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¿Izquierda, Centro o Derecha? Marketing político

Los políticos saben que la planeación ardua representa la mitad del proselitista trabajo. La política, dicen los teóricos de todas las escuelas y corrientes, es una lucha por las palabras, por terminologías, por categorías mentales. El Barón de Jomini, militar teórico y práctico, dijo: “Un teatro general de operaciones sólo presenta tres zonas: una, a la derecha; una, a la izquierda; una, al centro”. Evitemos la lectura literal, leamos alegóricamente e interpretemos las palabras “derecha”, “izquierda” y “centro” con lentes estratégicos o connotaciones políticas.

¿Quiénes son de derecha? ¿Quiénes de izquierda? ¿Quiénes centralistas o defensistas o chovinistas o nacionalistas? Epicteto, el gran filósofo, dijo que lo importante no son las cosas, sino las opiniones sobre las cosas. Y Pascal, desde su mística, creía que la opinión pública fue, es y será la reina de la sociedad. Pensemos. Una campaña política, así, tiene que ser dedicada a generar opiniones sobre lo que es la izquierda, la derecha o el centro. ¿Qué pasaría si hago que los izquierdistas, de estirpe intelectual, no se sientan identificados con la clase obrera? ¿Qué pasaría si hago que la clase obrera pierda su “instinto de clase”, como diría Louis Althusser? ¿Qué pasaría si ligo los valores nacionalistas con los valores derechistas? ¡Todo es una lucha de ideas, de palabras, de términos!

Los economistas han demostrado que la información que emiten las instituciones influye en la percepción del público, y sobre todo en épocas electorales, épocas en las que las masas necesitan, según las enseñanzas de Goebbels, noticias, datos, información, apoyos para estibar sus opiniones. La gran política, la que se preocupa más por los ideales que por las acciones, o por el discurso más que por el decurso de la vida pública o cosa pública, invierte sus recursos en la siguiente tarea: en la de provocar opiniones favorables para su partido. ¿Cómo? Siempre recordando que si no existe un lenguaje neutral, entonces tampoco existen opiniones neutrales, y menos instrumentos o encuestas neutrales.

Los AIE o Aparatos Ideológicos de Estado, por ejemplo, transmiten contenidos que educan al receptor para que éste se sienta “burgués”. ¿Qué significa ser “burgués” en los programas de televisión, radio y demás? “Vivir bien”, “Educación”, “Bienestar”, “Familia”, “Salud”, “Paz” (uso mayúsculas para señalar el nominalismo de la arenga política). Un obrero, una persona que descansa las fatigas cotidianas frente al televisor, termina aceptando tal estilo de vida “burgués”. En un gran texto llamado `Affluence and the British Class Structure´, texto de los teóricos John H. Goldthorpe y David Lockwood, leemos lo anexo: “en cierto número de estudios realizados en el curso de estos últimos años sobre un gran número de trabajadores manuales, una proporción apreciable de los encuestados –entre el diez y el cuarenta por ciento– ha declarado pertenecer a la clase media; algunos de esos estudios han mostrado asimismo cierta correlación entre dichas declaraciones y otras conductas características de la clase `media´, como el voto conservador”.

¿Por qué un obrero declararía en sendas entrevistas ser parte de la clase media y no parte de la clase proletaria? Los antecitados autores dan las siguientes razones: porque el entrevistado conoce el fondo de la sociedad y no piensa que es un vagabundo, un desempleado o alguien al borde de la miseria (los noticieros obsequian tales trágicos conocimientos); porque el entrevistado sólo conoce la estructura de la clase obrera en la que vive, y mide sus riquezas con las riquezas de obreros adinerados y con las nimias de los harto empobrecidos (la literatura administrativa, diría Martha Nussbaum, impide que los estudiantes de carreras técnicas vean más allá de sus narices); porque el entrevistado nota que su estilo de vida es similar al que pregonan profesionales y comerciantes (el cine y las revistas enseñan cómo vive un burgués y qué productos usa un burgués, siendo los tales productos alcanzables para cualquiera gracias al crédito, a la piratería pulida y fina y a la importación); porque el entrevistado ha oído decir a sus padres que su familia tiene estirpe, clase, abolengo, aunque tal ha venido a menos.

Un político que desea generar opiniones primero genera instrumentos de medición que arrojen datos convenientes para su ideología, para su programa, para su agenda política. Si se le preguntará a un obrero a qué clase pertenece, podemos usar dos tipos de instrumentos, a saber: la pregunta abierta y la pregunta con opciones. Si se ofrecen opciones de respuesta bien explicadas, claras, tal vez el encuestado elija la respuesta correcta, pero si la pregunta es abierta o poco nítida el encuestado responderá a partir de sus creencias, nociones y falsas representaciones de la estructura social.

 

Imagen cortesía de Fotolia.

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