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La llegada a la Academia Mexicana de Creatividad

Sin estar segura de cómo había llegado ahí, un día de agosto me encontré sentada frente a un español que me contaba sobre sus planes de encontrar artistas que pintaran las paredes, directores de cine que proyectarán sus películas, compañías de teatro que presentarán su trabajo y guionistas que impartieran clases; todo en este lugar, de donde tenían que correr a los alumnos horas después de terminadas las clases, interrumpir el trabajo de los equipos y obligarlos a regresar a sus casas. Mi interlocutor afirmaba repetidamente que la academia no estaba dedicada a publicidad sino a la generación de ideas, que el punto aquí es hacer mejores creativosy que el producto fuera lo que fuese tenía que ser consecuencia de un proceso crítico que rechazara fórmulas mediante un proceso enfocado a generar sus propias metodologías.

Un dato curioso sobre mí: esta era la primera vez en mi vida que me tenían que aclarar que la meta de un proyecto al que pensaban invitarme ¡No era publicidad!

Yo estudié arte en Nueva York y había pasado los meses previos a esta entrevista buscando en el D.F. un campo de trabajo que me ofreciera ese algo que me ataba al mundo artístico a pesar de las miles de canas verdes que ese ambiente me sacaba y toda la bilis que mi cuerpo amanzaba derramar 8 de 10 veces que entraba en contacto con ese medio. Mi búsqueda en México estaba frustrada principalmente por el hecho de que, a pesar de haber dedicado años a esta exploración, yo seguía sin entender qué parte del mundo del arte me seducía.

Y  ahí, sentada en esa oficina en Polanco, estaba escuchando a alguien hablar de creativos de la misma forma que me hubiera gustado escuchar a alguien hablar de artistas y a pesar de lo ajeno que era la publicidad para mí (o tal vez gracias a eso) el mensaje del director de esta academia resonaba conmigo. Este mantra de no enseñamos publicidadme liberaba de toda la falta de conocimiento de la que sufría yo cuando alguien me hablaba de ese medio; así que acepté la invitación y me involucré en este proyecto.

Hoy, gracias a mis compañeros, creo entender mejor la dinámica dentro de una agencia, sé de copys y de directores de arte, y ya me han aclarado varias veces cuál es la diferencia entre concepto e idea. Estoy en un grupo con personas que hablan de marcas, clientes y festivales; nadie ha mencionado una galería en meses y yo no he hablado una sola vez de los artistas a los que hacíamos referencia en mi universidad todos los días. Aún así cuando alguien me lo pregunta no dudo al responder que no trabajo en una escuela de publicidad; a pesar de que el siguiente tema que introduzca yo a la conversación sean comerciales de colchones en los que he estado trabajando desde hace dos días.

El comentario más acertado acerca de mi involucramiento con la Academia Mexicana de Creatividad que he escuchado hasta ahora vino de mi madre quien después de escucharme hablar sobre la clase del pasado jueves dijo: No sé si a eso se refieren cuando hablan de creatividad pero creo que lo que a ti te gusta de ese lugar no es ni el formato ni el producto final, sino la idea de cuestionar lo establecido y preguntar de qué otra manera se pueden hacer las cosas, es lo mismo de lo que hablabas cuando describías el trabajo de los artistas que te gustaban. Así es, estoy en una escuela donde a veces escuchamos sobre campañas publicitarias, otras diseñamos apps y pronto hablaremos con directores de cine respecto a sus películas; sí, a eso me refiero cuando hablo de creatividad.

Autor

Fernanda Bonilla

Coordinadora de la Academia Mexicana de Creatividad

La Academia

Formación de creativos con una visión más conceptual y estratégica del entorno de la comunicación, el diseño, la publicidad y el pensamiento digital.
@LaAcademiaMX

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