Publicidad

La religión y la publicidad

Un tema santificadamente difícil de digerir, pero fácil de entender.

Muchas veces nos llegan briefs con el target poco detallado, por ejemplo: mujeres de 20 a 30 años que vivan en la ciudad, con alto poder adquisitivo y que amen la moda. ¿En serio esa es toda la descripción? Es decir que si una mujer de 28 años que es extranjera, con varias cuentas llenas de dinero y tiene una religión cuya moda es cubrirse la cara, ¿está incluida?

Esto depende de la marca y de nuestra capacidad de análisis e investigación, ya sabemos que no todos los clientes son juiciosos y envían un brief completo, por eso es nuestro deber indagar los gustos, hábitos y preferencias de cada target, siempre teniendo en cuenta la marca, pues muchas veces el “cliente” aunque es el vocero de la marca, trabaja con ella hace menos de dos meses y no la tiene clara.

Si bien dentro de un grupo de personas que se inclinan por una marca, hay un común denominador, no siempre éste es tan fuerte para dirigir una publicidad explícita que quizá ofenda a más de uno de ellos. Es por eso que existen tantas herramientas de marketing que, siendo sinceros, a veces ni las usamos, pues nuestro cerebro tiende a ser repetitivo e intuir lo que cada persona quiere escuchar, pero ¿es eso cierto?

¿Nos esforzamos para en realidad decir lo que la gran masa quiere ver, sentir, saborear y entender?

Uno de nuestros grandes retos tiene que ver con la religión, ya que es uno de los 3 temas que dominan el mundo y de los cuales “no debes” hablar en tu nuevo trabajo, en una cena con tus suegros o en cualquier lugar público, porque corres el riesgo de ser juzgado. A mí en realidad no me importa, yo nací libre y moriré libre, pero hay personas que se ofenden por un anuncio en el que sale una monja saboreando un helado o un sacerdote con tatuajes… Complejos que la mente no puede alejar de su realidad y los hace tan fuertes como lo deberían ser el principio de la convivencia, el respeto a la vida, a la igualdad, la equidad y sobre todo el amor propio.

Así que a la próxima pensemos dos veces quién podrá ver ese anuncio y más a quién va dirigido, no todos pensamos igual y eso es lo bonito de la vida, aunque a veces nos saque canas verdes… Un consejo, piensa en que todos pensaran como tú, sería horrible, ¿verdad? Esa es la esencia de la publicidad, adivinar qué es lo que quiere el otro de eso que busca o quizá no busca y que tenemos que depositar en su cabeza y en su corazón para siempre.

Feliz martes colegas 😀

Ana María Ávila Suárez

Publicista, redactora, amante de los gatos, metalera y fiel librepensadora. Amo lo que hago y me adapto fácilmente. Tw: @ani_mustaine Inst: @animustaine Behance: anamariaavila.

Sigue a Ana María Ávila Suárez en:
Etiquetas

Artículos relacionados

Close
Close