Comunicación

Si volviera a nacer, volvería a escribir

Hoy todavía no sé si existe vida después de la muerte, si reencarnamos en animales o nos volvemos polvo que se perderá en la eternidad. Creo que realmente no he llegado al punto en mi vida donde me interese demasiado qué pasa después de la muerte, pero si hoy me dijeran que volveré a vivir después de morir, pediría fervientemente volver a ser redactora.

El ser redactor siempre me ha parecido más una forma de vida que una profesión. No lo veo como una forma de ganarte la vida sino como el camino por el que la vida me ganó a mí. Es por esa razón que me considero redactora desde el día en que mi papá me regaló un juego de computadora llamado “Pequeño escritor”. Aunque mis historias no pasaban de familias que iban de paseo de campo, creo que desde el día en que le dedicas unos minutos de tu tiempo a las letras, éstas se vuelven parte de ti.

A partir de ahí me di cuenta que no había lugar en el que me sintiera más cómoda que cuando me sumergía entre las palabras. Luego descubrí que existían otras personas que también entregaban cuerpo y alma a este oficio y fue ahí donde entendí un poco más de cómo funciona la mente y vida de un escritor.

Cuando le escribes alguien, es una forma de inmortalizarlo. Conforme pasa el tiempo, te vas dando cuenta que cuesta más trabajo escribir acerca de una persona, porque sabes que al plasmarlo en una hoja de papel o una pantalla, es una forma de hacerlo eterno.

A lo largo de la historia, hemos encontrado diferentes poemas, escritos e incluso novelas dedicadas o inspiradas en una persona. En muchas ocasiones podemos pensar, que en realidad las musas de estas fantásticas narrativas no lo merecían. Ésta es la segunda cosa que debemos entender y es que cuando se le escribe a alguien, no necesariamente se hace porque esa persona al final lo merezca, sino por el gusto y lo mucho que te llena hacerlo.

Lo que nadie te dice es que a esas personas que nos inspiran a escribir, les debemos la vida y un poco más. Son las que nos hacen inventar versos mientras vamos caminando y son ellas las que motivan los personajes más fascinantes. Sí, no sé qué haríamos los escritores si no existieran esas personas que nos roban el aliento y que hacen que un frío inexplicable recorra nuestro cuerpo. A todas y cada una de ellas que nos han motivado, tengo algo que decirles: sin ustedes, todo esto no sería posible. Gracias por hacernos sentir tanto.

Así que si te encuentras con un escritor, no lo dejes de ir. De repente notarás que mira hacia el vacío y pensarás que no te presta atención, pero en realidad te está inventando de mil formas diferentes. Aprecia esos escritos que te manda por las noches y si te dice que sufrió de insomnio el día anterior, seguramente no te lo dirá pero estuvo pensando en ti.

Aprende a querer su paso despistado y el drama tan característico que le gusta agregarle a las cosas cotidianas, ya que a ese pequeño escritor le encanta exagerar las cosas, pero no porque le guste mentir, sino porque tiende a sentir al doble la vida; todo lo bueno y todo lo malo de ella. Créele la mitad de las cosas que te diga, porque aunque no lo parezca, no tiene idea de lo que quiere pero generalmente, quiere todo lo que tiene.

Si de pronto notas un haz de luz pasar por sus ojos mientras te mira, no tengas la menor duda: ya te está escribiendo de mil formas diferentes. Si es así, no necesitas hacer gran cosa más que ser tú mismo. No te sorprendas si descubre cosas que ni siquiera tú sabías que habitaban dentro de ti. Te ayudará a entender quién eres mientras tú le das el mejor regalo que le podrías brindar: una razón para escribir.

Laura López Trujillo

Aún no sé cuál es mi misión en este mundo y espero no saberla pronto. Mientras tanto, soy estudiante de Publicidad en la ciudad de Puebla y me encanta leer cualquier cosa que se me ponga enfrente. Escribo en mis ratos libres, soy extremadamente observadora y amante de las series de televisión.
Sígueme en twitter: @lauralt1

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