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Políticos, más despiertos que los sociólogos

Roma toleraba cualquier credo si éste no desordenaba la vida política de la ciudad, la plaza pública, “agora” para los griegos, “foro” para los latinos. Un sistema político fuerte, estable, tolera la variedad de deidades, de opiniones, de ciencias y de culturas, mientras que uno débil, es decir, no estibado sobre una filosofía fraguada con el hierro de las ideas y con el cobre del trabajo, no puede hacerlo. Un sistema político, un Estado, “no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta” (`Números´, 23, 19), esto es, no es un Dios, sino una “máquina”, como Lenin nombraba a la tríada hecha de burocracia (parlamentarios), policía (legistas) y milicia (fuerza coercitiva). 

 

La política, la alta, ha entendido cuasi perfectamente el funcionamiento de las sociedades, o al menos sus partes unívocas. La política, pensando `in abstracto´, ha logrado lo que no han logrado los sociólogos, y no ha confundido la “teoría social” con la “teoría epistemológica” (“teoría de la práctica teórica”, diría Althusser) que toda sociología debería usar para penetrar los secretos de una colmena humana. El físico sabe que para observar una piedra se necesita una técnica de observación, y que para seguir el movimiento de la misma necesita entender las leyes de la física. El lingüista, por su lado, jamás confunde lo léxico y lo proposicional, núcleos del lenguaje, con lo gramatical, con la manera en la que los núcleos interactúan.

El sociólogo, en parangón, hace de lo relacional su objeto de estudio, y al hacerlo se envuelve en problemas, pues de tal modo ignora cuál es el método de verificación de sus hipótesis y tesis. La piedra del físico hecha es por la naturaleza, pero el objeto de estudio del sociólogo no está hecho, y hay que construirlo, y construido hay que conquistarlo, meterlo en “prisión” de “fantasía”, como dice un verso de Sor Juana Inés de la Cruz. Digamos, así, que los objetos necesitan una clase de conceptos y que el movimiento de los tales objetos necesita otra clase de conceptos. Los primeros serán analíticos y los segundos sintéticos serán.

Los primeros se verificarán con la observación (empirismo, positivismo), y los segundos con la teoría (estructuralismo, lógica). Podemos observar la venta y la compra de una Biblia (mirad la Sección Segunda de `El Capital´, llamada `La transformación del dinero´, perspicua meditación antípoda de las ideas de Comte), pero no podemos observar cómo el contenido bíblico ejerce su fuerza sobre la fe del comprador. Los políticos, que no los sociólogos, han comprendido lo dicho, y por eso, más que interpretar, transforman el mundo, como decía Marx. Y para transformar algo es imperioso captarle, antes, las peculiaridades, pues a partir de lo peculiar es posible construir métodos nuevos. Nótese que todo análisis social es una combinación de exégesis y de génesis.

Theodor Adorno, en conferencia denominada `Sobre la lógica de las ciencias sociales´, pronunció palabras anejas al sociológico oficio, elucidó la costumbre occidental consistente en medirlo todo con la vara de su cultura. Oigámosle: “Con lo cual no se postula nada similar a la tendencia de la `cultural anthropology´ de trasponer el carácter centralista y total de ciertas sociedades primitivas a la civilización occidental mediante un determinado sistema de coordinadas”. Un plan, una teoría, un método y una técnica coordenadas son, coordenadas condenadas a la obsolescencia merced al movimiento perenne de una sociedad. ¿Cómo esquivar la obsolescencia? Irving Fischer, en famoso texto, lo explica: “Si en los bosques jalamos una ramita y luego la soltamos, iniciamos un movimiento de oscilación de un lado a otro. Eso es un ciclo real, pero si no hay una perturbación adicional, el movimiento pronto cesa y la ramita se vuelve a quedar inmóvil”.

Enristrad estas cuestiones: ¿qué perturba la sociedad que vemos?, ¿podría recrear tales perturbaciones para hacer más fácil la experimentación?  Y si posible es, ¿descubriré algo nuevo produciendo siempre las mismas causas? Karl Kraus, ha dicho Pierre Bourdieu, perturbaba con novedades y con artículos periodísticos al Estado vienés, y de los efectos causados extraía apologías y críticas incontrolables para la “máquina” estatal, pues ésta desconocía las tácticas y técnicas del gran lector de Shakespeare, Karl Kraus, judío genial. El genio del sociólogo será una especie de “intuición creadora” o creación, como dice Popper, de bergsoniano sentido. ¿Qué es tal sentido? William James, fundador de la pragmática psicología, en conferencia enunciada en el Manchester College en el año 1909, dijo (`Bergson y su crítica del intelectualismo´): “Para conocer adecuadamente lo que realmente `ocurre´ deberíamos, insiste Bergson, ver dentro de los intervalos, pero un matemático ve sólo sus extremos”.

El sociólogo busca orígenes o materializaciones, Génesis y Apocalipsis: busca las causas de la emigración y la cristalización de ésta, pero poco se fija en lo que acaece en el transcurso de la misma, afirmando que tales acaecimientos propiedad son de la antropología, de la psicología social, de la historia, de la ciencia o de la política. Dichos acontecimientos intermedios forjan peculiaridades, singularidades, particularidades, es decir, las partículas o núcleos que explican, verosímilmente, un movimiento social. El punto, moviéndose, instaura imaginaria línea, así como sendos puntos vistos por un ojo que a alta velocidad viaja también simulan ser una línea. El sociólogo, obsesionado con el método, con la inmaculada epistemología, gusta de transformar sus métodos en recetas, y éstas en manuales, y los manuales en cegueras intelectualistas, en razones o conceptos sin objeto.

Spinoza, grande en lo psicológico e incapaz en lo sociológico, suministra un ejemplo de intelectualismo. La Proposición XI de la parte primera de la `Ética´, afirma: “Pues las cosas que se producen en virtud de causas externas, ya consten de muchas partes, ya de pocas, deben cuanto de perfección o realidad tienen a la virtud de la causa externa”. ¿Una transformación tecnológica sorprendente y buena para la ciencia provoca beneficios y bondades para la sociedad? Sobran las pruebas que lo contrario demuestran. ¿La ingente inoculación de capital en un país pobre hace de éste un país rico? Petty, Stiglitz, Sen, dirían que no. Hace falta, como decía Adorno, una “middle range theory” que permita relacionar hechos naturalmente humanos con hechos artificiales, o en palabras de Marx, instituciones burguesas con instituciones eternas. “Sistema y particularidad son recíprocos y sólo en su reciprocidad resultan cognoscibles”, nos dice Adorno.

¿Queréis ejemplos de políticos comprensivos de peculiaridades? Los secuaces de Kautsky, que pretendían metodizar el marxismo, fueron acuciados por Lenin, sabedor de la importancia del “análisis concreto” de una “situación concreta”, esto es, sabedor de la importancia de una observación que no busca homogeneizar. Lenin, que diez arduos años se instruyó en buenos libros marxistas, anota (`La revolución proletaria y el renegado Kautsky´): “Para no advertirlo es preciso ser un criado consciente de la burguesía, o un hombre políticamente muerto, al que polvorientos libros burgueses le impiden ver la vida real y que está impregnado hasta la médula de prejuicios democrático-burgueses”. La sociología actual, la que busca ignorar lo histórico y lo político, burguesa es.

¿Más ejemplos de aguzada vista? “¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América?”, nos dice José Martí en texto llamado `Nuestra América´. ¿Más? Deng Xiaoping, en discurso pronunciado en septiembre de 1982, dijo: “Integrar la verdad universal del marxismo con la realidad concreta de nuestro país, seguir nuestro propio camino y construir su socialismo con peculiaridades chinas es la conclusión fundamental que hemos sacado al sintetizar las experiencias acumuladas en un prolongado período histórico”. Fíjese el curioso lector que los políticos, de la praxis amantes, han entendido que una sociedad no funciona sin ser perturbada, y que las perturbaciones forjan el verdadero objeto de estudio de la epistemología social.

Imagen cortesía de Fotolia.

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