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Borregos en las nubes

Alguna vez escuché por ahí que nunca hay que hablar de religión, futbol, ni política. Y sí, estoy de acuerdo. Son temas polarizantes, que despiertan pasiones y que provocan que la gente esté dispuesta a defenderlos a muerte. Nunca gana nadie y todos tienen la razón. He visto amigos pelearse, parejas casi divorciarse y hermanos que se dejan de hablar por años sólo por pensar diferente. Pero yo aumentaría uno a ese grupo de “Temas prohibidos en la mesa”: La publicidad subliminal.

Incontables veces he escuchado la típica pregunta: ¿Existe la publicidad subliminal? Yo, hasta la fecha, no lo creo. Y sé que hay miles de estudios, libros, teorías y demás posturas que intentan comprobar que existe, pero ni así me convencen. Y les voy a dar algunos ejemplos de por qué no me la creo.

Primero, hablemos de las nubes. Hagan este experimento. Un día, recuéstense boca arriba en algún parque y miren al cielo. Escojan una nube y véanla con atención. ¿Qué forma tiene? ¿El típico borrego? Sí. Ahí está ese borreguito feliz. No. Esperen. Es un barco. Sí. Es un barco. Bueno, no. Una lancha. No, no, no. Ya cambió. No, no cambió. Sí. Ahora es un hombre barbón. ¿Por fin? ¿Un borrego o un hombre barbón? Si le preguntas al de al lado, seguramente te dirá que ve una mujer bailando can can y el del otro lado te dirá algo totalmente diferente. Pero te aseguro que no hay nadie que esté poniéndole figuras a esas nubes y que diga: Mira. A esa señora de 48 años, nivel socioeconómico A/B mándale esta nube en la que vea a un hombre con barba y a ese joven de 18 que estudia la universidad, un barco. Yo creo que cada quien ve lo que quiere ver y ese fenómeno es el mismo en los comerciales.

Ahora hablemos del baño. ¿Cuántos no han estado en el baño y de pronto se quedan viendo fijamente los azulejos de la pared? Sí. Los típicos azulejos con manchas de colores que nos atrapan al no tener nada que hacer en ese momento, más que verlos. De pronto, encontramos un caballito cabalgando en el azulejo. En otra mancha encontramos un rostro humano. Pero si preguntáramos a alguien más que haya estado en ese baño contemplando el mismo azulejo, seguramente nos hablará del balón de fut o del rostro con cuernos que descubrió. Les aseguro que al fabricante de los azulejos jamás se le ocurrió imprimir caballos o rostros escondidos en las manchas. Y una vez más digo que yo creo que cada quien ve lo que quiere ver y ese fenómeno es el mismo en los comerciales.

Y así puedo darles más ejemplos y habrá quien me diga ¿Pero qué hay sobre el hombre desnudo en la cajetilla de Camel? ¿O los típicos hielos que siempre tienen imágenes escondidas? Pues les puedo decir que es lo mismo. Por lo menos en mi experiencia, nunca me ha tocado presenciar a alguien que diga: “Mira, a esa chava, hazle la sombra así para que parezca que tiene unos “desos” en la mano” o “En esta película, ponle un cuadro con mi producto y así, cuando acabe, todos querrán probarlo”.

La publicidad Subliminal es un mito que nadie ha podido comprobar. El famoso experimento de Vicary fue una mentira y, a partir de ahí, se empezaron a crear más leyendas urbanas sobre el tema. Actualmente la gente confunde la publicidad subliminal con el doble sentido o con la famosa “engañinha”, como le decimos algunos, que no es más que hacerte creer que pasa algo, cuando en realidad pasa otra cosa (hubo un comercial de una pareja en un sofá. Por atrás parece que ella le está haciendo un “favorcito” a su novio, pero descubrimos que está agitando el yogurt).

Yo nunca le he pedido a nadie con quien he trabajado que le ponga una sombra rara a una foto o que el modelo se ponga en alguna posición para que el espectador capte algo en especial.

Obviamente no cuestiono que se le pueda hablar al subconsciente con ciertas señales que no se ven a simple vista o que la mente recibe mensajes independientes a los que se mandan por el canal principal de comunicación, pero de ahí a que haya todo un ejército de diseñadores poniéndole mensajes alternos a todos los posters o editores pegando cuadros a medio comercial, al estilo Tyler Durden, no lo creo. Así que habrá quien vea borregos, hombres barbones o “desos” en las manos de una modelo, pero al final, yo creo que cada quien ve lo que quiere ver y ese fenómeno es el mismo en los comerciales.

Alonso Arias

Creativo que divide su corazón entre su familia, la publicidad y el fútbol. Redactor en Roastbrief. Le gusta escribir y el helado de pistache. O el de nuez.

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