Creatividad

Welcome to San Miguel

Una de las tantas cosas que me encantan de esta profesión es que tienes la oportunidad de conocer y poder trabajar con artistas, escritores, actores, directores, o fotógrafos reconocidos mundialmente por su obra. Gente tremendamente creativa que hace que tu camino de aprendizaje por la vida, se ensanche todavía más.

En esta ocasión, me tocó ir a comer en San Miguel de Allende con el mutiafamado fotógrafo Spencer Tunick.
Sí, éste:

Desde hace 6 años, Spencer pasa su veranos en San Miguel de Allende con toda su familia (como muchos norteamericanos), así que quedamos de verlo ahí. Llegamos puntualmente a la cita a uno de sus lugares favoritos en San Miguel: Cumpanio (restaurante/panadería al que tienen que venir cuando tengan oportunidad porque está muy bueno) y comenzamos a platicar del proyecto que tenemos en mente y en el que queremos que participe.

Lo primero que nos dijo es que él no hacía publicidad y que había rechazado muchos de los proyectos a los que lo habían invitado en Dubai, Japón, Inglaterra, pero que nuestra idea le había gustado mucho y por eso había accedido a tener una reunión con nosotros.

Me llamó la atención su mesura y su timidez, pero recordé también que muchas veces las mentes creativas más brillantes se comportan de esa forma.

Mi idea era contarles un poco más de cómo transcurrió la reunión, pero como les he comentado en repetidas ocasiones, esto es todavía secreto, entonces tendría que ir cual sicario a neutralizarlos (abatirlos, diría el ejército mexicano) a todos y cada uno de ustedes y no sé dónde viven, así que hasta aquí la reseña de mi junta con el amigo Spency.

Pero esperen, porque mi día , ya de por sí interesante, dio un giro todavía más inesperado.

¿Quién iba a decir que conocer a este personaje no sería el highlight de mi martes?

Simple: El aprendizaje, muchas veces viene de dónde menos lo esperas. Por eso hay que estar siempre con la mente abierta e ir a lugares que no tenías planeado. Y el martes muy a pesar mío y de la vida, el aprendizaje no vino de mi muy enriquecedora charla de casi 3 horas con Spencer, ni de mi fallida visitando la casa de las ranas (galería a la que tienen que venir cuando estén en San Miguel, mandando un mail previo, porque es privada) un lugar muy sui generis donde actualmente se exhibe una obra multi artística en la que participa, además de Spencer, Anado McLauchlin y Kristin Bowler. No.

Vino del Shelter Theatre, un foro minúsculo en donde todos los martes hay sesiones de “open mic”. Por 30 pesos – que incluyen chupe y palomitas – tienes derecho a sentarte en primera fila si así lo deseas y presenciar una nutrida sesión de “lo que sea” durante un par de horas. Los participantes que quieran, se anotan en una lista para tener sus 10 minutos – literales – de fama y expresar sus cualidades histriónicas.

A ver, no es nuevo el concepto del “micrófono abierto” para mí (aunque no lo crean no soy tan teto como parece). Lo que es nuevo y totamente refrescante es la desfachatez vertida por la gente que va a este lugar.
Regularmente, hay un tema en las noches de amateurs como comedia, o música, pero acá en el Shelter, todo se vale.

Y cuando digo todo, me refiero a todo. Así, desde nuestra llegada (digo nuestra porque fuimos con unos amigos que viven en San Miguel, de otra forma JAMÁS nos hubiéramos enterado de la existencia de este lugar) pudimos ver cómo una australiana enumeraba una a una, muchas realidades que le llamaban la atención y que había investigado. Como por ejemplo que la contaminación de los mares hace que cada vez sea más difícil que los barcos pesqueros atrapen peces sanos para el consumo humano, o que Nestlé quiere comprar muchos de los mantos acuíferos del mundo porque les parece que el agua no debe ser gratuita.
“¿Can you believe that? I’ts crazy ¿right?” Decía la mujer.

Luego pasó un sexagenario a tocar el tambor en una especie de llamado a Simba y también explicó que “what you want to do with drums is put them away from direct sun light, otherwise the skin cracks up, and that’s what happened with mine, so that’s why I haven’t play them in a while”.

Llegó el turno de otro personaje que recitó poemas del siglo XVIII y XIX y al final leyó “humpty dumty” causando los “has-has” de la audiencia “because I wanted to end my participation with a happy note”.
Le siguió una niña como de 10 años. Podría haber sido la hija de Janis Joplin – si es que Janis Joplin hubiera tenido hijos- tez morena y pelo rubio, pero de esos rubios de exceso de sol no de carga genética. Calzaba unos huaraches que ya habían visto sus mejores días y unos leggins agujerados. Tal vez llevaba un par de días sin bañarse. Ella una vez estando frente al micrófono preguntó inocentemente a la gente “¿Hay alguien ke hablau espaniol? – en otro contexto la pregunta, además de insultante hubiera parecido ridícula, pero aquí sentado entre todo el público, me hacía todo el sentido del mundo-.

La niña hizo una rutina de adivinanzas – en español – y tuvo el poco tino de subir al escenario a una señora Rusa a responderlas. Esa señora Rusa, 20 minutos más tarde estaría vociferando a mil decibeles una canción ukraniana que incluía zapateados y aplausos muy potentes (de su parte) ante al azoro de la audiencia. Y así, le siguió una reinterpretación por 3 hombres de mediana edad de una de las escenas de “the Big Lebowski”, “movie that everyone has seen right?”. Luego una señora que parecía señor se subió al escenario y leyó tímidamente otra serie de poemas, no sin antes pedirle encarecidamente al maestro de ceremonias que “please don’t go anywhere, stay here and spot me, cause I’m a nervius wreck”. I heard that, I was in the front row. Ay, perdón, yo lo escuché porque estaba en primera fila.

Luego disfrutamos -casi de corrido- de un par de pasajes de Shakespeare recitados “almost by heart because this happened when I was in drama class at the Seattle University back in the day”. Y para cerrar la noche, “with a very different act” otros tres adultos contemporáneos hicieron una representación de una escena de otra película. Esta vez: Rocky, pero, en lugar de escuchar de fondo la canción de “eye of the Tiger” con todo y letra para la escena, uno de ellos ponía el soundtrack mientras recitaba la letra de manera muy convincente. Frente a él, sentado en una mesa interpretando a Silvester Stallone, el otro adulto contemporáneo rompía no uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco, sí, cinco huevos crudos que engulló como un pelícano se tragaría a un pez. Bueno, de hecho tres de ellos los echó uno por uno en una taza y los dos últimos, los rompió y se los tiró directamente en la boca seguidos de los gritos de asco de todos los presentes.

Aplausos y se prendieron las luces.

Y así concluyó mi visita al estado de Guanajuato, cuna de la independencia nacional. Con una noche surrealista, que no desentona con el momento que vive el país. Ahí, en San Miguel, sentado en las butacas de este antrito, con una audiencia tan cosmopolita como la de Tokio o Nueva York, el ambiente no se sentía ni la mitad de violento y peligroso. Todo era felicidad, poesía, risa y festividad. It really felt like a whole different country. And maybe it is.

Feliz viernes tengan todos.

Luis Elizalde

Executive V.P. Chief Creative Officer.
Saatchi & Saatchi México. Sígueme en @luisfelizalde

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