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Más creatividad, menos publicidad

Primero que nada, gracias por leerme a pesar de que existen mil notas saliendo desde hace unos días referentes a Cannes. No te preocupes; en realidad no voy a hablarte exactamente de este evento. No pienso decirte que ojalá estuviera ahí (aunque lo piense, claro), ni que México esto, ni que Brasil el otro. Tampoco voy a decirte que la publicidad va a salvar al mundo ni que es el arma más poderosa que existe contra todos los problemas. La verdad es que por el título pudiste inferir, que en realidad lo que menos pido en estos momentos es eso: publicidad.

Oye Laura, y ¿tú qué estudias? Diablos. Publicidad.

Así es. Estudio publicidad, y con el párrafo anterior no quiero que creas que no me gusta ni tampoco que pienses que soy de esas redactoras que escriben lo difícil que es trabajar en esta industria o que le tiran piedras cada que pueden a pesar de que viven de ella. No, en realidad vengo a decirte que están geniales esos trabajos que salen en Cannes, que amo gran parte de las campañas que se presentan y que me sorprende la capacidad que tienen las personas para crear resultados que parecen tan simples (y nos hacen creer que son sencillos) cuando en realidad tienen tanto ingenio detrás de ellos. Todo eso está perfecto pero, ¿qué vida hay después de la publicidad? ¿Es eso todo lo que podemos dar?

Este año que he tenido la oportunidad de poder estar un poco más detrás de los trabajos que se presentan en esta clase de festivales, que me he dedicado a escribir notas y notas respecto a eso, me he percatado que se nos ha olvidado la esencia de esta clase de eventos (o al menos lo que se debería de apreciar). Y curiosamente no son las piezas ni las campañas ni las agencias. Tampoco son los creativos, pero sí tiene mucho que ver con ellos. Para mí, es el ingenio que tiene toda esta gente.

Estos festivales en realidad nos muestran lo capaces que somos y lo increíblemente creativos que podemos llegar a ser. Cuando veo campañas que vuelan mi mente, no puedo dejar de pensar en quiénes fueron las mentes maestras tras ese trabajo y qué hubiera pasado si esa idea también la hubieran aterrizado en una solución a un problema real.

Así es: creo que en realidad hemos avanzado mucho en niveles publicitarios y no puedo criticarlo, pero sí creo que ya que descubrimos qué tanto podemos lograr, es momento de aprender a canalizarlo también a soluciones.

Para ser honesta, sé que no soy la primera en percatarse de esto y poco a poco somos testigos de ideas grandiosas diseñadas por creativos, desde iniciativas como el pasado Pandatón, carrera en la que el único propósito era sumar kilómetros para ayudar a la cura de enfermedades graves, hasta proyectos como campañas sociales que se han venido realizando en los últimos años.

Creo que el último consejo que puedo dar, de publicista en proceso a creativo, comunicólogo, diseñador o derivados: no está mal que se haga publicidad, pero no sacien su sed ahí, no dejen que su potencial muera con ella, porque más que publicidad, este mundo está ávido de creatividad, pero de esa creatividad funcional que detecta problemas, detona ideas y acciona soluciones.

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