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El planeta no necesita que lo cuidemos

Siempre ha habido, desde luego, campañas publicitarias y sociales de bien público. Está muy bien que así sea: es necesario despertar conciencia y llamar a la acción sobre determinados temas, como enfermedades, abusos, carencias y, en general, conductas desacertadas y/o criminales que deben ser corregidas.

Las agencias de publicidad dedican buena parte de su tiempo a elaborar estas campañas; uno quiere creer que esto se debe a su ponderable solidaridad pero todos sabemos que también son un buen método para obtener premios. Sea como fuere, de un tiempo a esta parte, muchas de estas campañas alertan sobre la implacable depredación de nuestro planeta. Se trata de cuestiones a las que no se les prestaba atención antes, pero ahora, cuando nos empezamos a dar cuenta del enorme riesgo que corremos, nos preocupan.

Sin embargo, a mí me parece que la gran mayoría de estas campañas incurre en un error de concepto. Porque estas comunicaciones nos solicitan con insistencia que “cuidemos el planeta”, declaran que “el planeta nos necesita”, afirman que “estamos destruyendo el planeta”, entre otras apelaciones de similar obviedad. Desde luego, ninguna de estas campañas funciona. Todos, absolutamente todos, seguimos “destruyendo el planeta” con creciente entusiasmo.

¿Y por qué no funcionan? Porque no están diciendo la verdad. No estamos “destruyendo el planeta”, y tampoco necesitamos “cuidarlo”. Según los científicos, personas en las que conviene confiar, este planeta existe desde hace 4.470 millones de años, y los seres humanos (es decir, la especie conocida como homo sapiens) llevamos en él aproximadamente 200.000 años, apenas un instante fugaz en la extensa historia de la Tierra. Esto significa, básicamente, que el planeta se las ha arreglado bastante bien antes de nuestra aparición, y seguirá haciéndolo cuando ya no existamos o hayamos evolucionado hacia alguna otra cosa, ojalá superior. Pensar que podemos “destruir el planeta” es una bravata típica de la soberbia humana, la misma que declara, sin ponerse colorada, que somos los reyes de la creación.

Lo que estamos haciendo no es destruir el planeta sino destruirnos a nosotros mismos. Así es como se debería encarar una campaña para despertar conciencia ambiental; no con una apelación tan absurda e impersonal como “cuidemos la Tierra” sino con una más urgente e identificable: cuidémonos a nosotros, a nuestros hijos y nietos, a las especies animales y vegetales. Porque la terrible verdad es que mucho tiempo después de nuestra total y aparentemente inevitable aniquilación, el planeta va a seguir acá, muerto de risa.

Me encantaría emprender una campaña con este concepto claro y honesto, e incluso que alguien más la encare. ¿Quién se anima?

Imagen cortesía de iStock

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