Publicidad

Lo que más nos gusta a los publicitarios sobre nuestra profesión

Cuando una profesión nos resulta desconocida tendemos a preguntar qué es lo mejor y lo peor de ella, lo que más gusta y disgusta de esa profesión a la persona que tenemos enfrente y que tiene el placer de ejercerla.

Pasa en todo tipo de profesiones pertenecientes a muy variadas disciplinas, sin embargo, la Publicidad, muy a nuestro pesar, continúa siendo a día de hoy una profesión desconocida por gran parte de la sociedad. Y lo que es peor, hay mucha gente que cree conocer nuestra profesión por el simple hecho de ver spots diariamente en la televisión y odiar las pausas publicitarias que les invaden constantemente, sintiéndose por ello en el derecho de juzgarnos arduamente.

Cuando alguien me pregunta qué estudio o a qué me dedico, lo que viene a continuación suele ser una extensa conversación sobre a qué me dedico realmente. Lo más curioso es que la gente que mejor ha entendido en qué consiste mi profesión, es aquella que ha conocido por qué me gusta tanto y me apasiona hasta el punto de quitarme el sueño alguna que otra noche.

Centrarse en por qué la Publicidad es buena o no la Publicad, en si nos dedicamos a vender hielo a un esquimal o no y, en definitiva, en tratar de desmentir una serie de mitos y leyendas que atentan contra aquello que tanto amamos y a lo que hemos dedicado nuestra vida, a menudo únicamente desemboca en extensas discusiones en las que nosotros, como profesionales, acabamos frustrados por tener que estar justificándonos por ejercer nuestra labor, y el resto de personas acaban molestas por tener la sensación de que les estamos intentado persuadir, aunque no haya nada más lejano de nuestras intenciones. Y todo esto, por mucha paciencia que se posea, acaba por ser agotador para cualquier ser humano.

Sin embargo, cuando esa temida conversación surge de manera espontánea ocurre algo maravilloso: tú te pones a hablar por los codos como un padre orgulloso de su hijo, explicando cada detalle que te emociona de tu profesión y de tu día a día, que en el mundo publicitario es cada día una aventura, y de esta manera esa persona acaba por entenderte e incluso acaba queriendo conocer más sobre todo aquello que a ti te vuelve loco.

Tu discurso no es un argumentario que has repetido una y otra vez y que te sale casi de manera automática, sino algo que sale directamente del corazón, por lo que la persona con la que estés hablando no sentirá que estás intentando convencerle de nada, y esto ayudará a que de verdad entienda por qué nos gusta tanto. Estas son algunas de las razones por las cuales nuestro trabajo se convierte en la gran pasión de nuestras vidas:

  1. Somos menos vergonzosos que el resto de personas: ya os he hablado de esto en otras ocasiones y me reitero, los publicitarios no podemos ser vergonzosos. Se puede dar el caso de algún publicitario que sea algo tímido o al que le cueste un poco soltarse ante personas nuevas, pero cualquier persona que se dedique a la comunicación adquiere un desparpajo y un carácter extrovertido que pocas veces se encuentra en otras profesiones.
    Es imposible no aprender a ser así, nuestro trabajo nos educa en esto día tras día y cliente tras cliente. Tenemos que ser personas seguras y capaces de convencer a nuestros clientes de que somos el mejor equipo para satisfacer sus necesidades, así como tener la habilidad de transmitir nuestras ideas a nuestros jefes y miembros del equipo de manera que tengan una buena acogida, y todo esto no se consigue siendo vergonzosos. Como dice el refrán, “el que tiene vergüenza, ni come ni almuerza”.

  2. Aprendemos a lidiar con el fracaso y la frustración. Desde que tenemos nuestro primer contacto con la Publicidad en la Universidad, empezamos a presentarnos a los tan temidos como amados concursos. Depositamos todos nuestros esfuerzos en presentar una campaña centrada en la resolución de un briefing proporcionado, como otros muchos equipos que al igual que nosotros ponen toda su ilusión y empeño en aportar una respuesta al mismo briefing sobre el que nosotros trabajamos. El resultado siempre es el mismo: algunos equipos quedan finalistas, otro gana y otros muchos tienen que resignarse a dar la enhorabuena a los equipos premiados y salir del lugar a la máxima velocidad posible para lamentarse y lamerse las heridas en privado.

    Además, a diario vemos nuestras propuestas rechazadas en el mundo laboral, ya que no se ajustan a lo demandado, o son excesivas, o por cualquiera que sea la razón. Por todo esto, los publicitarios somos personas que a pesar de tropezar muchas veces, sabemos mantener el equilibrio en muchas ocasiones, y en las que no, sabemos caer con la mayor discreción posible y levantarnos como si nada hubiese ocurrido.

  3. Tenemos la excusa perfecta para llegar tarde a cualquier reunión familiar o amistosa. Nuestros amigos y familiares saben que somos publicitarios y que, como tal, nuestros planes laborales pueden cambiar en cualquier momento, incluso un viernes por la tarde. Por ello, si llegamos tarde nadie se enfadará ni cundirá el pánico, únicamente continuarán con la marcha establecida (probablemente, ya no se preocuparán ni de llamarnos para ver qué ha ocurrido, saben que iremos pero no cuándo) y cuando finalmente lleguemos nos recibirán con una copa y mucho cariño, ya que acabamos de salir de trabajar y saben que nada nos apetece más en el mundo.

  4. Podemos pasar horas investigando en páginas web y redes sociales. A cualquier otro trabajador que visitase páginas web no relacionadas con su empresa en su horario laboral lo despedirían de inmediato, sin embargo, en el mundo publicitario en es el pan de cada día. Pasamos el día visitando páginas web, investigando todo tipo de mercados y tendencias, de moda, de deportes, incluso de mamparas de baño si es necesario. Cualquier momento es bueno para pasar un rato en la red investigando sobre cualquier cosa, todo conocimiento es bien recibido.

  5. Lo de pasar horas investigando sobre cualquier tema hace que los publicitarios sepamos de todo un poco, y esto siempre viene bien. Pocos asuntos escapan a nuestro conocimiento, y si lo hacen, es por poco tiempo. Esto nos da una gran ventaja a la hora de, por ejemplo, seleccionar el vino que vamos a llevar a esa cena importante que llevábamos tanto tiempo esperando. Lo mismo pasará a la hora de regalar un libro, poner música para ambientar cualquier tipo de reunión o recomendar una película a cualquier tipo de espectador. Incluso podemos hablar de moda, sea cual sea nuestro sexo, edad o relación de amor u odio con ella.

    Aunque odiemos la moda y nunca sigamos las tendencias establecidas, siempre podremos recomendarte cuál será el mejor modelito para esa fiesta especial o informarte sobre cuáles serán los colores de moda para la próxima temporada. Habitualmente, los publicitarios de esto sabemos y mucho, nos guste o no.

  6. Somos unos excelentes conversadores: el hecho de que los publicitarios seamos unas personas con un amplio repertorio de conocimientos nos permite hablar casi de cualquier cosa. Pocos temas se nos escapan de las manos, y en el caso de encontrarnos con alguno de ellos, en los tiempos que corren y con los avances tecnológicos de los que disponemos, tenemos la destreza, los medios y las habilidades necesarias para informarnos sobre el mismo en un periodo de tiempo tan breve que hace imposible que nuestro interlocutor se dé cuenta de que no tenemos ni idea de qué estamos hablando.

  7. La amplitud de nuestros conocimientos culturales y en tendencias y nuestra excelente capacidad de observación (necesaria para cualquier profesional de la Publicidad), nos resultan de gran ayuda a la hora de enfrentarnos algo temido por todos los mortales: comprar un regalo. Siendo observadores conseguimos conocer a las personas que nos rodean de una manera más profunda, conocer cuáles son sus gustos e inquietudes, así como sus deseos y necesidades. Por ello, sabremos más o menos qué tipo de producto o servicio les puede hacer más ilusión recibir como regalo, y con nuestro conocimiento de las tendencias, lo tendremos mucho más fácil a la hora de seleccionar exactamente el regalo perfecto.

  8. Nuestros compromisos laborales suelen ser conferencias, tertulias, y eventos de este tipo en los que, además de disfrutar del aprendizaje colaborativo con otros colegas de profesión, tenemos el placer de degustar alguna que otra cerveza o copa de vino y, en ocasiones y si hay suerte, algún picoteo que mate el gusanillo a mitad de tarde. Seguramente, si nos empeñásemos podríamos sacar muchas quejas sobre nuestra profesión, pero jamás diríamos que nuestras reuniones o eventos laborales sean aburridos.

  9. Los cumpleaños siempre serán más divertidos, y más aún si en tu día especial te toca trabajar. Los publicitarios somos personas altamente creativas y aprovechamos cualquier ocasión especial para desatar toda nuestra energía creativa. El cumpleaños de un compañero de batalla siempre es algo que celebrar, por lo que un cumpleaños en el trabajo puede ser uno de los días más divertidos del año.

Imagen cortesía de iStock

Arantxa Morcillo

Estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UCH CEU. Soñadora empedernida, diseñadora gráfica e ilustradora autodidacta. Apasionada por mi profesión y enamorada del arte en todas sus expresiones. Tengo la firme convicción de que de los errores se aprende, por ello no le temo al fracaso ni a ningún reto que se me presente. LinkedIn: Arantxa Morcillo Forés. Twitter: @AraantxaMF Página web: http://arantxamorcillofores.wix.com/arantxamorcillo Facebook: Arantxa Morcillo Graphic Designer.

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