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Cada día una aventura

Nunca olvidaré mi primer día en el área de mercadotecnia. Después de 3 años en la industria de medios, donde todo es relativamente rutinario (aunque buscaba renovarme cambiando de área) decidí renunciar para estar de parte del cliente.

Tres meses después estaba trabajando en la industria confitera, entré como asistente de marca, y ese primer día me ‘pescó’ el director de ventas en la entrada, prácticamente llegando y me enseñó un grupo de dulces que tenía que fotografiar, después mi jefa me enseñó a quitarles el fondo en Photoshop. Me llevó literalmente todo el día. Fue interesante pues conocí los empaques de la competencia que había en ese momento.

A partir de ese día nunca hubo dos días iguales, había días trabajando hasta tarde en la computadora, haciendo presentaciones, pronósticos o presupuestos. Otro día podía estar tomando un avión de madrugada para ir a alguna feria. Algunos días había que vestirse ‘de gala’ para ir a ver a algún cliente, asistir a eventos o recibir visitas corporativas, otro día había que sacar las peores ‘garras’ para ir de storecheck a La Merced y lograr pasar desapercibidos.

Desde mi primer puesto, pasando por gerente de marca y luego llegar a tener a cargo el área, nunca dejó de ser emocionante vivir y hacer marketing. Conocer distribuidores, competidores, fábricas, y proveedores super interesantes, hacer visitas a sus oficinas y a sus cadenas de distribución. Recorrer las ferias para conocer lo nuevo en el mercado y las ideas más innovadoras. Conocer los mercados y las marcas diferentes a lo largo de muchos estados de la república y otros países. Comer dulces y helados hasta empacharnos para decidir las opciones de sabores para lanzar al mercado. Supervisar las degustaciones o activaciones, de los lanzamientos o treparse todo el día en una camioneta del distribuidor para conocer sus rutas. Salir a cenar y echar la chela después de las ferias con todo el equipo de ventas que siempre son los más divertidos y tienen las opiniones más sensatas. Comer con dueños de empresas del medio y conocer sus historias de éxito. Conocer los procesos de los proveedores y saber las soluciones que pueden brindar.

Todas las industrias son apasionantes y tienen sus detalles, trucos y secretos. En el mundo de la confitería aprendí de fragancias, colorantes y saborizantes, de materiales y técnicas de empaque, vi diferentes procesos para la creación de los dulces más vendidos en México y en otros países. Aprendí de fábricas, ingredientes, y técnicas de impresión. El desarrollo de productos es de lo más apasionante.

Aprendí que cuando no hay dinero para hacer grandes campañas de televisión, hay que usar la innovación de producto, que el empaque es tu mejor vendedor.

Para hacer marketing hay que ser flexible y estar dispuesto a todo para aprender, hay que estar siempre preparados para cualquier sorpresa y dispuestos a romper la rutina o el plan del día, cada día.

 

Imagen cortesía de iStock

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