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¡Salva la idea!

En el mundo de la creatividad no hay cosa más valiosa que las ideas. Una idea lo es todo; es oxigeno que nos deja respirar, que nos da vida, es, básicamente la razón de nuestro existir, pero, ¿qué pasa cuando esas ideas son pisoteadas, transformadas, mutiladas y destrozadas por nuestros queridos clientes?

Llega el momento de presentar; estamos contentos y llenos de entusiasmo por sorprender con soluciones creativas, pero se nos olvida que los clientes son malvados y no esperarán ni un segundo para romper nuestras ilusiones en mil pedazos.

Seguro te ha pasado. Llegas a junta, comienzas a presentar las ideas, (por las que te desvelaste la noche anterior, las culpables de tener esas ojeras) y olvidas ver al cliente, olvidas que debes monitorear las reacciones para ir acomodando las palabras, los movimientos… la venta. Y ¡zaz!, al cliente no le gusta, quiere que le cambies esto o aquello… entonces pasa una de las siguientes reacciones:

  1. Te quedas frío y dices que sí a todos los cambios
  2. Te pones fiera y defiendes la idea

Técnicamente las opciones dependen de qué puesto tienes y qué tanto conoces al cliente, pero, para mí, eso no importa porque debes defender la idea, cueste lo que cueste. Debes sacar todas las armas para que esa idea no muera, para no comenzar el proceso de cero, o terminar haciendo las clientadas que bien conocemos.

Es un proceso difícil, eso de defender una idea, evitar que se convierta en un maldito Frankenstein o peor, una idea de cliente. Y es que neta, ¿qué no se dan cuenta de las tonterías que piden? Me queda claro que ellos también viven con el miedo a perder su puesto o que las campañas no funcionen y sus número al final del año no cuadren, pero entonces, ¿hasta cuándo cliente y agencia serán valientes para apostar el todo por el todo?

De nuestra parte no nos queda más que seguir luchando por que las buenas ideas queden, comuniquen y generen premios resultados. Porque si no vino a eso, entonces a ¿qué chingados vino? Hay que defender, defender y defender las cosas por las que creemos, se supone que somos los expertos, ¿no?

Imagen cortesía de iStock

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