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Contenido o incontinencia: la historia de Mark y Audrey

Empezó como una conmovedora historia de amor. Mark y Audrey, una pareja de Singapur, decidieron compartir en las redes sociales su resistido romance. ¿Por qué resistido? Porque él tenía 23 años y ella 47. La aparentemente rígida sociedad singapurense no veía con buenos ojos la diferencia de edad de los tortolitos, y las primeras en protestar habían sido sus respectivas familias. Pese a esta situación, Mark y Audrey siguieron adelante y buscaron para ello el apoyo de la gente, mediante la creación de una página en Facebook y un canal en YouTube. La página se llamó “Calling out for Blessings – Spread to your friends”, algo así como “Solicitamos bendiciones – Compártanlo con sus amigos”.

Miles de personas comenzaron a seguirlos en las redes, alentándolos a persistir en su romance mediante likes, comentarios y shares. Tan grande fue el apoyo que Mark y Audrey anunciaron que se iban a casar y que su boda iba a ser transmitida en vivo online. Durante una semana fueron compartiendo sus preparativos con fotos y videos; la cantidad de fans aumentaba y también lo hacía la repercusión de la historia, no sólo en las redes sociales sino también en los medios que empezaron a reproducir la movida. Hasta que llegó el día del casamiento.

El streaming en vivo comenzó con Mark subiéndose a un auto con sus padrinos, todos ya listos para ir directamente a la boda. Uno de los padrinos filmaba la situación con su cámara. De repente, Mark anuncia que olvidó algo fundamental en su habitación del hotel y que debe ir a buscarlo. Se baja del auto pero no lo vemos, porque la cámara sigue mostrando el interior del vehículo. Escuchamos un terrible sonido de frenada y un golpe fuerte y seco. Esto hace que los padrinos se bajen corriendo del auto, dejando la cámara adentro. La pantalla funde a negro y aparece una leyenda:

“En la vida ocurren cosas inesperadas. Asegurate para proteger a los tuyos”.

El video seguía con la aclaración de que la historia de Mark y Audrey era una ficción sobre “dos amantes que lucharon para estar juntos pero cuyo futuro les fue negado por un evento desafortunado”. Y cerraba diciendo que “esta campaña fue creada para destacar la incertidumbre de la vida”.

En efecto, se trataba de una campaña publicitaria. Y seguía siendo incógnita o teaser, es decir, la marca detrás de ella todavía no se revelaba, aunque era sencillo adivinar que se trataba de una compañía de seguros. Pero las protestas ante la acción fueron de tal magnitud y violencia, que la empresa decidió no hacerse cargo. Y tampoco lo hizo la agencia de PR responsable de la idea: su identidad aún no ha sido dada a conocer. (Al menos eso sostienen los medios que cuentan la anécdota; a mí me resulta un poco difícil creer que nadie sepa quién hizo la acción.) La campaña “Mark & Audrey” se realizó en 2011 y hasta hace poco seguían apareciendo comentarios negativos en la página de Facebook, que finalmente fue levantada. Sucede que mucha gente se había enganchado con la historia de la pareja y fue enorme su decepción ante la revelación de que era sólo una acción publicitaria y de que “Mark” y “Audrey” eran actores que interpretaban sus papeles. De hecho, la furia de los defraudados fans se dirigió también a estos actores, que denunciaron al medio Asia One que estaban siendo objeto de “hostigamiento”. La actriz que hizo de Audrey confesó estar preocupada por su seguridad y la de sus hijos, ya que recibía constantes amenazas; su preocupación se extiende a las posibles repercusiones negativas que la campaña, ya calificada como un “epic fail”, puede tener en su carrera.

La compañía de seguros y su agencia, siempre sin revelar sus nombres, postearon que “la idea era brindar una experiencia que el público perciba como real”. Una frase que a más de uno le resultará extrañamente familiar, y por una muy simple razón: aparece, de forma casi literal, cada vez que un cliente solicita “un viral”. Que la romántica y trágica historia de Mark y Audrey nos sirva de lección.

Roberto Patxot

Trabaja en publicidad desde hace más de 30 años, y no tiene ninguna intención de parar. Gran parte de su carrera la realizó en OgilvyOne, donde llegó a ser Director Creativo Regional. Fue jurado en casi todos los festivales publicitarios; ha dado (y da) charlas en varios países de América Latina. Hoy se desempeña como Director Creativo en Ogilvy Argentina, y escribe sobre aquello que le gusta: publicidad, claro, pero también cine, libros, música y otras cuestiones. Padece de una rara versión del Síndrome de Tourette, que lo lleva a compartir con frecuencia chistes tan faltos de gracia como irritantes.

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