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La enfermedad del cambio: miedo a la libertad

Formar parte de una sociedad implica ser una pieza funcional del sistema y eso significa elegir entre una serie de opciones limitadas qué rol prediseñado desempeñaremos para que dicha sociedad logre funcionar. Sin embargo, de pronto empezaron a surgir personajes audaces que lograron crearse un rol diferente, inexistente, y aún así, funcional. Por ejemplo, hoy existen personas que viven de viajar por el mundo, tomando fotos, y recomendando los mejores restaurantes y hoteles, o de escribir o grabar videos dando tips sobre negocios, belleza o recetas de comida saludable, en fin, infinidad de trabajos de ensueño que jamás hubieran parecido posibles o rentables en otras épocas.

Cuando empezaron a conocerse las historias sobre este tipo de trabajos y las personas empezaron a notar que elegir un rol prefabricado no era la única opción, las inquietudes empezaron a surgir. Las preguntas comenzaron a incubarse en las mentes de estudiantes y trabajadores: ¿por qué yo sí tengo que elegir entre las opciones limitadas en lugar de crear mis propias opciones? ¿La carrera que estudié definirá el resto de mis años laborales o seré capaz de hacer algo más significativo que un trabajo operativo de 9 a 6?

Si bien hoy hay un boom de startups y emprendedores, también hay un gran número de personas que aún permanecen impávidas ante la enorme cantidad de nuevas opciones desplegándose, pero sobre todo, indecisas ante la opción de cambiar el camino conocido por otro sin tantas reglas y certezas. Aunque para muchos la incertidumbre y el temor siguen ganando la partida, la semilla de la duda ha sido plantada. Es cierto, puede que hoy el panorama no sea el más optimista, estamos partiendo de algunas crisis y situaciones problemáticas, sin embargo ese no es el mayor problema. Lo realmente sorprendente es que las personas se sientan atemorizadas y conflictuadas ante la posibilidad de crear y elegir su propio camino. Resulta impactante descubrir que hemos creado una sociedad donde aquello que nos hace sentir incómodos y temerosos sea la libertad.

Sigo sumando conversaciones sobre lo que es diseñar la propia vida en esta época de discontinuidades y cambios radicales y los comentarios, pero sobre todo los dogmas que les subyacen, me siguen dejando helada. Personas que cercanas a los 30 no tienen una idea más o menos clara de cuál es su vocación o su meta profesional más próxima; personas que al no saber qué hacer de su proyecto de vida, eligen hacer una maestría en cualquier tema, porque “eso es lo que hacen la mayoría de las personas a esa edad”; personas que detestan su trabajo pero se niegan a renunciar porque el, tan poco común ahora, tiempo libre les parece desquiciante o personas que simplemente no conciben opciones alternativas a un empleo de 9 a 6 donde alguien les dice qué deben hacer y cómo. ¿En qué momento el hombre extravió la libertad y la inquietud de autodefinirse? ¿Cómo fue que perdimos de vista que esta vida es nuestra y que el tiempo dado, breve y limitado, es para hacer una permanente autoexploración y redefinición de quiénes somos y qué hacemos con ello?

Todos estos ejemplos donde la frágil inquietud de la libertad se congela ante el miedo, me recuerdan constantemente la frase de Franz Kafka: “Soy libre y es por eso que estoy perdido”. Vivimos en una época de transición, pero al parecer, salirse del carril acostumbrado para crear algo nuevo e incluso mejor, lo que tanto añorábamos, nos está resultando más difícil de lo que hubiéramos pensado. Parecía que todos pedíamos libertad, y ahora que la tenemos, no sabemos cómo usarla, ahí radica el problema. Todo mundo dice añorar ser libre para poder hacer lo que quiera, pero en realidad, primero deberíamos añorar la libertad de pensar lo que quisiéramos, y entonces sí, actuar en consecuencia.

Aún ejerciendo nuestra libertad, no hay que perder de vista que formamos parte de un ecosistema, como lo es la sociedad, lo cual implica ser parte de un ciclo, es decir de una relación recíproca, donde ambos, individuo y sistema, colaboran para funcionar. Es por ello que  el consejo romántico de liberación “haz lo que amas” no basta, está incompleto, hace falta contextualizarlo para volverlo viable y funcional: “descubre tu vocación y tus mejores habilidades, y encuentra la forma de convertirlas en algo útil para ti y para tu contexto” sería un consejo más sensato, pues la libertad no es sólo un derecho, es también una responsabilidad.

Llegó la libertad que tanto anhelábamos, pero no en la forma en la que esperábamos, llegó en forma de desempleo y economía frágil. Sin embargo, a pesar del miedo y la angustia que esto pueda ocasionarnos, no debemos perder de vista que ni siquiera su origen conflictivo deja de convertir a esta situación en una oportunidad para rediseñar de una manera más humana y visionaría nuestro rol en la sociedad y de volver a ejercer nuestro derecho a ser libres para crear y elegir nuestro camino.

Claudia Solis  
 
De sonrisa desmedida y mente eternamente inquieta. Jazz y café como religión. Fiel creyente de que la naturaleza del hombre es crear. Coach de innovación en @innovaciónenre y RP de @cm_mexicocity. Sígueme en Twitter @art_shesaid 
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