosotros.

Para lograr resultados nuevos y distintos hay que cambiar la manera de ver el mundo que nos rodea. Sal del «modo avión». Hackea el software de tu sistema cerebral para crear nuevas conexiones. Crear es conectar.

Ser creativo, antes que un trabajo o una forma de moverse en el mundo, es un actitud. Crear es dejar crear.

Jugar es vivir. Juega siempre. Juega a ser tu mismo.

Porque las personas que dejan que el mundo siga su curso, pues simplemente dejan que el mundo siga su curso. No dejan huella. No marcan la diferencia. No producen ideas. Y esto último es lo qué queremos lograr, ¿verdad?: producir ideas.

Tu tiempo es hoy. Sal y juega.

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Gustavo Martin

Diseñador industrial graduado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. Facilitador de la creatividad en empresas, pymes, emprendedores y ámbito educativo. Conferencista internacional. Escritor en Medium; columnista en Roastbrief y Soy.Marketing. Director de Plums, agencia de diseño de marca y branding. Director creativo asociado en Negocios & Estrategias, Guayaquil, Ecuador. Conversa en @gussmartin y www.gussmartin.com • Crear es imaginar escenarios