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Analizando un discurso político

En medio del metálico tráfico y negándole la oportunidad de trabajar a un limpiador de parabrisas, a uno que quería embarrar mi coche con jabón, leí en cierta playera el siguiente mensaje: “A PESAR DE TODO, TE QUIERO, MÉXICO”.

Este mensaje estaba estampado en la camiseta del limpiador de parabrisas. ¿Qué espera del gobierno un joven desempleado? ¿Qué puede hacer un joven de esta clase social para cambiar su situación? ¿Qué desea hacer con su vida dicho joven? ¿Cómo toma decisiones electorales este joven? Hemos transformado las preguntas antropológicas kantianas en preguntas de índole político.

Para responder las anteriores preguntas, es necesario tener un sistema crítico, una herramienta de pensamiento. Cuando un gobernante habla, divide su discurso en tres secciones. Escrutemos.

La sección primera es la “teórica”, la política, la burocrática, es decir, la retórica. En esta sección el político esgrime una jerga típica y comprensible para los altos mandos (retórica clásica).

En la sección segunda, el político usa un lenguaje popular, usa refranes o frases hechas, y todo para que el receptor masivo entienda lo que se quiere decir (Gadamer).

Y en la sección tercera el político echa mano de ideales, de ideologías, de abstracciones. Para cada sección o para cada parte del discurso existe un mercado. Un “mercado lingüístico”, dice P. Bourdieu, es un lugar en el que las palabras tienen valores específicos, es un lugar en el cual ciertas palabras pesan, retumban, fustigan, invitan o retan.

¿Qué es un valor específico en el mundo de la lingüística? Es un significante unívoco, es un significado concreto. Por ejemplo, cuando un político profiere la palabra “democracia”, la palabra “democracia” adquiere cuatro dimensiones, a saber: la filológica (definición oficial o científica), la alegórica (definición callejera), la sincrónica (definición actual, tanto científica como urbana) y la diacrónica (definición histórica, tanto científica como urbana).

¿Qué significa la palabra “democracia” en la universidad y en la taberna? ¿Qué es la “democracia” para los diplomáticos y para los investigadores de la U.N.A.M., que son líderes de opinión y distribuidores de ideas?

Vamos a analizar, brevemente, tres textos políticos, textos extraídos de la revista Letras Libres.

Antonio López de Santa Ana. “¡Ciudadanos representantes! Un grande acto de justicia, de política y de clemencia os pido. Otorgad un universal olvido a los delitos políticos cometidos hasta el momento de vuestra feliz instalación.

Fíjese por ella una época de reconciliación y de consuelo; restitúyase a las leyes su vigor; que lo pasado carezca de recuerdos aflictivos; que para lo futuro no existan otras esperanzas que las del deber, que las merecidas por el talento y por la virtud.

¡Representantes de la nación! Cordialmente os felicito en este día de gozo nacional. Sabéis que soy amigo de mi generosa patria. Llegue su prosperidad al término a que aspiran mis deseos”.

Análisis.

Sección retórica: “¡Ciudadanos representantes!”, “acto de justicia”, “universal olvido”, “época de reconciliación”, “deber”, “talento”, “virtud”, “gozo nacional”.

Sección popular: “clemencia os pido”, “consuelo”, “vigor”, “recuerdos aflictivos”, “esperanzas”, “gozo nacional”.

Sección ideológica: “merecidas”, “generosa patria”, “prosperidad”, “mis deseos”.

Sería interesante saber qué opina el joven limpiador de parabrisas sobre todas estas palabras y conceptos. El político Santa Ana nos pide olvido, consuelo, vigor, esperanzas, virtud, talento.

La técnica persuasiva del discurso analizado oscila entre la perisología y la batología, o mejor dicho, entre la precisión técnica y la repetición constante de los mismos valores. Se enfatizan tres ideas: el olvido, la reconciliación y el esfuerzo.

Venustiano Carranza. “En el frontispicio de la academia del genial Platón había esta leyenda: `Aquí sólo entra el que sabe geometría´. A este recinto augusto no debe llegar jamás el ruido de las pasiones bastardas, cuyo oleaje tempestuoso no debe trasponer sus umbrales, para que en él sólo se escuche la voz serena de la razón que busca la verdad, y los sonoros acentos del patriotismo que exige que la Nación sea grande.

Por eso, para cumplir con vuestra misión, debéis siempre tener presente que aquí sólo debe entrar el que no tenga más que una idea: la del bien público; una sola preocupación: hacer al pueblo libre; una sola pasión: el amor a la patria”.

Análisis.

Sección retórica: “frontispicio”, “academia”, “recinto augusto”, “patriotismo”, “Nación”, “misión”, “bien público”.

Sección popular: “geometría”, “ruido de las pasiones bastardas”, “oleaje tempestuoso”, “trasponer sus umbrales”, “voz serena de la razón”, “sonoros acentos”, “amor a la patria”,

Sección ideológica: “sabe”, “busca la verdad”, “exige la Nación”, “más que una idea”, “pueblo libre”.

Tal vez el joven que limpia parabrisas todas las mañanas jamás ha ido a la academia, y tal vez jamás ha visitado un recinto augusto. Pero nuestro joven sí que sabe qué es un “oleaje tempestuoso” (“metálico tráfico”), y al oír tales palabras seguramente sentirá que es comprendido.

La técnica persuasiva de Carranza es la anáfora, técnica que echa mano del ritmo, de la cadencia, del sentimentalismo. Las ideas principales del texto, son: conocimiento, certeza, patria.

Felipe Calderón. “La democracia nos da hoy la oportunidad de construir una Nación donde todos vivamos mejor. Construyamos juntos un México a la altura de nuestra historia, a la altura de nuestro tiempo, de nuestros desafíos, a la altura de nuestros sueños, un México a la altura de nuestra dignidad.

Sí es posible transformar a México, con la fuerza de lo mucho que nos une, con la fuerza de nuestras coincidencias. Tomemos las riendas de nuestro destino y juntos conduzcamos a México al futuro”.

Análisis.

Sección retórica: “democracia”, “construir una nación”, “construyamos juntos un México”, “altura de nuestra historia”, “transformar a México”.

Sección popular: “vivamos mejor”, “altura de nuestros sueños”, “altura de nuestra dignidad”, “con la fuerza”, “fuerza de nuestras coincidencias”, “riendas de nuestro destino”, “juntos conduzcamos”.

Sección ideológica: “oportunidad”, “todos”, “futuro”.

Sí, nuestro limpiador de parabrisas tiene sueños y dignidad, y coincide en su pobreza con millones de jóvenes. Pero, ciertamente, las oportunidades, el pluralismo y el futuro, no son ideas nítidas para él. La técnica de Calderón es la anáfora, señalada o difamada por el uso sistemático de las palabras “altura” y “fuerza”.

Con este sencillo método podemos analizar los discursos de nuestros políticos. La anáfora predomina en la arenga política, pues todo discurso masivo, decía Aristóteles, está pensado para persuadir a las masas, que gustan de un lenguaje musical.

En los discursos la sección retórica sirve para ganarse el voto de los grandes empresarios e intelectuales. La sección popular sirve para que el pueblo se sienta comprendido. Y la sección ideológica sirve para prometer, para vislumbrar, para deslumbrar. Analicemos, pensemos y decidamos.

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