Comunicación

Vayamos lento, pues tenemos prisa

¿Cuánto tiempo puedes esperar pacientemente en una cola de supermercado? ¿Cuán rápido comienzas a agotarte al hacer un trámite o algún procedimiento administrativo? ¿Cada cuánto eliges comer algo que se prepara de manera fácil y veloz?

Mejor una pregunta que considero incluso más común y de más ocurrencia: ¿Cuánto tiempo eres capaz de aguardar sin estresarte o exasperarte cuando te encuentras descargando algún contenido o esperando a que cargue alguna página de Internet?

Definitivamente día a día nuestra vida se va diferenciando cada vez más de una partida de ajedrez, considerando el hecho de que esta última requiere de un pensamiento perseverante y atento, por lo tanto, también de bastante tiempo. Nuestras decisiones, acciones y hasta nuestros planes son en su mayoría a corto plazo, y aquellas metas que se extienden en el tiempo se espera ansiosamente que ocurran pronto. 

Muchos tienen tantas cosas que hacer durante el día que necesitan que cada una de ellas lleve el menor tiempo posible. Otros, aun en momentos de ocio, se irritan cuando una página o juego online tarda en cargar o cuando están viendo un programa de televisión y hay muchas propagandas en el medio, incluso YouTube con los anuncios nos suele desesperar.

Nos acostumbramos a vivir rápido, a obtener las cosas utilizando el método más fácil. Algunos, dependiendo de su objetivo, buscarán calidad en vez de cantidad. Buscarán hacer las cosas lentamente si es necesario para que estas sean realizadas de la mejor manera.

Las consecuencias de este acelerado modo de vida son claras y se ven en todos los ámbitos: más comidas express o “fast food”; realización de gestiones administrativas o formalidades de todo tipo desde la computadora del hogar o empresa; aumento de la velocidad de procesamiento o de Internet que ofrecen los proveedores de servicios… etc. Constantemente se investiga cómo realizar ciertos objetivos de la forma más eficaz y eficiente.

Vemos muchas ventajas a simple vista: podemos hacer muchas más cosas durante el día, y adelantar aquello que veíamos difícil de concretar en un futuro inmediato. Pero aquí entra la mayor desventaja: ¿Acaso el poco tiempo que toma hacer ciertas cosas te es suficiente para disfrutarlas?

La mayor parte de la gente se preguntará cómo se puede disfrutar de hacer una fila para realizar un trámite, hasta yo cuando lo pienso me da un poco de gracia. Lo importante es verlo desde el punto de la presencia. Pocas personas prestan atención a lo que los rodea y esperan fervorosamente que ese momento burocrático termine. ¿Cuántas veces has mantenido una conversación con alguien que se encuentra en la misma fila que tú? ¿Cuántos de nosotros prestamos realmente atención a los anuncios y publicidades que se encuentran en los medios, al menos para crear una visión crítica de ellos? En medio de la desesperación, de esa sensación de que nos quedamos cortos de tiempo, perdemos más tiempo que nunca. Las publicidades suelen ser más cortas y más simples, aun cuando lleven consigo un gran mensaje, puesto que la gente se cansa fácilmente. Pocos disfrutan cocinar meticulosamente o buscan aprender a cocinar algo distinto, aunque al principio cueste.

¿Cuál es el problema? ¿Estamos muy ocupados y cansados para tomarnos tiempo? Apuesto que si tuvieran todo el tiempo del mundo en sus manos, aun seguirían saltando el anuncio de un simple video de YouTube. Seguirían estresándose cada vez que algo no se actualice o descargue con rapidez. De esto se trata el disfrute: no existe tiempo muerto, porque cada segundo puede dar a lugar a algo fascinante. Cuando camino por la calle, incluso cuando estoy apurada, no me la paso pensando solamente en mi destino, sino en el camino; disfruto mucho de los pequeños detalles con los que me encuentro y observo todo lo que me rodea… de aquella mirada atenta del mundo, nacen las mejores ideas.

AUTOR

Verónica Solana

Estudiante de Artes Combinadas en la Universidad de Buenos Aires. Pasión por la psicología y la filosofía. Amante de la comida, la música y la vida misma. Escritora empedernida, fascinación por la metáfora, la forma más mágica de comunicación. Los pies en el suelo y la vista en el cielo. Twitter: @VerooSolana 

Imagen cortesía de iStock

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