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Las malas ideas

¿Quién no ha tenido, alguna vez en su vida, un pensamiento que lo atormenta a tal grado de cometer una mala decisión? Hoy en día es muy común encontrar en la industria (y más frecuentemente en los altos mandos) a personas despectivas con una idea. Que si no vende, que si ya se vio, que es una idea mediocreEn fin, descripciones no faltan a la hora de criticar una idea.

Seguramente todos conocemos esa historia tan cool en la que Arquímedes de Siracusa hace la famosa exclamación ¡eureka! tras descubrir (en su bañera) que el volumen de agua que ascendía en su tina era igual al volumen de la corona del rey Hierón II. No me detendré en explicarla porque es una historia muy contada últimamente para describir las ideas creativas; sin embargo, me gustaría describir una historia alterna en donde Arquímedes NO CONFÍA EN SU IDEA, en la que él, en lugar de confiar en la simpleza de la arquitectura de la solución, comienza a dudar y después, para confirmarsi su idea es buena o mala, acude a un tercero y la cuenta.

Eso es lo que sucede hoy en día en las agencias. Las agencias siempre han sido una fuente inagotable de grandes ideas; entre campañas, soluciones, nuevos productos, estrategias y demás, hasta la piel se pone de gallina. Creo que ésta es la mejor industria en la que pudimos encontrarnos tú y yo. Pero ¿qué está pasando con las ideas actuales? Cada vez vemos campañas más estandarizadas, hemos perdido ese toque con el que la publicidad y las estrategias se vuelven eso, publicidad y estrategias; hemos dejado a un lado las experiencias, las sonrisas, ese sentimiento rico después de ver o ser parte de una activación de alguna marca, para dejar como resultado simples números y gráficas explicadas al gerente de marca en una presentación de computadora.

¡¿Qué nos está pasando?! Estamos perdiendo ese toque, esa emoción, y todo eso es gracias a ti, sí, a ti que no confías en esa gran idea solamente porque no cumple con los requisitos que te pide la agencia, o porque la idea jamás se ha probado o peor aún, porque esa idea se te ocurrió a ti pero después de consultarlo con la persona más súper wow de tu círculo, decidió que tu idea era poco funcional.

Hace poco tuve la oportunidad de tomarme un día para disfrutar esos detalles de la vida y me aventé un viaje por el Turibus. Debo confesar que amo esos momentos en los que puedes compartir lo que más amas con otras personas, y aprendí muchas cosas; entre ellas:

  1. La vida es demasiado bella como para no tomarte un respiro: Las ideas no son buenas, ni son malas: sólo funcionan en el momento o no. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si Antonio Meucci no hubiera dado tan fácilmente su invento del teletróno (el primer nombre que se le dio al teléfono)? Hoy le aplaudiríamos la idea a él y no a Graham Bell. Si piensas que tu idea es mala, trata de ver las soluciones que tu idea actual da a la sociedad o a un grupo en específico, toda idea es funcional o al menos una parte de ella.
  2. No des por obvio los detalles que ya conoces: Algo que me fascina de viajar es cuando tengo la oportunidad de ir a los lugares que ya visité. Suena un poco tonto, pero a veces los cambios son tan poco notorios debido a la rutina que nos cargamos. Me he subido muchas veces al Turibus y siempre encuentro nuevas cosas. ¿Cuál es el cambio que tu idea actual ofrece al mercado?
  3. Acompaña tu momento por alguien que valga la pena: Si bien todos somos diferentes, siempre he dicho que en las diferencias está la victoria. Procura que tu idea no sea criticada sino construida; tú eres la única persona capaz de quitarle algo a tu idea. En esto diferenciarás a las personas que procuran tu crecimiento: todos te dirán qué aspectos de la idea son nefastos o inservibles, pero los que valen la pena aportarán a tu idea para que se fortalezca y te dejarán a ti el complicado trabajo de quitar los detalles innecesarios.
  4. Prepárate para un viaje largo: Alguna vez leí que un viaje de diez millas comienza con un paso y para ser sinceros, la aceptación de una idea tarda mucho más de lo que esperamos. Eso no nos debe decepcionar, al contrario, cada segundo o cada bateada de idea nos tiene que ayudar e inspirar para continuar insistiendo. Siempre hay algo que aprender y mientras más aprendemos nuestra idea va creciendo más y más.

En algún momento de mi vida me he encontrado con personas que han decidido etiquetar mis ideas. Muchas personas en la preparatoria me tachaban de infantil y mediocre. Irónicamente por esas misma características, en la universidad me etiquetaron como creativoy con iniciativa; pero en ese mismo periodo, cuando dije que mi idea era ser emprendedor, todos me tacharon de loco y que jamás la haría en el mercado. Hoy puedo decir que he llegado hasta donde estoy por ser fiel a lo que soy.

Chavos, que no nos engañen: las malas ideas son aquellas que salen de nosotros y que únicamente tienen el objetivo de dañarnos a nosotros o a alguien más. Fuera de eso, sólo hay ideas que sirven en el momento o que pueden servir en un futuro. Mi abuela decía que la mejor forma de echar a perder algo es dejando de creer que se puede arreglar y creo que mientras más nos aferremos a criticar ideas, más detendremos nuestro potencial de hacer ideas guapas. ¡Escribe la historia que quieres vivir!

AUTOR

Shamir Luna

Coach de emprendimiento y líder de proyectos en Grupo de la Luna, mercadólogo de día y superhéroe de noche; desarrollo estrategias de negocio a través del game thinking. He sido trainee, profesor, speaker, becario y encuestador telefónico; pero mi mero mole es el pensamiento estratégico-empresarial.

Imagen cortesía de iStock

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