Creatividad

La fuerza de la rutina

La creatividad se ha malinterpretado al grado de considerar a las grandes mentes de nuestra época como seres que no han hecho absolutamente nada, simplemente ser, y aunque ellos hayan sido “los creadores”, sin importar si son matemáticos, cocineros o escritores, algo tienen en común, estructura; en palabras de Twyla Tharp, la creatividad es un hábito, y la mejor creatividad es el resultado de buenos hábitos y mucho trabajo.

Así que cuando uno de los considerados escritores malditos, rompiendo con las normas establecidas de la literatura, con un estilo duro, político, sexual, crítico y con un lenguaje explícito irrumpe en el mundo, tiene el perfil perfecto para que la gente piense que es un genio y que la inspiración y el escribir le fue dada por obra y gracia de todos los santos. Sin embargo Henry Miller, más allá de ser una persona que vino a romper esquemas, era dedicado, meticuloso y enfocado; escribía siguiendo un conjunto de reglas, así como un programa de trabajo intenso. Dentro de ese estricto método desarrolló once mandamientos que son una gran fuente de aprendizaje para propios y extraños:

  1. Trabaja en un solo proyecto a la vez, hasta que lo termines.
  2. No empieces más libros, ni nuevo material, a los trabajos que ya hayas finalizado.
  3. No te pongas nervioso. Trabaja con calma, feliz, despreocupado del proyecto que tengas entre tus manos.
  4. Trabaja guiándote por un programa y no por tu estado de ánimo. ¡Empieza a la hora que lo planeaste y deja de hacerlo de la misma forma!
  5. Cuando no puedes crear, puedes trabajar.
  6. Consolida un poco cada día en lugar de agregar más fertilizante.
  7. ¡Sigue siendo una persona! Habla con gente, ve a sitios, tómate una copa si así lo quieres.
  8. No te limites a ser un caballo de tiro. Trabaja por placer.
  9. Sáltate el programa cuando necesites hacerlo, pero vuelve al día siguiente sin falta.
  10. Olvídate de los libros que quieres escribir. Piensa sólo en el libro que estás escribiendo en este momento.
  11. Que lo primero sea la escritura. El dibujar, la música, los amigos, el cine, dedícate a todo eso sólo después de haber escrito.

Miller no solo creó estos mandamientos, sino todo un proceso y una rutina para poder mantenerse productivo, inspirado y no solo eso, conseguir de la misma forma cierta estabilidad emocional y mental.

Mañana:

Si no te sientes enfocado, escribe notas, asigna tareas y organiza, es parte de tu estímulo creativo.

Si estas enfocado, escribe.

Tarde:

Trabaja en la sección en curso, sigue tu plan a detalle. Sin intrusiones, sin distracciones. Escribe enfocado en terminar una sección a la vez, un paso a la vez, por el bien del proyecto global.

Noche:

Ve a tus amigos. Lee en cafés.

Explora espacios desconocidos; hazlo a pie, en bicicleta, en coche, pero explora.

 

Escribe si estás con ánimos, pero solo de manera casual y sin compromiso.

Pinta o dibuja si te sientes vacío o cansado.

Toma notas, haz esquemas, planea, corrige.

Nota final:

Date el tiempo para realizar visitas ocasionales a museos o para caminar y realizar algún boceto ocasional, camina, visita cafés y las calles de tu ciudad, no te distraigas, y ve a la biblioteca una vez a la semana para encontrar y buscar referencias.

Miller era una persona comprometida con su trabajo, pero sobre todo con la escritura y la creatividad, sabía que no lograría nada si no estructuraba la forma de hacer aquello que le apasionaba, lo hizo una rutina, por más incongruente que esto suene; o dicho de otra forma, si queremos pensar fuera de la caja, primero debemos tener una caja.

Imagen cortesía de iStock

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