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Te quiero… Enmascarado

ROMEO: Si mi indigna mano profana con su contacto este divino relicario, he aquí la dulce expiación: ruborosos peregrinos, mis labios se halan prontos a borrar con un tierno beso la ruda impresión causada.

JULIETA: Buen peregrino, sois harto injusto con vuestra mano, que en lo hecho muestra respetuosa devoción; pues las santas tienen manos que tocan las del piadoso viajero y esta unión de palma con palma constituye un palmario y sacrosanto beso.

ROMEO: ¿No tienen labios las santas y los peregrinos también?

JULIETA: Sí, peregrino, labios que deben consagrar la oración.

ROMEO: ¡Oh! Entonces, santa querida, permite que los labios hagan lo que las manos. Pues ruegan, otórgales gracia par que la fe no se trueque en desesperación.

JULIETA: Las santas permanecen inmóviles cuando otorgan su merced.

ROMEO: Pues no os mováis mientras recojo el fruto de mi oración. Por la intercesión de vuestros labios, así se ha borrado el pecado de los míos.

(La besa)

Romeo y Julieta, William Shakespeare.

Había una vez un pueblo donde todos eran pelirrojos de ojos azules. Se hacían llamar los celtas, y eran los más malos del noroeste europeo. Los romanos los consideraban paganos, porque aparte de tener muchas deidades, tenían meigas, brujos y demás figuras  mitológicas que por lo visto se les aparecían en la realidad aparte de en los sueños. La noche clave era la del 31 de octubre, pues los espíritus de tiempos pasados volvían a caminar entre los vivos.

Los romanos, más del sur que del norte, vivían tostados por el sol y al mínimo abismo de frío sacaban las pieles e imponían el invierno. Quizás por esto jamás entendieron a los pueblos celtas, esos raritos acostumbrados a temperaturas poco cálidas, que inauguraban la temporada otoño/invierno en el mes de Samhain (que en gaélico significa noviembre).

Sin embargo, entre el seiscientos y algo, y el setecientos y algo, los Papas Bonifacio IV y Gregorio III decidieron que tenían de honrar a todos los santos y mártires sin día especial en el calendario. La fecha final, influida por los ritos celtas, fue el 1 de noviembre que pasaría a conocerse como el Día de Todos los Santos. Y la víspera, día para prepararse ante los preparativos, se llamó en el mundo anglosajón all hallows’ eve. Halloween nacía.

Y los celtas, emocionados, lo incluyeron en sus tradiciones de poner luces a nabos y espíritus que paseaban. Cuando les tocó emigrar a América, cambiaron los nabos pr calabazas, y mantuvieron sus orígenes.

El resto de la historia ya la conocen. Halloween se volvió famoso, todo el mundo se disfrazaba y pedía gominolas Las tiendas decidieron hacer ofertas, y cientos de años después, Halloween vuelve a sus raíces europeas. Sí, porque los celtas no eran los únicos. El 26 de octubre había procesiones para festejar el dolor de Isis tras la muerte de Osiris, y el 21 de febrero estaba Feralia, para honrar a los difuntos.

Desde el punto publicitario, el magnetismo de Halloween es insoslayable. Conquistó el corazón de los americanos, y ahora lo vuelve a hacer de Europa. Detrás de lo que muchos consideraran un día meramente comercial, se esconden muchos factores que unen a las culturas separadas por mucho más que un océano.

Los espíritus son fundamentales. Casi todas las culturas dedican su tiempo a homenajear a sus muertos, a recordarlos de alguna manera.

Y los disfraces son un plus que nos permite desinhibirnos de reglas sociales, y actuar de manera políticamente incorrecta. ¿O acaso irían de casa en casa pidiendo caramelos un martes cualquiera?

Disfrazarse permite liberar nuestro anti-yo, nuestros deseos reprimidos, vivir realidades ajenas. Romeo y Julieta se conocieron en un baile de máscaras, dónde imperaba el misterio. Y al igual que Lady Gaga mantenía un rol social exageradamente extravagante, en Halloween y Carnaval podemos cambiar nuestro papel y escoger ser cualquier otro. La mezcla entre el miedo y diversión, las fantasías que genera la noche más terrorífica son además un aliciente para sociabilizar con nuestro semejantes.

Dicen que todo lo que sube, baja, y que todo lo que va, vuelve. ¿Se quedan las tradiciones al margen de estas afirmaciones? ¿Está Halloween volviendo a su punto de origen? ¿O aceptamos nuevas costumbres debido a facilidad de acceso a otras culturas y el magnetismo que éstas nos producen? ¿Acaso necesitamos como sociedad más carnavales que nos liberen de lo establecido?

Sea como fuere, que su Halloween se asuste mucho este sábado.

Imagen cortesía de iStock

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