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La argumentación en el diseño

“Me gusta o no me gusta, no sirve” fue sin duda una de las frases más aplaudidas y repetidas entre los que tuvimos la oportunidad de tomar algún curso de tipografía con el gran maestro Alejandro Lo Celso. La dinámica favorita de aquél cordobés era solicitar a sus estudiantes ejercicios de diseño con señalamientos muy específicos, para luego exponerlos frente al grupo y, con una gran sonrisa entre piadosa y burlona, abrir espacio para que se discutiera sobre el material expuesto. Nunca faltó el incauto que señalando un diseño dijera “A mi me gusta ese”. Y así, en ese momento y de forma inmediata le caía como rayo la frase sabia de Lo Celso “Me gusta o no me gusta, no sirve”.


Sin duda, aquella exigencia de opiniones mejor construidas no era un simple consejito para principiantes. Se trataba de impulsar algo que sería más útil que el mismísimo Photoshop: la argumentación.
¿Y para qué nos sirve la argumentación?

1. Para no trabajar doble. Si un diseño está bien pensado pero al cliente simplemente “no le gusta”, una buena argumentación puede salvar al autor de modificar el producto o volverlo a realizar. Por supuesto que para esto, habría que demostrar que hemos estudiado al receptor o público al que se dirige el diseño, y que el diseño ha sido creado pensando en su cosmovisión.
2. Para dar confianza. Un diseño puede gustar al cliente pero no necesariamente convencerlo. La argumentación hará que todo se clarifique y, además, la persona que solicitó el diseño podrá incluso presumir el trabajo, defenderlo y sentirse orgulloso de la inversión que acaba de realizar.
3. Para mostrar seriedad. Conocer y describir el porqué de los elementos empleados en el diseño (formas, colores, tipografía, composición, etc.) ayuda en la tarea de transmitir que lo que se está presentando tiene fundamento y no se trata de una ocurrencia o dibujito que cualquier niño podría hacer.

4. Para justificar el costo. Desde la Antigua Roma, donde las producción artística se dividía en Artes liberales y Artes mecánicas, se ha observado que se otorga mayor valor a los trabajos que involucran un discurso, un conocimiento basto y un claro dominio del lenguaje; que aquellos que se realizan sólo con el trabajo de las manos (o del dedo en el mouse). Por esta razón es de suma importancia dejar claro que nuestro trabajo no es realizado mecánicamente sino que surge de un estudio de necesidades y responde a tales o cuáles métodos y estrategias precisas. Esto llevará el diseño a otro nivel de valorización y por lo tanto podrá cobrarse con lo justo.

5. Para que el diseño funcione. Evitaremos diseños llenos de gráficos que no dicen nada o que dicen cosas que no queremos transmitir. Recordemos que “menos es más” como diría Ludwig Mies Van Der Rohe.

Y por último, lo principal: la argumentación no se busca cuando el diseño ya está hecho (eso se sería más parecido a la charlatanería). No, la argumentación debe estar presente desde el inicio, desde el primer punto sobre el plano.

Virginia Muñoz C.

 

Colaborador invitado

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