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Para romper las reglas, primero hay que saber jugar

Vivimos en una comunidad donde hay grandes personalidades (por no decir, que hay gente virtuosa y que se siente única).

Y en nuestro medio, ni se diga la clase de gente que llegamos a conocer: desde un Slash, hasta un Friedrich Nietzsche.

Todos con talento, todos con ganas de innovar. Sin embargo, algunos idealistas parecen no encajar con las reglas establecidas, y lamentablemente, la adaptabilidad es un atributo que te puede, o hacer más fuerte, o enviarte a la banca.

He conocido gente que siempre está contra el sistema, y ha brincado de agencia en agencia siempre gruñendo por diversos temas: la subjetividad para elegir ideas, que no les den regalías por un logo que ellos propusieron, que no les den libres los días tranquilos de diciembre…

Cuando brincan al lado corporativo, se topan con la otra cara de la moneda: la rigidez en los horarios, los procesos burocráticos, la frialdad de la gente…

Y cuando tratan de ser emprendedores, toca el turno de ser atacados por la burocracia para elegir proveedores de ciertas empresas, los largos tiempos de pago y de la injusta Hacienda llevándose lo poco que se consigue.

No, no es que estén mal; éstas cosas suceden. Nunca nadie dijo que la vida es fácil.

Está bien ser idealista, pero si no te puedes adaptar creyendo que siempre tienes la razón absoluta en todo, te van a retirar desde el inicio.

Se vale romper las reglas, pero primero hay que adaptarse, hacer lo que hacen los demás, conocer las reglas del juego, jugarlo como todos, superarlos y entonces sí, innovar y tratar de hacer historia.

Entonces, ¿juegas, o te quedas en la banca?

Imagen cortesía de iStock

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