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El libro como objeto de diseño

Siempre he sido un fanático de los libros. Desde el primero que leí, que en este caso fue Yo, robot de Isaac Asimov, no he podido separarme de ellos y a partir de entonces, una cantidad innumerable ha pasado por mis manos. Después de mucho tiempo, más allá de ser historias que me llevaran a nuevos y maravillosos mundos, comenzaron a convertirse en casi un fetiche, se convirtieron en obras de arte, en objetos de deseo.

Aún hoy en día sorprende a propios y extraños que siga comprando libros que ya haya leído, y mucho más extraño les parece que tenga en mis estanterías cinco o seis libros del mismo título y autor. Ni siquiera se toman la molestia de observar el libro a detalle, sí, es verdad, tengo debilidad por ciertos títulos en particular, pero las piezas en sí, el trabajo de diseño, ediciones especiales valen la pena. Una vez que tienes ese objeto en tus manos, y ves el cuidado con el que se trabajó la edición, la impresión y el extremo detalle que se tuvo en su diseño, calidad del papel y las ilustraciones realizadas especialmente para la edición, no puedes mas que admirar, respetar y desearlo, Cet obscur objet du désir. Es en ese momento cuando sólo deseas que ese excelente objeto esté en tu poder. El hecho de que ya lo hayas leído, o tengas otra edición del mismo, pasa a segundo plano.

Habría que mencionar que también son pocos los libros que cuentan con el privilegio de haberse editado en varias ocasiones, y sobre todo que se realicen ediciones especiales del mismo. Hablamos de obras al nivel Historia de dos ciudades, El principito o La Biblia, y es precisamente en ello donde radica la belleza del mismo, sí, es un objeto de distribución masiva, pero sigue siendo uno que con cada nueva edición se re-inventa en su forma y diseño, manteniendo la esencia del mismo.

Hace tiempo cometí el error de dejar pasar ciertos libros, y decirme, “no te preocupes, después lo comprarás”, para que a los pocos meses, y después de desvivirme y no poder conseguirlo, me recriminara el no haberlo comprado cuando tuve la oportunidad. Por lo que cuando llego a encontrar un libro o edición especial de alguna novela por la cual me sienta atraído, trato en la medida de lo posible de siempre quedarme con ella, ya que se convierten en algo más que un simple libro. Para mí es como coleccionar piezas de diseño únicas, que son en sí mismas algo especial, comenzando por ediciones exclusivas de algunos de mis libros favoritos como El señor de los anillos de Tolkien, o El Aleph de Borges, así como encontrarme obras que son únicas en su concepción, obras maestras del diseño y la narrativa como Building stories de Chris Ware, y S de Doug Dorst y J.J. Abrams, ambos en parte piezas de arte, experimentos literarios y un homenaje a los libros en sí.

El libro como objeto siempre debiera ser pieza fundamental en nuestro gabinete de curiosidades. Ya es de un gran valor lo que nos ofrece a través de lo escrito en sus páginas, ahora hagamos de la lectura una experiencia mucho más placentera, hagamos de esta herramienta única de imaginación y creatividad una pieza de diseño extraordinaria, y de la experiencia de lectura algo todavía más extraordinaria de lo que ya es.

Imagen cortesía de Fotolia

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One Comment

  1. Pues vaya. Yo cuando veo que un artículo se llama “El libro como objeto de diseño” me espero alguna que otra imagen con su correspondiente comentario del diseño de ciertos libros y no una vaga descripción de lo que le jode al autor no haber conseguido comprar algunos de ellos.

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