Marketing

Mucho gusto, yo me llamo Naming  

Una amiga me enseñó que decir el nombre de las personas las hace más receptivas a una solicitud.  Hagan la prueba.  Como ejercicio llamen por su nombre a cualquier persona de atención al cliente o díganle uno que no le corresponde y observen su actitud. 

El nombre es lo que identifica y tiene un poder muy grande en la mente de la gente, e incluso, en el corazón.

Prueba de ello es el éxito de Coca Cola con la campaña que reemplaza la marca con nombres propios.  ¿Quién no buscó en el refrigerador del supermercado el suyo?

Si es así para las personas, imagínense lo que es para las marcas.  Por algo cada año se invierten millones y millones para lograr que un nombre tenga un lugar preferencial en la cabeza de más consumidores.  

A pesar de ser copy, debo confesar que una de las cosas más difíciles para mí es la generación de nombres.  La tarea no es fácil.  Tiene más respeto del que se le da.

Cuántas veces me lanzaron a quemarropa: “Voy a poner un negocio, ¿cómo le llamo? ¿Qué se te ocurre?”  Desconociendo que el naming es toda una ciencia.

Quizás muchos grandes nombres surgieron al azar, pero en mi caso, sin esa suerte o ingenio, el uso de un método ayuda mucho.

En la búsqueda de este método, me di cuenta que todos saben cómo debe ser un nombre: diferenciador, sonoro, descriptivo, de fácil recordación; pero pocos saben cómo se llega a uno.

Por eso me tomo el atrevimiento de darle nombre a cada paso de este proceso.

Conocimiento: el alimento de la inspiración es la información.  Entre más sepamos del negocio es más fácil dar con esa palabra que defina la marca. 

¿Qué hacemos? ¿Cómo lo hacemos? Y sobre todo ¿por qué lo hacemos? (Círculo de oro) Son preguntas básicas que determinan el camino a tomar.

Comparación: Investigar qué tipo de nombres tiene la categoría, además de los nombres que no están dentro de la categoría, pero se mueven dentro del mismo concepto de la marca. 

Definición: Establecer con una lista de palabras los territorios del negocio, producto o marca. 

Creación: Jugar con las palabras.  Mezclarlas para formar una nueva, buscar términos literales, inventar nuevas expresiones, sugerir los beneficios principales del producto o servicio, modificar las palabras conservando su raíz, son algunos ejemplos.

No se limiten porque para dar con un buen nombre muchas veces hay que escribir cien.

Combinación: vale la pena examinar la lista y descubrir nuevas mezclas entre los términos que resultaron del ejercicio anterior. 

Filtro: elegir con templanza los nombres más opcionados. 

Valoración: evaluar los nombres de acuerdo a lo que buscamos.  ¿Es afín a nuestros valores de marca? ¿Es agradable a la vista? ¿Es fácil de pronunciar? 

Determinen un sistema de calificación que les permita ser más objetivos.

Analicen los posibles escenarios en los que se pronuncia la marca.  ¿Suena bien?

Pregunten a otros qué opinan.

Después de elegir el nombre más indicado y asegurarse que nadie más lo tiene, comienza el proceso más largo y difícil.  Un nombre no se hace solo, es trabajo de años.

Tengan en cuenta que la coherencia, el conocimiento propio, los valores y la comunicación con el tiempo, es lo que hará que sea un gran nombre o no.

Mónica Sarmiento

Sígueme en Twitter @kachostereo. Soy una chica sencilla, más dragón que princesa. Análoga por naturaleza, digital por supervivencia. Publicista, copy, prospecto de pianista con ínfulas de escritora. Creo firmemente que todo se vende con una buena historia. A todo lo que hago le pongo el corazón. ¿De qué otra forma podría hacerlo? Si todo lo que tiene vida, tiene corazón.

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