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La obligación de vivir en tiempo real

La web, dentro de sus características, permite que sus usuarios sean participes de un desenfreno total de contenido. Tan amplio que muchas veces obliga a quien lo consume a banalizarlo para dar paso a nuevo contenido. Mismo que deberá ser especial para que cause algo en quien lo ve y con ello en vez de pasar desapercibido, pueda ser explotado.

La gran velocidad con la que fluye la información, hace que sea la gente la que defina lo trascendente en comparación con lo intrascendente. La situación, si se analiza, no sólo es injusta, sino que muchas veces refleja la gran limitante cultural en la que está inmerso el mundo. Pero, a final de cuentas, así es. Y en vez de quejarse de ello, se tiene que aprender a sacarle partido.

El tema puede ser interesante, pero si no cautiva a las masas (por más segmentadas que se busque que sean) no generará el impacto deseado. Y no sólo eso, porque a la búsqueda fundamental de agrado a las masas; se le suma el tiempo. Otro factor importantísimo que cuidar. Donde sobra decir que, para la gente, el hecho de dedicar tiempo a algo “pasado de moda” es considerado un desperdicio.

¿Cuántas canciones han llegado a lo más alto y pasado de moda en el último año? ¿Cuántos videos? ¿Cuántas frases? ¿Cuántos conceptos? No hay que sacar datos duros de ello para saber que es cuantiosa la cantidad que responde a cada una de las interrogantes.

La vida en línea, indiscutiblemente trascendente en cuestiones mercadológicas y publicitarias, no solamente da la oportunidad, sino que obliga a quienes estén inmersos en dichas industrias a explotar lo máximo de sí mismos. A saber qué está pasando en ese momento, qué ya no es novedoso, qué puede ser novedoso. Es decir, expandir tanto el panorama, para que las planeaciones sean en tiempo real, siempre con el objetivo de evitar la banalización de sus contenidos. Es cierto, no es que sea una cuestión sencilla. Por el contrario, requiere de disposición total, misma que implica estar al pendiente de todo.

Pero al final, la retribución es valiosa. El saber que el contenido creado no sólo no se traspapeló por su mediocridad si no que no imita (aun de manera inconsciente) a ningún otro, es el gran aliciente que se debe buscar. Las marcas y las agencias exitosas, lo saben. Y con ello (marcando la pauta), no se permiten pasar de moda pues se saben reinventar y por eso bien se les podría considerar como las dueñas del tiempo real.

Imagen cortesía de Fotolia.

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