Comunicación

Es que todos sabemos perder pero pocos sabemos ganar

Si me han leído desde que inicié mi aventura en tumblr, van a recordar un post algo parecido que escribí hace tiempo, pero éste más que queja, encuentra una solución, lo cual me hace muy feliz.

Bueno, pues ahí voy. Como un amante del tenis me ha costado entender un principio básico de este gran deporte que adoro y que me parece que aplica para la vida diaria: La diferencia entre perder y “no ganar”.

¿Qué no es lo mismo? Se preguntarán muchos pensando que estoy totalmente pendejo y que no tengo idea de lo que estoy hablando. Pero, les prometo que son cosas diferentes y si me siguen leyendo, espero explicar mi punto para que se entienda.

Ojalá que no crean que me estoy transformando en una especie de Miguel Angel Cornejo del coaching empresarial y de vida pero por fin mi cabeza encontró la respuesta que buscaba y me parece buena idea compartirla con este espacio de lectores para ver si ayuda de algo como espero que me ayude a mí.

Una cosa es enfrentarte contra alguien que es superior a ti, que tiene mejor técnica, mejores golpes, mejor preparación física, mejor táctica, estrategia y que inevitablemente te haga pedazos y otra es no tener la capacidad mental (que no técnica) para no cometer errores no forzados y entonces no concretar los puntos importantes y sí, “acabar perdiendo”.

Lo primero es muy claro: simplemente, fuiste superado por alguien mejor que tú. Tienes que regresar a la cancha y seguir entrenando. Seguir practicando tus smashes, tu revés, tu derecha, tus tiros de aproximación, tu físico, para que la próxima vez que enfrentes a ese rival, puedas hacer un papel más digno o incluso ganar (a mí me suena mucho a cualquier reto diario de la vida de quien sea). Digamos que en este panorama lo que hace falta, es preparación.

Lo segundo (y que ha sido materia de estudio profundo en el caso de un servidor) es cuando técnicamente estás en igualdad de condiciones que tu rival pero cometes errores que aparentemente eran tiros que podías ganar y acabas perdiendo.

Eso tiene que ver con tu estado mental. Si estás pensando “no la vaya yo a cagar” o tienes miedo de tu contrincante, o de pronto cambias de opinión en lo que ibas a ejecutar terminas sacándola de la cancha o estrellando la pelota en la red (también esto se refleja en la vida diaria: si no estás seguro de cómo actuar aún teniendo las capacidades mentales y técnicas para hacerlo, y dudas, generalmente vas a terminar cagándola).

Y eso no está relacionado PARA NADA con tu contrincante. Porque sí, yo solía quejarme de esos jugadores que me han tocado varias veces en la cancha. “Los pasaboleros” que, como su nombre lo indica, lo único que hacen es pasar la bola, sin proponer un esquema de juego, sin ponerte en peligro, sin intentar un winner. En mi caso, odio a ese tipo de jugadores porque me acaban desesperando obligándome a cometer errores. Me caga que alguien simplemente, “pase por la cancha” esperando a que la otra persona se equivoque. Me parece una manera muy mezquina de jugar. Y de ganar.

El contrincante acaba ganando, sí.

Pero en realidad hoy entendí que se debe ver como una problemática no del contrincante sino propia: “es no saber ganar”. Y es responsabilidad 100% del que pierde. Mi contrincante puede jugar como sea. Si estamos en igualdad de circunstancias técnicas, yo debería salir triunfante del encuentro.

Al final de eso se trata este partido. De tener consistencia. Porque claro, nadie es perfecto. Incluso Nadal y Federer cometen de 8 a 13 errores no forzados por set. No hay que pretender que uno no se va a equivocar. El chiste es no se engancharse en los errores, salir mentalmente de ese bache y seguir pasando la bola.

Pero ojo que aquí es donde por fin he encontrado la gran diferencia entre un pasabolero y en lo que debería ser – a mi muy humilde punto de vista- el gran juego de la vida.

Tengo dos conclusiones:

1.- Confiar en que lo sabes hacer.

Sí, ya sabes. Ya tienes la técnica. Has pasado horas entrenando tus swings, yendo a la escuela, arreglando esa presentación, preparando ese reporte, trasnochando por semanas. Cuando llegue el momento, lo único que tienes que hacer, es dejarte fluir. No pensar en otra cosa, no tener miedo. Ejecutar. Con serenidad. Seguramente vas a hacer un tirazo y vas a ganar el punto. Y el set. Y el partido.

2.- Ser consistente y tener la cabeza fría.

Es mejor saber cómo pasar la bola un millón de veces y esperar no a que el contrincante se equivoque, sino disponer de una estrategia y acomodar la cancha para generar el momento de hacer un tiro ganador.

Obviamente eso se logra con paciencia. Porque no cualquiera puede pasar mil bolas y no morirse de un infarto en el tercer juego. Hay que tener preparación física y mental y mucha paciencia para atacar cuando debemos y así, sólo así no acabar perdiendo.

Luis Elizalde

Executive V.P. Chief Creative Officer.
Saatchi & Saatchi México. Sígueme en @luisfelizalde

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