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Principios y finales

Principios y finales por igual pueden llegar a ser fuente de inspiración, la forma de hacerlo puede ser considerado memorable. La lista de libros que han logrado esto podría extenderse bastante, pero creo que tres es un número significativo, al menos para mi, por lo que les presento tres de los inicios y finales de una novela que más me han impresionado.

Inicios

La forma de iniciar una historia es casi tan importante como la forma de terminarla. Las palabras adecuadas al abrir un libro pueden hacer que entremos de lleno en ese universo que nos da la bienvenida en la primer página, o bien pueden hacernos rechazarla y cerrarlo.

La metamorfosis. Frank Kafka.

Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en la cama transformado en insecto monstruoso.

J. D. Salinger, The Catcher in the Rye.

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.

Rayuela. Julio Cortázar.

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.

Finales

No tengo que decirles que si no han leído los siguientes libros (ver las películas no cuenta), y no quieren conocer las palabras con las que sus autores decidieron terminarlos, no deben seguir leyendo. A mi parecer, los finales son mucho más importantes que los inicios, te hablan del camino recorrido, no solo de los personajes, sino del propio autor, y su camino a través de la aventura que constituyó crear y recorrer ese camino, en momentos feliz, en momentos sinuoso, que ha llegado a su fin y nos ha dejado, en el mejor de sus casos, algún aprendizaje.

Soy leyenda. Richard Matheson.

Tosió carraspeando. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se tomaba las píldoras. Se estrecha el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo. Soy leyenda.

George Orwell. Animal Farm.

Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.

El señor de los anillos. J.R. Tolkien.

Aquí termina esta historia, tal como ha llegado a nosotros desde el sur; y después de la desaparición de Estrella de la Tarde nada más se dice en este libro acerca de los días antiguos.

Hay autores que incluso llegan a escribir en primera instancia el final, y tienen muy claro hacía donde van y respetan ese final hasta que logran llevar a sus héroes o villanos a ese punto. Hay otros que deciden que la historia los lleve a buen puerto por si sola. En ambos casos, inicios y finales son importantes, nos enseñan quiénes somos, quiénes fuimos, y el camino que hemos recorrido, en todo esto habría materia para una nueva narración, pero la nuestra ha terminado.

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