Comunicación

El origen del logro

He ido a diferentes cursos enfocados a lograr un objetivo o una habilidad: aprender a vender, comunicarse mejor, ser mejor líder, emprender. De pronto me he dado cuenta que todos esos programas tienen un factor en común: te sugieren tener una actitud mental positiva; empezar por creer que eres capaz y puedes lograr tu meta.

Te dicen de diferentes maneras, que lo primero que deberías hacer es quitarte todas las telarañas mentales que te impiden avanzar, confiar en tus capacidades, dar lo mejor de ti. Otros te dicen que el primer enemigo a vencer es “el duende”, “la vocecita” o el “subconsciente” que te ataca con malos pensamientos y te desanima cada vez que estás dispuesto a hacer algo o a punto de tomar una decisión importante.
Por pura intuición y criterio, nos podemos dar cuenta que si una persona quiere vender algo o dar una presentación importante y antes de su show, está pensando que todo va a salir fatal, lo más probable es que el resultado no sea el mejor (aún si le va bien). Si sabemos lo que estaba en su mente, podemos adivinar que le habría ido mucho mejor si antes de presentar se hubiera visualizado haciendo todo excelente, con un papel espectacular.
Si por pura intuición sabemos todo esto, ¿por qué no lo hacemos? ¿por qué no tomamos las mejores decisiones? ¿por qué optamos por flagelarnos y pensar siempre en lo peor? La respuesta es que esta actitud, es un reflejo aprendido. La prueba está en que los niños pequeños no tienen miedo, no han aprendido a medir los riesgos, a pensar en lo peor, a sentir vergüenza y temor al ridículo; si quieren o les toca hacer algo, simplemente lo hacen. Pero las circunstancias, los mismos niños y los adultos, nos enseñan a que en la vida te juzgan, te comparan, se burlan, te ridiculizan, te enseñan que hay cosas malas que se ven mal; el tiempo va alimentando los miedos. Lo malo es que nos llevamos esos miedos infantiles a la vida adulta, sin haber aprendido cómo librarnos de ellos.
Esta situación se resume en que estamos programados para basar nuestra seguridad en elementos externos y en la aprobación ajena. Debemos aprender a obtener seguridad de nuestros propios medios, talentos, logros anteriores, preparación, conocimientos y todo aquello que nos dé los argumentos para pensar en que todo saldrá genial, porque si lo visualizamos así, no tendría porque ser de otra manera.
Si en Internet pones “actitud mental positiva”, encontrarás miles de consejos, técnicas y pensamientos hermosos que te dicen cómo conseguirla (sonreír, dar a los demás, practicar la gratitud, compartir, recordar momentos amorosos, cuidarse y consentirse) pero todo eso ya lo sabemos y cada quién tiene o debe tener sus propias fórmulas.
Debes conocer y alimentar tu propio potencial. Es tu responsabilidad encontrar la manera de mantener una actitud mental positiva; a cada quién le sirve algo diferente. Pregúntate:
¿Cómo puedo lograr empezar cada día con un pensamiento positivo?
¿Qué tipos de pensamientos y recuerdos me ayudan a sentir confianza?
¿Qué acción (si la realizara cada día) haría una gran diferencia en cuanto a sentirme bien conmigo mismo?
¿De qué tipo de personas, ambientes, información y pensamientos me rodeo cada día?
En lo personal, ¿qué tipo de preparación me serviría para iniciar bien cuando tengo que hacer una participación o presentación?
¿Qué he intentado antes? ¿Qué es lo que nunca he intentado?
Estas preguntas intentan ser detonadores que abran posibilidades, tus propias posibilidades a mejorar y que te dan las pautas de los cambios y ajustes que debes hacer para iniciar cada proyecto con la mejor de las energías. Sientan las bases para dar lo mejor de ti, y eso siempre, siempre te garantizará el éxito tarde o temprano.
Somos lo que pensamos, lo que sentimos y cómo llevamos esto a lo que hacemos.
¡Piensa en grande!
Imagen cortesía de iStock
Yandira Ortega

@yandiripop Mercadóloga, speaker, coach y emprendedora. Preguntona por naturaleza y metiche de profesión. Felizmente mamá y apasionadamente feliz. Amo el marketing pero descubrí en el coaching la mejor manera de crecer. Mi objetivo; alcanzar la excelencia cada día. Mi estrategia; disfrutar todo lo que hago. Mi fuente de energía; aprender siempre algo nuevo.

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