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Detrás de un texto enviado hubo un creativo que dio mil vueltas, que lo desarmo por completo, detrás de una palabra puede haber diez sinónimos borrados y el número de revisiones depende de cada creativo. Un texto publicitario es pensado, es basado en una estrategia, tiene que ser llamativo y persuadir entre  tantas las letras que vemos a diario. Hay que hacer buen uso de las palabras, ellas son las que hablan por la marca.

Hay copys que salen en 2 minutos así como conceptos que duran trasnochos. Detrás de cada texto hubo mil pensamientos, distracciones y hasta 2 cafés.

Priorizar entre tus textos es importante, algunos lo hacen con mayúsculas, con colores, subrayan, usan diferentes  fuentes, tamaños y número de párrafos. Unos escriben con música rápida otros más tranquila, hay quienes no escuchan nada. Algunos leen lo que escriben con pasión, otras palabras cautivan solas. Algunos pasan más tiempo en Internet que en Word, otros miran por vario tiempo la hoja en blanco viendo titilar el cursor y esperando a que las palabras lleguen a su cabeza.

Algunos tienen el escritorio lleno de documentos, en otros el orden es primordial. Algunos conocen todas las herramientas. Hay quienes se dejan llevar y vacían todo lo que tienen sobre el papel y luego corrigen. Otros no pueden dejar pasar un error mientras escriben.

Algunos guardan cada 3 segundos, otros cada vez que sale “Microsoft Word dejó de funcionar”. Algunos preferimos escribir en papel.

Sea cual sea tu manera de usar este programa no puedes salirte de tu objetivo: Llamar la atención con tus palabras y que éstas tengan un efecto en el consumidor. Que sea un texto memorable y te emocione cada vez que lo leas.

Imagen cortesía de iStock

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