Diseño

Saber leer para saber diseñar.

Al inicio era sólo una sospecha, pero con el tiempo la idea de que es necesario saber leer para saber diseñar se ha confirmado a tal grado, que hoy no concibo la figura de un verdadero diseñador que no sepa leer. Y me refiero a leer de todo, leer literatura, leer cine, leer propaganda, leer artes plásticas, leer publicidad, leer diseño, y hasta leer música.

Foto cortesía de Fotolia

Y para aclarar un poco el tipo de lectura que creo necesaria para el quehacer del diseñador, podemos rescatar dos tipos de lectores que sugiere Gabriel García Márquez en El olor de la guayaba1 (que son las clases de lecturas de las que el diseñador ideal debería de huir), y completar con un tercer tipo de lector (el recomendado).

Lector Ingenuo: El que sostiene, por ejemplo, que los insectos son sólo insectos, sin importar si se trata de una cucaracha en la cocina, de un saltamontes en una caricatura de Disney, de un montón de hormigas en una película de Luis Buñuel, o de un insecto gigante en una novela de Franz Kafka.

Lector maníco-interpretativo: El que se cree capaz (y de hecho lo es) de interpretar de formas impensables, a veces disparatadas y normalmente retorcidas cuanto texto se atraviese por sus ojos. En la mayoría de estos casos, esta “manía interpretativa” como la llama el propio García Márquez, se da por recurrir siempre a los mismos recursos interpretativos, que en el peor de los casos son mal aplicados. Ejemplo de esto pueden ser los que leen interpretando siempre desde la teoría del psicoanálisis freudiano, encontrando fijaciones y formas fálicas por doquier. O los que leen siempre desde un marxismo superficial y llegan a conclusiones forzadas como que hay que tener cuidado con Topo Gigio porque todos los ratones guardan relación con Mickey Mouse y éste a su vez es el máximo símbolo del capitalismo voraz.

Lector maduro: A este lector le gana la curiosidad por saber qué es lo que quiso decir el autor de tal o cual texto, o qué es lo que no quiso decir, o qué lo orilló a no querer decir nada. Por esto jamás podría confundirse con un lector ingenuo (que siempre se asemeja más a un historiador que a un hermeneuta). Además es capaz de acercarse significativamente al horizonte interpretativo de diferentes posturas sociales, económicas, psicológicas, teológicas y antropológicas.

Por todo esto es importante elevar nuestro grado de madurez, para poder leer textos y generar una interpretación sensata, además de poder crear diseños pensando en cómo serán descifrados por nuestros distintos lectores.

1 Apuleyo Mendoza, Plinio. El olor de la guayaba (Conversaciones con Gabriel García Márquez). Bogotá: Editorial Oveja Negra, 1982.

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