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¿Sabías qué? La publicidad es algo pueril

Un niño de entre dos y cinco años puede hacernos hasta 500 preguntas al día, antes de entrar a la escuela los niños de preescolar saben un promedio de 7 mil palabras y desde los dos años y medio aprenden un promedio de 100 palabras al año ¿cuántas preguntas al día nos hacemos, cuantas palabras nuevas aprendemos al año, en una profesión como la de comunicadores? Un dato extra, uno de estos niños ríe en promedio 300 veces al día, un adulto tan sólo 25 con un máximo de umbral de 30, (sin tener en cuenta lo beneficioso que es la risa para nuestra salud tanto física como mental, vivimos de una miseria de felicidad).

La publicidad es un ser amorfo, los publicistas por ende no debemos de aspirar a ser niños grandes, cuando aún somos pequeños. Por el contrario nuestra aspiración debería de ser, la de ser niños pequeños jugando a ser bebés. Los bebés que comienzan a caminar tienen un deseo innato de ser exploradores y curiosear por todo lado. En esta etapa, los niños adoptan una conducta desafiante e independiente, a pesar de que son 100% dependientes de su madre y familiares, y eso es algo que especialmente ellos saben. Ese instinto individualista y desafiante del mundo, pero que nos hace concebirnos como parte de una comunidad, es lo que mantiene la sinergia en los buenos grupos de trabajo.

Los niños de entre uno y tres años pueden parecer algo lentos y para los adultos sus asuntos no son más que puerilidades, sin embargo los que en realidad somos lentos, y no solo lentos sino atolondrados somos nosotros. Estos niños no solo prestan su atención a lo que está frente de ellos, sino que ¨en realidad¨ ven y viven el mundo como es en realidad, de 360 grados, se interesan hasta por las características y los estados más banales de las cosas y los animales, pues de ahí viene su deseo de conocimiento y la pregunta más importante que una persona se puede plantear ¿Por qué? Muy verosímil con una de las preguntas más difíciles de responder para un publicista, el ¨reason why?¨.

Esta situación me recuerda un par de escenas de la mejor película sobre relaciones públicas que hay (Jerry Maguire), donde Jerry tiene una serie de ¨pequeñas¨ discusiones con el pequeño hijo de su asistente; para este caso el niño no realizaba preguntas, pues el ya tenía las respuestas, su frase favorita era ¨¿sabías qué?¨. Considero que este niño fue un paso más allá de donde llegan los pequeños de su edad, y a donde debemos de llegar los adultos que queremos ser considerados creativos, este paso fue el de convertir las preguntas en investigación.

Investigando para escribir este artículo encontré un consejo para padres que considero de gran utilidad para los publicistas, ¨ los padres deben adoptar una perspectiva lúdica, de manera que al responder a las preguntas del pequeño, sus respuestas sean amenas, divertidas e interesantes¨.

Imagen cortesía de iStock

Wilford Camargo

Estudiante de mercadeo y publicidad apasionado por las estrategias de las marcas, tengo un instinto de científico, así que deseo saber el ¨por qué¨ de todo, y en mi campo las respuesta a esa pregunta están en el neuromarketing. Mis escritos estarán relacionados a estrategias, historia y ciencia.

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