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¿Cultura o inteligencia?

Existen dos conceptos que los que nos dedicamos al ramo comunicativo, ya sea en publicidad, diseño, mercadotecnia o RRPP, hemos escuchado hasta el cansancio. La batalla constante entre que una persona sepa hacer las cosas pero, tal vez, carece del conocimiento básico de algunas herramientas para desempeñar su función y entre la que se conoce de pies a cabeza los procesos, conceptos, historia y desarrollo del mismo.

¿Qué es lo que necesitamos más para el desempeño personal y laboral? ¿Ser ‘culto’ o tener ‘inteligencia’ nata?

El “ser culto” y el “ser inteligente”, se consideran estados distintos del intelecto, uno se refiere más bien a la cultura que una persona adquiere y la otra es incluso una aptitud fisiológica que puede medirse, desarrollarse y cuantificarse.

Suponemos que alguien puede alimentar la cultura por los libros que lee y recuerda, por la calidad de sus conversaciones al hacer énfasis en pasajes históricos, de lugares a los que ha viajado e incluso, de las películas que ve.

“Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí, los mejores frutos de la civilización” enfatizaba mi maestro de teorías de la comunicación…

Desde la perspectiva estudiada, una persona culta cuenta con atributos y virtudes que no todas las personas alcanzan, es compasiva, empática, solidaria, amable y quizás hasta sabia. Existe toda una corriente del pensamiento que define y desmenuza las definiciones de la cultura y cómo evolucionan en el ser humano.

La inteligencia, por otro lado, se ha intentado estudiar como una cualidad inherente al humano como especie. Se atribuye a que la inteligencia es el resultado de una evolución y que, por lo tanto, todo el mundo la posee. La inteligencia explica que seamos capaces de leer, ver una película o leer un libro. Que podamos andar en bicicleta o que sepamos jugar scrabble.

Curiosamente, en el ámbito social y laboral, en ciertas circunstancias, la cultura y la inteligencia parecen ser enfrentadas. Esto puede ser una idea clasista en la que, la cultura se atribuye a clases más altas y con mayores posibilidades de tener acceso a motivos que enaltecen la cultura. Ciertos libros, ciertos viajes, incluso, ciertos restaurantes.

De esta explicación, surge la idea de que, el ser inteligente, es un mecanismo de defensa en el que, quizá no todos seamos cultos, pero indudablemente, existen personas que pueden hacer lo que tú no. Y dolor al ego. Cuando la cultura y la inteligencia se usan de esa manera, es previsible que se conviertan en categorías deleznables.

Para algunos el no tener cultura, se puede compensar con el hecho de, por ejemplo, poder pintar un muro sin nunca antes haber tenido estudios para esto.

Es cierto que tanto la cultura como la inteligencia están relacionadas con la desigualdad inevitable del sistema como la desnutrición, por ejemplo, la cual tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo de una persona o un niño, y sabemos bien que hay sociedades más desnutridas que otras. Igualmente la cultura, a pesar de todo, se ha convertido en un producto de consumo, lo cual provoca que surja y se destine a personas que puedan “adquirirla”.

Quizá por eso para muchos ser inteligente parezca más atractivo que ser culto. ¿Para qué cultivarse, si la cultura también sirve para humillar y diferenciar? ¿Para qué cultivarse si, con eso, alimentamos a esa maquinaria despiadada de producción-consumo-deshecho?

A pesar del dicho de Proust “Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”, quizá la inteligencia sea ese conector que nos lleve fuera de los simulacros de la cultura contemporánea.

El gesto de tributar la cultura a la autenticidad para aceptar así que, a lo sumo, podremos responder dos o tres preguntas en la vida, poco más o poco menos, y será suficiente, ¿será más auténtico que todas esas preguntas que dicen responder las personas cultas y podrá marcar la diferencia entre las personas inteligentes?.?

Imagen cortesía de iStock
Tai Cornejo

Lic. en Ciencias de la Comunicación. Maestría en Comunicación Organizacional, cuenta con estudios en Marketing y Publicidad. Publirrelacionista especializada en cuentas de consumo y tecnología desde hace unos ayeres, amante de la música, el cine y la comida. Apasionada de temas como redes sociales y nuevas tecnologías, sobre todo el cómo influyen en nuestra vida diaria. Sígueme en Twitter @Mrs_Taii

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