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Publicistas sobrevivientes de historias… Inventores de vida. (1ra Parte)

Nota: Contar historias no requiere un don, requiere vida, necesita tiempo.Ser un cuenta cuentos en treinta segundos exige más que una técnica, exige más de treinta segundos. Un publicista que ha aprendido a contar historias sabe escupir magia por la boca, sabe que la mejor forma de contar un cuento publicitario es, previamente, vivir el cuento.

Cierta noche de junio hace ya doce años, mientras el invierno de Lima se acercaba, mis demonios creativos me acorralaron; yo, un neófito estudiante de publicidad sentí el temor natural de esa edad, quería saber si estaba en el camino correcto, si esto era lo que realmente me haría feliz, ello hizo plantearme una pregunta por demás perversa y dolorosa: ¿sirvo para contar historias? Me pregunté, y la duda me acompañó hasta el día de hoy, que entiendo, que un publicista no cuenta historias sino que las vive.

Querido lector, para ser buenos storytellers, los publicistas debemos entrevistarnos con tres damas que han hechizado a los consumidores de todas las generaciones y que nos abren nuevos mundos y nuevas conductas de nuestros clientes y consumidores, son tres damas que incendian la curiosidad de los oídos e inyectan adrenalina a la imaginación. Tres damas que le dan a un narrador de historias los secretos de cómo inventar realidades.

Déjeme contarle mis tres entrevistas, y cómo sobreviviendo a mis propias historias he descubierto que contar es solo reinventar nuestros recuerdos, regalando nuestros sentimientos con cada palabra, con cada buena idea. Lo invito a vivir en mi mundo.

Primera Dama: Entrevista con la Muerte.

El sol del caribe colombiano hervía en mi piel, mi rostro reflejaba el miedo y la excitación de un preso, que sabe, le quedan pocas horas de vida. Esa mañana había decidido ir en busca de tiburones grises en mar abierto.

Mi esposa no me hablaba desde que le comente mi locura veraniega, y eso solo hacía más tensa la situación.

No había marcha atrás, ya me encontraba en el jate, y éste se alejaba cada vez más rápido de la costa. Mi compañero, Miguel, llevaba consigo unas carnadas para motivar la aparición de tan bellos e impredecibles animales.

– ¿Listo? –preguntó sonriendo el Colocho

– … -no respondí

– Hay ciertas cosas que debes saber antes de sumergirnos. Los tiburones grises no son los únicos peligros que vamos a afrontar, debes de tener en cuenta que vamos a bajar por lo menos 50 metros, y existen diversas especies que no suelen ser amigables; si irrumpimos en su ambiente podemos tener problemas. Carlos, en todo momento respira, tu tanque tiene aire para dos horas, no lo ahorres, si lo haces puedes sufrir un paro cerebral en cualquier momento debido a la presión que se ejercerá sobre nosotros.

Es importante que no te separes de mí, y sobre todo si te asustas por algo, no subas demasiado rápido a la superficie, eso aceleraría tu nivel arterial y el cerebro entraría en shock. ¿Entendido?

– Sí – respondí con el corazón en la boca y una vocecita que me decía muy dentro de mi: “mejor vemos los tiburones por tv.”
Respiré por última vez antes de ser tragado por esa inmensa criatura llamada mar, y me lancé sin pensar. A medida que nos sumergíamos el miedo daba paso a la sorpresa y a la calma, frente a mí existía un mundo solo imaginado en un documental de la BBC; de pronto y sin notarlo, el agua se tiñó de un color escarlata y se meneaba al son de las corrientes marinas: Miguel, había sacado la carnada de la bolsa.

Pasaron unos minutos eternos, y a lo lejos pudimos divisar pasmados de terror y curiosidad a tres tiburones acercarse hacía nosotros. Las bestias grises, de por lo menos unos 5 metros, ya casi se encontraban a 10 metros nuestro. De pronto y sin ningún aviso, giraron rápidamente y desaparecieron en la profundidad del océano. No podía creerlo, estábamos tan cerca de lograr nuestro objetivo y habían huido, sí porque eso habían hecho, habían huido. Miguel preso de la sorpresa, giró y sin pensarlo cogió mi brazo fuertemente y me jaló en dirección opuesta. Fueron segundos de pánico, no sabía que pasaba, de pronto, vi un cardumen inmenso de unos peses enormes y brillantes como la plata, y quedé hipnotizado, parecían hechos de metal. Mi compañero me galoneó del traje y me obligó a avanzar más rápido hacía los corales que teníamos cerca… no llegamos a los corales, en solo segundos nos encontrábamos en medio de un torbellino de barracudas, que nos rodeaban sin cesar, una y otra vez, solo recuerdo que el color plateado de sus cuerpos se había convertido en una pared infranqueable para dos buzos expuestos a sus dientes inmensos… mi vida comenzó a pasar en segundos… mi esposa… mis padres y hermanos… mis recuerdos… no sabía qué hacer, sabía que aquellos peces eran altamente agresivos y mortales si se les fastidia o se les intenta tocar…solo atiné a cerrar los ojos, ya no quería ver. Ese espectáculo, fue mi entrevista con la muerte… solo sentí alivio cuando la mano de Miguel me jaló nuevamente hacía arriba, y poco a poco subíamos lentamente. Ya en la superficie mi compañero y yo nos abrazamos, y supimos que habíamos estado a punto de morir. Yo recordé en ese momento a mi madre que gritando me decía: con el mar no se juega y como siempre tenía razón.

Querido lector, la muerte es el primer mundo que todo publicista debe entrevistar, en ese mundo, se tejen nuestros más profundos miedos. “Es, cara a la muerte, que nuestro inconsciente libera todos sus secretos, y nos permite ver nuevos territorios. Con ellos podemos experimentar nuevos insights, por ende nuevas ideas.” No lector, no estoy arengándolo a morir, solo lo aliento a aprender de la muerte, que visita todos los días nuestro mundo.

Al casi ser devorado por un cardumen inmenso de barracudas en Colombia, descubrí que un publicista debe liberar su curiosidad, (sin exagerar, como en mi caso), debe despertar su gen quijote, ese gen que nos permite arriesgarnos a conocer nuevos mundos.
Al entrevistar a la muerte, a 50 metros de profundidad, ésta me susurró el secreto que toda buena idea debe de poseer, ella me dijo: “Una buena idea, una buena historia, siempre es impredecible, siempre te engaña, desconcierta a tu cerebro, a tu realidad, juega con todos tus sentidos, los lleva al límite. El secreto de un buen cuenta cuentos publicitario, es llevar a tus miedos a una buena moraleja”.

Lector, un buen publicista sabe que sus cuentos no terminan con sus palabras, sino que continúan en la gente, en el recuerdo de un sentimiento que para bien o para mal ha construido una nueva forma de ver el mundo y por ende una forma de ver las marcas…
(Continuará)

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