Diseño

El juego del espíritu y de los sentidos en la percepción

Crear es faena siempre sumatoria que rompe reglas aritméticas. No es producir “algo de la nada”, sino arte combinatoria de elementos. El hombre, compuesto de arcilla y hálito vital, de carbono y agua o de casualidades y causalidades, tiene también cualidades aditivas para zurcir la realidad con el espíritu y los sentidos.

En el mundo que acaece a través de nuestros sentidos, rebosante está de colores, de sonidos, de figuras, de texturas, de intenciones. Esos elementos juegan entre sí, combinando sus propiedades y creando formas y texturas, como ocurre con los rayos del sol entre las nubes sobre las montañas templadas. Pero estas relaciones especiales cuando son observadas, los sentidos las perfilan.

A través de los sentidos se les da un orden y una función, tal como las estrellas en una constelación. Los astros juegan con sus gravedades y con sus masas, efectos que no percibimos con los sentidos, pero sí las agrupamos con la vista y el espíritu figurándolas como animales o seres mitológicos.

También es obra del espíritu potenciar ciertos elementos que juegan dentro del límite otorgado. Al escuchar con sutileza la Quinta Sinfonía de Beethoven, atinaremos que toda la obra se compone de cuatro notas agrupadas. Las primeras cuatro emitidas tienen un tono, un ritmo, mientras que las siguientes cuatro tienen una pequeña variación que juega con los sentidos. Las siguientes notas, más rápidas y con tonos distintos, siempre de cuatro en cuatro, potencian las notas que las suceden, sin apreciar que dentro de ellas algunas se repiten, pero se sienten con más fuerza.

Esos son los juegos de los elementos, que cobran un sentido y una intención, pero sólo envuelven a quienes conocen el perfil que ha impreso el artista. Nunca provocará el mismo sentimiento una pieza musical alemana en un conciudadano que en un ruso, por más culto y avezado que sea en las artes musicales. De igual forma, nunca tendrá el mismo espíritu y evocará sentimientos iguales una obra pictórica original, que una copia, por muy exacta que sea.

¿Qué enseña todo esto? Impregnar cada obra, cada creación con nuestro espíritu, engendrará más sentimiento y más sentido de pertenencia que las obras producidas con desdén.

 

Imagen cortesía de Fotolia.

Colaborador invitado

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