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Los clientes son de Venus, y los diseñadores, de Marte

Es tarde. Se escuchan unos pasos cansados entre la penumbra de la noche, donde apenas la luz de una lámpara alcanza a iluminar pobremente el vecindario. A lo lejos, un perro ladra y el viento levanta las hojas de los árboles que cayeron durante el día sobre la banqueta de la calle. Los pasos se detienen frente a la luz, dando de lleno a un hombre joven, desgarbado, que carga un portafolio y varios documentos. Es Joaquín, el diseñador que hace un par de meses abrió su despacho de diseño en el otro extremo de la ciudad. Mete la mano a su bolsillo y saca la llave de su casa, la introduce en la ranura y antes de abrir la puerta se detiene, levanta la cabeza y la inclina ligeramente hacia atrás suspirando. Por fin se decide, gira el picaporte y entra.

Enciende el foco del pasillo y deja sus cosas sobre la pequeña mesa de centro de la sala. Con el mismo paso cansado se dirige a la cocina, abre el refrigerador, saca un bote de leche y regresa a sentarse al sillón que se ubica al lado de la mesita. Empina el bote directo sobre su boca y le da un gran trago. Vuelve a suspirar, a la vez que recarga su cuerpo en el mullido respaldo. Ha sido un día pesado. Joaquín se enfrentó por la mañana ante un grupo de empresarios que estaban por contratarlo para que diseñara un proyecto que le permitiría recuperar parte de la inversión que hizo al arrancar su pequeña empresa. Sin embargo y a pesar del esfuerzo que le dedicó a la propuesta de trabajo, ésta fue rechazada.

Joaquín pasó cinco años estudiando la carrera de diseño gráfico para después viajar al extranjero y especializarse en diseño industrial, donde se graduó con honores. Su pasión son los envases, las formas tridimensionales de éstos y la gráfica que los viste. Tiene, aparte de una excelente preparación, un talento innato para hacer auténticas piezas que combinan funcionalidad y belleza.

El proyecto que este grupo de empresarios le había encomendado cotizar era nada menos que la creación de una línea de envases para un producto de alta tecnología cuya marca ya contaba con una excelente reputación en el mercado. Pero, ¿qué fue lo que sucedió, por qué el rechazo a su propuesta? Curiosamente nada tuvo que ver la capacidad de Joaquín, la culpa fue de la cotización, al igual que los escasos argumentos con que la defendió. Los empresarios hablaban de números, de costos de producción, del ROI (retorno de la inversión), del punto de equilibrio y de las utilidades, pero Joaquín sólo respondía dándoles datos por demás técnicos, con base en los principios del diseño, que sustentaban la funcionalidad de su propuesta. Ambas partes estaban hablando idiomas distintos, era un diálogo surrealista donde todos parecían comunicarse pero en realidad se trataba de dos monólogos interactuando.

En la actualidad, los diseñadores deben contar con una mayor y mejor preparación, principalmente en las áreas de administración, finanzas y mercadotecnia. No es que deban dominarlas, pero sí, al menos, conocer lo esencial para que puedan tener más éxito al momento de vender sus ideas. Y es que las nuevas dinámicas exigen que así sea. El cliente no tiene la obligación de conocer la terminología del diseñador, pero el diseñador sí debe entender el lenguaje de aquellos que contratarán sus servicios; de lo contrario, terminará frustrándose y pensará que eligió la profesión equivocada.

En casos como el que describo arriba, ambos perdieron: el cliente dejó ir a un excelente proveedor por no entender lo que vendía y el diseñador perdió una importante cuenta. ¿No valdría la pena prepararse más?, no sólo se conseguirían más clientes sino que, aunado a ello, el diseñador dejaría de ser percibido como un ente extraño que vive en una cápsula ajena al mundo real.

En nosotros, los diseñadores, radica la total responsabilidad de que cada vez existan menos personas como Joaquín y que esos pasos cansados se conviertan en pasos que se enfilen rumbo al desarrollo profesional y al éxito. Por supuesto, es un asunto de preparación, pero por encima de todo, de actitud.

Juan Carlos García Pérez

Juan Carlos García es socio fundador de Diseño Dos Asociados, firma ubicada en la ciudad de Puebla, especializada en estrategia y persuasión visual, la cual ha recibido más de 100 reconocimientos nacionales e internacionales. Originario de Córdoba, Veracruz. Es licenciado en Diseño Gráfico por la Universidad Iberoamericana y ha trabajado para diferentes firmas de México y Estados Unidos, ocupando puestos como diseñador junior, senior, director creativo y director de planeación comercial.

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