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¿Es el tiempo la solución?

Si algo predomina en el momento en que se busca volver atractivo a un producto es que de entre todas sus cualidades una de ellas sea la obtención de beneficios que éste genere con respecto al tiempo.

Que el tiempo se reduzca aunque sea en una cantidad moderada, que las cosas se faciliten para que todos podamos ser expertos en todo y que la aplicación de la tecnología –pues sea el producto que sea, influye de una u otra forma- nos allane la vida al grado tal de maquillar al tiempo en donde en vez de vernos cautivados por él, más bien nos veamos cautivados por la inutilidad.

Esa inutilidad originada precisamente por tanto “tiempo ahorrado”, que bien podría significar generación de experiencia, tiende a malacostumbrar a la gente de tal manera que aquella obligación de premura con respecto al mismo en cada acción, en cada día, en cada situación, hace que no sea valorado el hecho de ir lento al menos en algunas cuestiones.

¿Leer una obra literaria extensa? Mucho tiempo. ¿Aprender a escribir sin estar supeditado al corrector ortográfico de Word? Mucho tiempo. ¿Beber una cerveza por el placer que genera su sabor y no por su efecto embriagador? Mucho tiempo. Y entonces nos volvemos esclavos de aquella mentada frase y todo termina siendo “mucho tiempo”, mismo que evita también que se aprenda a darle una sazón propia a un arroz, que se aprenda a valorar una buena pista de jazz o que se aprenda a diferenciar entre una fotografía de calidad y el banco de imágenes de Google.

Entonces, después de todo, ¿es válido poner como prioridad al tiempo? Sí, el tiempo en muchos casos genera ese diferenciador que puede dar un comparativo tangible entre lo bueno y lo malo, entre lo efectivo y lo que no lo es. Pero no hay que tomarlo tan a pecho en cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Hay que aprender a diferenciar entre lo que verdaderamente merece imprimir cierta velocidad y lo que es mejor haciéndose con la paciencia suficiente para apreciarlo. Y para aprenderlo hay que probarlo. No es que las obras literarias cortas, los correctores ortográficos o las cervezas bebidas a “buen ritmo” impliquen completa negatividad, pero cómo saber si es lo que verdaderamente resulta más beneficioso si no se le da la oportunidad a aquello que merece mayor cantidad de tiempo a emplear.

 

Imagen cortesía de Fotolia.

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