Creatividad

Creativo, creativo, pero no tanto

En verdad que podemos ser ridículos, muy ridículos. Los hipsters son mal vistos y tan excesivamente infravalorados, mientras que los publicistas (algunos suelen ser hipsters as well) no tenemos queja alguna de lo efervescente, burbujeante y sparkling que podemos ser. No señor, nosotros somos libres como el viento y felinos como un gatito en moño rosa.

Encontrar una identidad es parte de la personalidad y todo ese rollo psicológico del que no hablaré. Cuando elegimos una industria tan diversa y folklórica sabemos perfecto que no hay límites y que un creativo de traje es prácticamente irreal, por no decir imposible. De esas historias urbanas en las que el entrevistado sin “ondita” no será contratado, o esas otras en las que los creativos creen que se ven mejor si se tatúan, perforan y rockean durísimo.

Somos como bichos raros; amorfos, oblicuos e inocuos. Así somos los publicistas. Tenemos códigos diferentes y vivimos en un mundo muy paralelo. En verdad hay que aceptar que somos raros. Nos vestimos como nuestro ser creativo nos dicta, nos pintamos, tatuamos, perforamos y todo lo que se le parezca, simple y sencillamente por el hecho de sabernos libres y expresar en nuestro aspecto y cuerpo, esa libertad que en el trabajo no tenemos (ha-ha, crédulos). Es muy importante saber qué tipo de creativo publicitario eres y ubicar en que submundo vives, ya que, como todo, debemos pertenecer a algo.

Nunca había visto a tantos creativos juntos en un solo lugar. Y no eran creativos cualquiera, no, no, no. Creativos creativos, wannabe creativos; en aspecto y personalidad. Y ahí estaba, mirándolos a todos, su comportamiento, sus manías, vicios, estilos y formas. Y pensé: ¡No mames, estos son los creativos del futuro!, pero después me acordé que esas cosas del Sr. Futuro, me cagan y se me pasó. Los veía y podía sentir sus anhelos y sueños frustrados. Su cansancio se reflejaba en las ojeras kilométricas, pero eso sí, tenían el ímpetu y las ganas. ¡Cómo chingados no iba a haber ganas, si de esto vivimos, si las pinches ganas son las que nos dan fuerza… las ganas… ¡hay que pinches ganas!

Estábamos reunidos para recibir un brief que prometía algo más que un premio; visibilidad y reconocimiento. Se respiraba un ambiente bastante dinámico y rompedor, era como si toda la creatividad estuviera arriba, en el techo. Colores, formas y muchas ganas de crear. Salimos del reciento listos, preparados, ilusionados y sobre todo; mentalizados a no dormir por las próximas 24 horas. Y así ocurrió. Los vi segregarse, los vi unirse y hablar de cosas pendejas, de cosas inteligentes, de cosas… esas cosas que sólo nosotros los publicistas entendemos. Palabras y jerga bien mamona, bien pocha y bien de agencia para que quede claro que somos importantes y que a diferencia de todos los demás, estamos en un lugar privilegiado y nuestra vida es interesante (ha-ha, ilusos).

Caminé despacio y me pregunté: ¿Cuándo se acaban las ilusiones y los sueños de ser mejor? ¿Cómo llegan las ideas? ¿Quién dice qué es ser chingón? ¿Cómo llegué hasta acá? ¿Dónde voy a comer? ¿Conozco a mi dupla? Y así, muchas preguntas que pasaron por mi mente para tener una sola respuesta; cállate y trabaja.

La industria está llena, infestada, repleta y saturada de creativos que no son creativos, de gente no creativa que sí es creativa. Al final, lo importante son las ideas, que si bien, se aderezan con “ondita”, “joteo” y colores en el pelo, no garantizan inmortalidad, no hasta tener una vida que nos llene. No, hasta vernos en Cannes o quizá en la playa, o donde sea que te veas y seas feliz. No sé, por mi parte, sólo me subo a mi meteoro… y me largo, ¡arre meteorito!

Imagen cortesía de iStock

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2 Comments

  1. Yo fui copy y usé traje y corbata y amé hacerlo cada día (y no, no me sentía Don Draper, sino un high roller de mi sector). Solo confirma tu punto: el creativo es amorfo. TIENE que ser amorfo.

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