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Dejar huella

Había llegado y la verdad no le conocía. Decían que era muy bueno, que tenía un ojo increíble y que como él, pocos. No lo creí, necesitaba verlo y confirmar que realmente era un chingón. Llegó el día, estaba en el equipo, éramos parte del equipo.

Fue como un pegamento ultra firme que unió a la banda. Entre risas, bromas, albures y mucho, mucho alcohol, comenzamos a ser el equipo más chingón; a ganar pitchs, a ser vistos y “ser alguien”, todo gracias a esa unión. Sí, era bueno. Realmente me llegó a sorprender y entonces comencé a admirarlo (raro en mí). Tenía de talentoso lo que tenía de fiestero; un chingo.

Pasó el tiempo y comenzó a exceder ese pequeño nivel, ese umbral entre lo divertido y lo excesivo. Eran pedas todos los días a todas horas, era muy divertido, todo, todo era divertido con él, pero llegó la cosa esa que llaman Karma y le cobró la factura. Un infarto fulminante lo borró del mapa un sábado mientras veía tranquilamente la televisión. Esto contrarió y alarmó a propios y extraños, nadie podía creer que a tan temprana edad, él, había muerto. 

No voy a negar que era la persona más divertida y una de los directores de arte más chingones que he conocido. No tengo duda. Pero también sé que ser chingón no es suficiente. El éxito no sólo se basa en lo bueno que eres; es un cúmulo de situaciones, acciones y metas claras que debes seguir al pie de la letra. Ser bueno está chingón, pero ser excelente es mi ideal.

Al final, todas las situaciones que pasan en la vida nos enseñan una lección. Pienso y creo firmemente que de los errores, los fracasos y las malas rachas, se aprende mucho más, que en esta vida es mejor saber lo que no se quiere para llegar a lo que sí se quiere.

Esta pequeña historia es sólo para recordar(me) que el talento y la chingonería no son suficientes. Que en este mundo publicitario tan lleno de fiestas y uno que otro exceso justificado por ser “creativos”, podemos perder foco y desviar la ruta. Todo depende de lo que quieras y hasta donde vas llegar, entonces, tú ¿qué quieres? 

*Esta historia es ficción y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, las personas y situaciones son resultado de la imaginación de un loco intenso que busca maneras diferentes de comunicar como ve la vida.

Chico Meteoro

Loco intenso en proceso de regeneración. Me caí cuando era chiquito, eso explica muchas cosas. Raro, extraño, desinhibido y extrovertido, pero no con todos y no en todos lados. Me encanta viajar y conocer la mente de la gente. Odio las mentiras y el plátano es mi kryptonita que tiene como antídoto pastel de chocolate.

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