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¿Cómo no se me ocurrió a mi antes?

Seguro que han sido muchas las veces que a lo largo de tu vida te has preguntado “¿por qué no se me ocurrió a mi antes?”. Esto ocurre ante nuevos inventos, ideas creativas, nuevas técnicas y metodologías, e incluso nuevas maneras de organizar o decorar la casa. Una vez lo vemos inventado, todo parece evidente y esclarecedor, y sentimos unas ganas inmensas de darnos cabezazos contra la pared por no haber sido capaces de llegar a la conclusión.

Muchas veces, además, ya hemos pensado en algo similar anteriormente, pero quizás no hemos sido capaces de atar todos los cabos y ligar todos los elementos que, sin establecer conexiones entre ellos, carecen de sentido. En estos casos la molestia se acentúa: otro ha sido capaz de plasmar toda esa maraña de pensamientos que habían en nuestra cabeza en un novedoso, innovador y, normalmente, exitoso producto, invento, idea…

Algunas veces estas situaciones nos provocan una sonrisa, ya que quizás no lo hubiésemos pensado jamás, y ver algo tan bueno nos alegra. Otras veces nos causa una molestia ligera, que pasa en unos segundos. Y otras veces, como hemos descrito en el párrafo anterior, la angustia perdura en nuestra mente incluso días. Teníamos muchos de los elementos necesarios para formar esa idea, pero otro lo hizo antes.

Creo firmemente que cuando una situación tiene la capacidad de perturbarnos lo más mínimo, es necesario buscar una solución, algo que nos permita que disminuya en frecuencia e intensidad. Por ello, en este artículo vamos a hablar sobre cómo conseguir que sean otros los que se pregunten por qué no se les ocurrió a ellos antes al ver nuestros proyectos.

En esencia, lo que dota a esas ideas, inventos y demás de un elemento diferenciador que a todos nos asombra y maravilla, es que están pensados para resolver una molestia en la sociedad, basándose en el imaginario colectivo. Por tanto, lo primero que debemos hacer es analizar necesidades: ¿qué necesidad puedes satisfacer que nadie haya satisfecho ya? Hay miles, quizás no sean grandes cosas, pero cualquier necesidad insatisfecha que se resuelva causará una emoción positiva en la sociedad, por muy pequeña y sencilla que sea.

Por supuesto, algo que también considero muy importante y que ya he mencionado otras veces, es la importancia de ser curiosos. Evidentemente, algunos nacen más curiosos que otros, pero como todo, creo que es una habilidad que se puede desarrollar. Estoy convencida de que aquella persona que no es curiosa, no lo es porque no ha experimentado la satisfacción que produce no tener explicación o respuestas para algo, y mediante la investigación y la curiosidad, encontrarlas.

De verdad, es extremadamente placentero, tanto que incluso puede causar adicción. El resultado de la curiosidad es el aprendizaje, la posibilidad de saber un poco de todo, la capacidad de entablar conversaciones sobre cualquier cosa, de ser una persona que nunca se queda callada porque no tenga qué decir, pero que puede mantenerse en silencio por otros motivos, como el escuchar a otros, o simplemente a sus propios pensamientos y los sonidos que la naturaleza le brinda. Suena bien, ¿verdad?

Mucha gente confunde el ser curioso con el ser cotilla, y esto es, como dice el refrán, “mezclar churras con merinas”. Cotilla es aquel que siente la necesidad de entrometerse en los asuntos o la vida de otras personas, o simplemente de saberlo todo sobre ellas. Curioso, sin embargo, es aquel que siente la necesidad de saber todo sobre el mundo en el que vive (e incluso de aquellos en los que no vivirá jamás), de dar explicación a sensaciones o preguntas que desconoce, como por ejemplo, por qué se le duerme una pierna.

Los cotillas son personas molestas, y que a menudo no queremos tener cerca. Los curiosos, son más como los niños, necesitan saber el por qué y el cómo de aquello que les rodea. La diferencia entre los curiosos y los niños es que cuando somos niños nuestra curiosidad está desbordada, todo es nuevo para nosotros y necesitamos encontrar las respuestas básicas para desenvolvernos en este mundo en el que nos han dejado caer.

Además, por nuestra corta experiencia de vida, carecemos de las herramientas e instrumentos que nos ayudan a calmar nuestra curiosidad y a encontrar respuestas, por lo que necesitamos pasar el día entero preguntando “¿y por qué?”, algo que habitualmente agota a los adultos y desespera a los niños.

Los curiosos, sin embargo, son personas que con el tiempo han aprendido a controlar su curiosidad, como ocurre con todos los sentimientos y emociones del ser humano. Y además, ha aprendido a resolver por su cuenta sus propias cuestiones e incógnitas.

Por tanto, podemos observar que ser curiosos es necesario para conocer todo aquello que nos intrigue o que desconozcamos, algo muy importante para ser personas creativas, que son al fin y al cabo las que descubren aquello que nos hace desear que se nos hubiese ocurrido a nosotros antes.

Por último, creo que es vital ser una persona culta para poder relacionar conceptos que aparentemente no tienen conexión, pero que al vincularse entre ellos crean cosas maravillosas. Una persona culta es aquella que disfruta viajando, pero no simplemente para hacer turismo. Los monumentos arquitectónicos y los paisajes desconocidos nos deleitan, pero hay algo más importante: conocer la cultura, la sociedad y la manera de ser y vivir de aquellos nuevos lugares que visitemos.

Esto no se consigue en una visita de unos días, sino pasando unas cuantas semanas o meses en ese lugar. Relaciónate con toda la gente que puedas, pregúntales sobre todo aquello que desconozcas o de lo que quieras saber, saborea su gastronomía, y por favor, evita visitar en la medida de lo posible los “restaurantes” de comida rápida en los que ya comes a menudo en tu ciudad, no te aportarán nada nuevo y será una oportunidad perdida de adentrarte un poco más en las entrañas del país.

Culta es aquella persona que en cada nueva conversación intenta conocer al máximo a la otra persona, que se interesa por las profesiones de otros y lo que se consigue con ellas, que lee por placer, y no necesaria y exclusivamente libros, sino también artículos que le resulten interesantes, revistas, e incluso envases de productos.

Con todo lo anterior, se podría decir que la base de la cultura, es también la curiosidad. Así que, qué mejor consejo puedo daros sino este: la próxima vez que os preguntéis por qué demonios no habéis sido vosotros los que habéis descubierto esa maravilla, investigad más, sed más curiosos, interesaros si es posible por el proceso de creación de aquello que os ha fascinado y nunca os deis por vencidos.

Imagen cortesía de iStock

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