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Reflexión sobre el BTL

¿Qué es el BTL? Digamos, por el momento, que es el arte de comunicar mensajes o sensaciones a través de la estructura de la ciudad o, mejor dicho, usando medios de comunicación no tradicionales, de los que necesitan de segundos o minutos para hacer su labor persuasiva. https://www.roastbrief.com.mx/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

El ATL usa protagonistas ficticios, y en el BTL el protagonista es uno mismo.

El ATL usa argumentos rígidos, mientras que el BTL permite que cada persona use los argumentos que guste para convencerse.

El ATL logra objetivos medibles, alcanzables y tangibles, pero el BTL provoca experiencias increíbles, de ensueño e inalcanzables comúnmente.

La Televisión requiere de veinte segundos para lograr sus efectos; la mención en radio exige pobres doscientas palabras o menos para explicar una axiología; en cambio, el BTL no tiene límite de tiempo, y además de transmitir mensajes cifrados, o sea, eslóganes o atributos, transmite emociones, sensaciones, el espíritu de las marcas.

El BTL usa analogías, digamos, físicas.

Usted busca un seguro de vida, y alguna aseguradora piensa que simular un abismo al final de la carretera hará que usted piense en el final de la vida. “Fin del camino, fin de la vida”, analogamos, mas no razonamos, ya que sobre el coche no tenemos tiempo de meditar como meditaríamos frente a un tríptico.

El ATL, explícito, denota, agota su mensaje en el tiempo de transmisión; el BTL, implícito, connota, es decir, no agota su poder en mucho tiempo.

Lo explícito, por quedar a la vista, puede ser rápidamente explicado, razonado, y lo que se razona pierde fantasía; en cambio, lo implícito, que es como el arte, es indirecto, y logra efectos duraderos, pues causa que el entendimiento haga un esfuerzo libre de interpretación.

El BTL, resumamos, es útil para provocar (iniciar, interesar) y para reforzar (recordar, re-emocionar), mientras que el ATL es útil para explicar. ¿BTL? Sí, pero si vamos a vender la deportividad del coche. ¿ATL? Sí, pero si vamos a vender la tecnología del coche.

 

Imagen cortesía de Fotolia.

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